Twilight es propiedad de Stephanie Meyer, la trama es mía y prohibida la copia total o parcial de la historia. Att. MerySnzBella es mandada a Forks como castigo durante tres semanas. Se reencontrara con su pequeño vecino, Edward, quien es un adolescente pervertido que luchara por ganarse su corazón. "Bella, es un puberto, no puedes hablar en serio"
Luchare Por tu Amor – Alejandro Fernández
Luchare por tu Amor
BPOV
Una mueca de dolor se reflejo en su rostro. —Pero yo te espere… -musitó. —Y hoy regresaste de nuevo a mí.
Sentí como una baldé de agua helada caía sobre mí. Él no podía seguir teniendo esos sentimientos hacia a mí.
—Edward, ya has crecido, creí que habías madurado un poco, pero por lo que veo aun no lo has hecho, sigues siendo un niño. –dije con un poco de amargura. Odiaba ser la mala del cuento, la portadora de malas noticias…
—No, no lo digas. -dijo desviando la mirada. —No me digas que lo que siento por ti es un capricho, una confusión o una locura. Se lo que siento por ti.
Me acerque a él y tome su rostro entre mis manos, obligándolo a encararlo. —Solo tienes quince años. –le recordé.
— ¿Eso hace imposible que mi corazón se enamore? –preguntó, dejándome sin palabras.
Era cierto, nunca he sido de las personas que creen que es demasiado temprano o tarde para enamorarse, pero se trataba de Edward… mi pequeño vecino de quince años, adolescente, pervertido y con cambios de humor constantes.
— ¿Me estás dando la razón? ¿Ya me crees? –preguntó al no escucharme hablar.
Reí nerviosamente. —Creo que para el amor no hay edad, pero…
—Pero no crees que yo te ame, ¿Verdad?
Asentí débilmente con la cabeza y esta vez fui yo quien cobardemente desvió la mirada. Me era tan imposible creer en el amor. Nunca conocí a un chico que quisiera algo mas allá de mi cuerpo, la mayoría de las veces no importaba, se trataba de sexo, la unión de dos cuerpos, sin sentimientos, compromisos… Me era imposible creer que el adolescente que esta a centímetros de mi era diferente a cualquier otro hombre que conocía. Él crecería, un día nos encontraríamos y reiríamos por su encaprichamiento juvenil. Un día…
Edward tomo mi mano y me llevo hacia baño, confundida y sin hacer preguntas lo seguí. Me situó frente al espejo y él se coloco detrás de mí. —Míranos. Dime que ves. –ordeno.
Seguí sus instrucciones. Mire su imagen frente al espejo, sus ojos verdes me miraban expectantes, Edward obviamente trataba de hacerme llegar un mensaje que no entendía.
—Somos tú y yo. Simplemente nosotros.
—Exacto, simplemente nosotros. –entrelazo nuestras manos y las levanto para que viera el reflejo de nuestra unión. —Encajan a la perfección. Somos almas gemelas.
Me mordí el labio nerviosa e increíblemente con miedo. Miedo a herir sus sentimientos y miedo a creerle.
—Eso no significa nada. –mentí.
El reflejo de Edward sonrió y negó lentamente con la cabeza, disfrutando de mi visible indecisión. —Te lo demostrare una vez más. –dijo como si fuera un niño y me estuviera enseñando un truco de magia. Se inclino hacia a mí, sus labios rozaron débilmente mi cuello. Un fuerte estremecimiento recorrió mi cuerpo y me maldije a mi misma el no haber podido retenerlo, podía sentir su enorme sonrisa, disfrutando de haberme ganado. Lo último que deseaba era que Edward tuviera pruebas de que éramos algo parecido a almas gemelas.
Nerviosa me aleje de él y salí del baño, el espacio tan reducido estaba causando estragos en la poca cordura de mi vecino, y al parecer, también a la mía. — ¿No dirás nada? –preguntó siguiéndome.
Negué con la cabeza. —Discutir con la ignorancia es engrandecerla. -¿Qué sabia ese niño del amor? Un simple adolescente que se masturba, tiene coches de juguetes y revistas pornográficas no sabe nada de la vida.
Baje las escaleras y camine hacia la cocina, tome una gran bolsa de papitas junto con un refresco de cola. Edward me observaba atento desde la puerta de la cocina. Cuando me disponía a salir de ahí él volvió a hablar. — ¿Quieres que te traiga de mi casa refresco de naranja?
Entrecerré los ojos. — ¿Para qué? –me encogí de hombros. —Aquí tengo coca-cola. –dije mostrándole la lata de refresco. Fui hacia la sala, deje en el centro de mesa la "comida" y me senté en el sofá de Charlie. Tarde casi cinco minutos en encontrar el control de la TV pero cuando lo encontré de inmediato busque el canal de MTV.
Estuve tan concentrada en buscar el control remoto que no me había dado cuenta que Edward se había marchado. —Bien, el maldito dice amarme, pero ni siquiera se despide de mí. –gruñí. Metí una gran cantidad de papitas a mi boca, deje mis pantuflas de los Simpson en el suelo y subí mis pies al sillón.
Pasaron solo unos minutos cuando escuche unos pasos que se acercaban, de inmediato mi vista se fijo hacia la puerta de la casa, Edward entro un poco agitado. —Carlisle llego, quiere que vaya y le ayude en el hospital. –asentí con la cabeza, comprendiendo.
—No te preocupes, sabía que no te quedarías aquí conmigo.
—Te traje esto. –dijo caminado hacia mí y dándome un refresco de naranja.
— ¿Por qué fuiste a tu casa por el refresco? –pregunte un tanto molesta. —Te dije que no era necesario.
Él rió, disfrutando de mi enojo. —Te ves hermosa enojada, como un gatito salvaje. –gruñí al ver que me comparaba con un animal. —Te lo traje porque sé que es tu preferido, porque si está en mis manos complacerte, lo hare y sobre todo… -quito unos mechones de mi cabello y los puso detrás de mi oreja. —…Porque no dejare que te conformes con menos.
Sus últimas palabras me dejaron estática. ¿Qué sabia ese niño sobre mí? Poco a poco mi rostro se sonrojaba de mi furia acumulada. —Tan hermosa. –dijo acariciando mis mejillas, eso hizo acrecentar mi coraje, abrí la boca para gritarle unas cuantas verdades pero él aprovecho ese momento y me robo un pequeño beso de mis labios. Sus labios tan pronto como tocaron los míos se retiraron.
—Maldito, te estás aprovechando. –acuse después de reaccionar por la sorpresa.
—Tengo poco tiempo para enamorarte. -sonrió torcidamente. —Usare trampas, chantajes, la fuerza, mentiras, todo lo que sea necesario para que seas mía.
Abrí la boca y la cerré varias veces. Apenas llevaba unas horas de volverlo a ver y ya había perdido la cuenta de las veces que me había sorprendido. Mis puños se cerraron fuertemente tratando de controlarme, todo era demasiado nuevo para mí, todo. La manera en cómo me miraba, que se preocupara por mí, la delicadeza con que me tocaba, -me mordí el labio- me trataba como si fuese su objeto más preciado, como si yo fuera lo único que le importara…
— ¿Otra vez te he dejado sin habla? –preguntó riendo.
— ¿No te tienes que ir ya? –evadí su pregunta.
Él rodó los ojos. —Tú siempre tan sutil. –suspiró dramáticamente. —Deja la ventana de tu habitación abierta.
Mis ojos se abrieron como platos. —No. –hable con firmeza.
—Tranquila. –se separo de mi y elevo al aire sus manos. —Solo quiero platicar contigo.
— ¿Por qué debo creerte, pervertido?
Se encogió de hombros. —Lo harás. –aseguro mientras caminaba hacia la puerta.
—No lo hare. –negué con la cabeza divertida. — ¿Por qué habría de hacerlo?
—Por qué quieres seguir estando conmigo.
—Maldito presumido. –tome una pequeña veladora que adornaba el centro de mesa y lo avente hacia su cara, pero Edward fue ágil y salió de la casa, haciendo que la vela golpeara la puerta. Escuche sus fuertes risas mientras yo gruñía. ¡Maldito adolescente!
.
.
Eran las nueve de la noche, Charlie había llegado hace media hora, y yo estaba sentada en mi cama, pintándome las uñas de mis pies, me costaba admitirlo pero esperaba al estúpido pervertido de mi vecino.
El mercedes de Carlisle había llegado desde hace una hora y él maldito todavía no venía a mi habitación. Suspire, ¿Qué no se supone que la chica es la que se hace la difícil? Gruñí, maldición, su locura se me estaba contagiando, pensaba como si Edward me estuviera cortejando, lo cual es una gran mentira, ya entre él y yo nunca pasaría nada.
Suspiré otra vez.
—Espero que ese suspiro sea por mí. –susurró una voz aterciopelada.
Salte por la sorpresa, gracias a que no era la primera vez que me sorprendían mientras pintaba mis uñas pude evitar manchar mi cama.
—Edward. –dije su nombre entre dientes. — ¿Cuánto tiempo tienes espiándome desde la ventana?
Pasó las manos por su cabello y se sonrojo un poco. —Lo suficiente como para verte decidir el color rosa sobre el azul bebe.
—Supongo que soy más entretenida que discovery. –dije rodando los ojos mientras quitaba las pinturas de mi cama.
Me gire de nuevo hacia él y me di cuenta que Edward estaba dentro de mi habitación. —Te diría que puedes sentarte en mi cama pero algo me dice que no necesitas mi permiso.
Me recosté mientras él se sentaba en la orilla de la cama y se quitaba sus zapatos.
—Estoy tan cansado. –dijo bostezando.
— ¿Qué haces en el hospital? –pregunte interesada.
—Ando de un lado a otro, como calzón de puta. –se tapo la boca. —Perdón por la grosería.
Rodé los ojos, los chicos con quienes salía usaban en cada frase una grosería, así que su vocabulario no me asustaba. —No tienes que disculparte, es solo una palabra.
— ¡No! –exclamo elevando un poco la voz. —Te respeto, tú eres una dama y debo de tratarte como tal.
Me mordí el labio, sus palabras cada vez me llegaban más profundo. Estaba comenzando a odiarlo, no me gustaba que me tratara como si… como si realmente…
— ¿Como si te amara? –susurró.
El sabelotodo hasta podía leerme el pensamiento. —Sí. –admití molesta. —Me tratas como si me amaras.
—Porque lo hago, porque de verdad te amo.
Mi corazón se acelero por sus palabras, y aunque trate de evitarlo me sonroje. — ¿Qué es lo que haces en el hospital? –pregunte tratando de regresar nuestra platica a temas menos sentimentales.
—Bueno, ayudo a los paramédicos cuando suceden accidentes, archivos historiales, hago citas, a veces ayudo en la cafetería. –se encogió de hombros. —Donde me necesiten.
Edward se recostó en la cama mientras yo pensaba en sus palabras. — ¿No es mucho trabajo para ti?
—Un poco, pero es una buena paga.
— ¿Necesitas dinero? –pregunte sin poder creerlo. Es solo un chico de quince años, no paga renta, luz o impuestos. ¿Para qué necesita trabajar?
—No. –dejo de ver el techo de mi habitación y se giro hacia a mí. —Este verano cumplo mis 16, así que ahorro para mi auto. Yo pondré la mitad del auto y Carlisle pondrá el resto.
— ¿Qué auto quieres?
—Un Volvo. –contesto con rapidez.
Silbe, un hombre con buen gusto.
—Tengo sueño. –dijo tratando de contener un bostezo. —Hay que dormir. –comenzó a cerrar los ojos.
Le di una palmada en el hombro, ¿Acaso olvido que estaba en mi cama? —Edward, si tienes sueño ve a tu cama. Esta es mi habitación. –le recordé.
—Quiero dormir contigo. –sus ojos luchaban por permanecer abiertos.
—No. Eso no es correcto.
— ¿Desde cuándo hacen lo correcto? –me reto.
Le di la espalda a Edward, sabiendo que no ganaría nada. Cerré los ojos y me dormí.
.
.
— ¡Estúpido! ¡No te necesito! –masculle.
Tome una cuchara de la alacena y me senté en la mesa. Comencé a comer mi cereal bajo en calorías maldiciendo a Edward. ¿Quién diablos se creía ese niño?
Gruñí.
Mi celular sonó avisándome que tenía un mensaje nuevo, ni siquiera me moleste en verificarlo. Lo más probable es que era del idiota de mi vecino. Mastique con fuerza mi cereal, sacando mi enojo. ¿Por qué diablos acepte que durmiera conmigo? ¿Por qué no recordé que me muevo constantemente?
No pude evitar estremecerme al recordar lo ocurrido en la mañana, me desperté sobre Edward, abrazándolo fuertemente. Lo peor de todo fue que entre sueños le rogaba que no se fuera y me abrazaba con más fuerzas a él, ignorando el que me suplicara que lo soltara ya que Esme siempre le pide que baje a desayunar a las siete en punto.
Respire profundamente antes de volver a servirme otro plato de cereal, si seguía así es posible que me ahogara con la comida.
Después de desayunar me di cuenta de que eran casi las doce del día. Limpie un poco la casa de Charlie y para las dos de la tarde no tenía nada que hacer, podía ver la televisión, navegar en internet o… podía ir con Edward, solo a molestarlo.
Subí a mi habitación, saque mi neceser de mi maleta y entre al baño.
Después de bañarme, depilarme y usar mis cremas humectantes salí envuelta en una toalla.
Me acerque a mi maleta, y me dispuse a escoger algo lindo para vestirme.
Los siguientes veinte minutos me la pase indecisa, por una parte no deseaba ir a su casa demasiada arreglada, no quería que pensara que me ponía así para impresionarlo y por otro lado no quería ir a verlo fachosa y fodonga.
Resople, cerré los ojos y elegí al azar mi ropa.
—No está nada mal. –musite hablando conmigo misma. Había escogido una camisa de franela roja con cuadros negros y unos simples jeans. Deje la ropa en la cama y deje caer la toalla al suelo.
Un extraño ruido llamo mi intención, me gira hacia la ventana. — ¡AAAAHH! –grite fuertemente, mi vecino estaba en su ventana viendo con la boca abierta.
Acaba de salir de bañarme, tenía que estar listo antes de que Emmett y Jasper llegaran para hacer una red con mi modem y pasarnos todo el día descargando pornografía.
Mientras buscaba unos bóxer escuche la voz de Bella. —No está nada mal. –me acerque a su ventana para burlarme por estar hablando sola cuando me di cuenta que solo llevaba puesta una pequeña toalla, trate de desviar mi vista pero no pude, la pequeña toalla dejaba al descubierto sus delicados hombros, el nacimiento de sus pechos y apenas cubría su pequeño y redondo trasero, dejándome apreciar sus largas e interminables piernas.
Trague saliva ruidosamente. Una voz en mi cabeza estaba diciéndome que dejara de verla, que no era correcto lo que hacía.
De pronto la toalla cayó al suelo, dejando al descubierto su perfecta espalda. Mi erección creció de manera automática. —Cierra los ojos, Edward. –musite dando unos pasos hacia atrás, pero la suerte no estaba de mi lado, ya que sin querer patee uno de mis zapatos y el ruido hizo que Bella volteara. ¡Mierda! ¿Había una parte de su cuerpo que no fuera perfecta? Al girar pude ver sus firmes pechos, sus rozados pezones… no podía moverme, no podía hablar, únicamente podía quedarme quieto con la boca totalmente abierta, observando a la diosa que estaba a metros de mi.
— ¡AAAAHH! –grito fuertemente, de inmediato se acerco a la ventana y escuche como me maldecía.
Me golpee con mi mano varias veces. ¿Ahora qué hacia? Quería demostrarle a Bella que no se trataba de un capricho, que la amaba con locura… ahora ella cree que soy un maldito acosador, un voyeur, un exhibicionista o algo por el estilo.
No sé cuanto estuve sin poder moverme. Pasaron segundos cuando Bella volvió a abrir su ventana. — ¡Me las pagaras Edward Cullen! –gruño mientras se sentaba en el borde de la ventana y brincaba hacia el árbol. Esta vez vestía una camisa de franela y unos jeans, pero estaba totalmente descalza.
Me acerque a mi ventana, estaba vez yo estaba enojado. Ella podía matarse. — ¡Maldición, Isabella! –dije entre dientes. —Regresa a tu casa. –sin embargo no me hizo caso.
—Si tú puedes, yo también puedo. –dijo tan testaruda como siempre.
Cerré los ojos con fuerza, sin poder verla brincar hacia mi ventana. Si algo le pasara…
— ¿Edward? –preguntó preocupada.
Abrí los ojos para verla frente de mi, frunciendo el ceño. — ¿Te pasa algo?
—Sí, podías haber muerto. –tome sus hombros y la sacudí débilmente. — ¿Qué tienes en la cabeza?
Ella abrió la boca para decir algo pero la cerro de inmediato. —Si tu no hubieras estado espiándome, ¡Maldito pervertido! Yo no brincaría por el árbol para darte tu merecido.
—No te estaba espiando. –aclare. —Yo también acabo de bañarme. –señale la toalla que me cubría. —Te escuche a hablar y vi por la ventana, tu acabas de dejar caer la toalla y…
—Podías haber dado la vuelta, desviar la mirada, cerrar los ojos… -gruño paseando por mi habitación enojada.
—Eso iba a hacer. –mentí.
Bella me miro directamente a los ojos. —Mientes.
—No miento.
Se acerco a mí. — ¿Ibas a seguir espiándome?
—No lo sé. –dije con sinceridad. —Trataba de cerrar los ojos pero no podía. –musite.
Ella suspiró. —Entonces, ¿Fue un accidente?
Asentí con la cabeza, tome su rostro entre mis manos. —No mentiré diciéndote que no deseo verte desnuda. –ella volvió a abrir la boca. —Pero solo estaremos juntos cuando aceptes que me amas.
Negó con la cabeza. —Estás loco. –dijo quitando mis manos bruscamente de su cara y alejándose de mí.
— ¿Por qué no lo aceptas? –pregunte caminando hacia ella.
— ¿Acaso no lo notas? –preguntó con sarcasmo. —Tengo 21 años, tu solo 15.
—Pronto 16. –le recordé.
Ella rodó los ojos. —Como sea. Pueden arrestarme por seducirte… si me gustaras seria un pedófila. ¿Lo sabías? –preguntó como si hablara con un niño pequeño.
—Haber si entiendo, ¿No aceptas que me amas porque eso te convertiría en una delincuente?
—No se puede hablar contigo. –hizo un berrinche saltando sobre el piso de madera varias veces.
Reí sin poder evitarlo, se veía tan hermosa.
—Deja de reírte de mí. Desde que he llegado a este pueblucho no has dejado de hacerme bromas y hacerme creer que… ¡AH! Me volveré loca un día más aquí.
—Forks no es tan malo. –espete. —Nuestros hijos tienen que vivir aquí, odio las grandes ciudades.
Ella me miro con los ojos abiertos como platos. — ¿Puedes repetir lo que dijiste? –preguntó en voz baja.
No sabía porque estaba tan sorprendida pero aun así repetí mis últimas palabras. —Odio las grandes ciudades.
—No, antes de eso.
—Nuestros hijos tienen que vivir aquí.
La sorpresa paso a la furia. —Estás loco, Edward. –se mofo. —Terminare mi carrera de periodismo, trabajare en una respetable revista, me casare con un abogado, corredor de bolsa, un hombre importante, nunca con un simple doctorcito.
No pude evitar la mueca de dolor que cruzo por mi rostro, camine hacia donde ella estaba y la abrace. Necesitaba de su cuerpo, de su calidez para darme fuerzas y no darme por vencido.
Respire profundamente para que mi tono de voz fuera normal. —Estarás donde yo este. –bese sus cabellos y discretamente lo olí. —Antes de que te vayas descubrirás que me amas y no podrás pasar un día sin estar en mi lado. –las manos de Bella fueron a mi cuello y juguetearon con mi cabello. —No podrás dormir sin escuchar mi voz. –susurre en su oído y ella de inmediato se estremeció. —No podrás iniciar un nuevo día sin decirme que me amas. –me separe de ella para verla a los ojos. —Eres mi otra mitad, nada ni nadie puede reemplazarte, ni nadie podrá reemplazarme.
Desvió la mirada incapaz de verme a los ojos y negarlo. —Estás loco. –dijo por tercera vez.
—Mírame. –suplique.
Acerque mi rostro hacia ella, estando a centímetros de sus labios. — ¿Por qué no crees que te ame? No es la edad, tampoco los asuntos legales, sabes que no es un capricho, ¿Qué es? –pregunte al no entender su resistencia.
—No sé de qué me hablas. Me tengo que ir. –trato de alejarse de mí pero se lo impedí, la abrace con mas fuerzas.
—Basta de cambiar el tema de conversación, basta de huir de mi. –roge contra sus labios.
—Yo… imposible… -balbuceo cerrando los ojos y acortando la distancia que nos separaban. Sus dulces labios se movieron tímidamente contra los míos. Disfrute de su dulce sabor, mucho mejor de lo que había imaginado. Poco a poco el ritmo aumento, deslice mi lengua por su labio inferior y en cuanto se adentro en su boca no pude evitar gemir. ¡Dios! ¡Esto es la gloria! Su lengua salió a mi encuentro, luchando por un control. Podía escuchar el desbocado sonido de su corazón, tan acelerado como el mío.
Me separe de ella en contra de mi voluntad, pero lamentablemente necesitaba el aire para respirar. Ella aun mantenía sus ojos cerrados y sus labios rojos estaban entreabiertos.
— ¿Ahora ya me crees? –pregunte en voz baja, con miedo a romper el ambiente que nos rodeaba.
Sentí el radical cambio por el cual ella paso, abrió los ojos enojada, escuche sus dientes rechinar.
— ¿Qué diablos te pasa? ¿Por qué me besas?
Me aleje de ella, completamente asustado. —Tú me has besado. -le recordé.
—No. –negó muchas veces con la cabeza, tratando de convencerse con sus palabras.
—Sí, ibas a decirme porque no creías que yo te amara cuando me has besado.
—Sera mejor que me vaya. –dijo caminando hacia la ventana.
—No. –me interpuse entre la ventana y ella. —Si quieres irte baja las escaleras, no brinques por la ventana.
Suspiró tratando de relajarse. —Está bien. –dijo caminando hacia la puerta.
—Bella. –la llame antes de que se fuera.
— ¿Si? –no se giro a verme.
—Luchare por tu amor.
Rió divertida. — ¿Te han dicho que estás loco?
—Estoy loco por ti… –su risa murió en ese momento. —Bella Cullen.
Gruño y corrió de mi habitación, escuche sus rápidas pisadas mientras bajaba las escaleras.
Me deje caer contra la puerta. No podía creer lo que acababa de pasar, ¡Joder! ¡Dios me odia!
Me encontraba tan furiosa conmigo misma, solo hacia estupideces cuando estaba con Edward. Una lagrima se deslizo sobre mi mejillas.
No podía seguir viéndome con Edward, debía evitarlo a toda costa. Me lleve mis manos a mis labios y no pude evitar cerrar los ojos y recordar el beso.
Nunca me habían besado así, ¡Nunca! La ternura con que me besaba, el beso era apasionado, tierno, cariñoso… ¡Era todo!
Un sollozo salió de mi cuerpo. ¡El me gustaba! ¡Ese chico de quince años me gustaba!
Por ti hoy me vuelvo a ilusionar,por ti hoy descubro un mundo nuevo
en ti encontrado una razón
y el sol ilumina mi sendero,
por ti no hay distancias ni fronteras,
en ti solo existen primaveras.



13 comentarios:
Wooow! se me pasoo comntarte el primer capii!
Esta historia esta geniaaaal *-* Awwwww ya quiero leerlaaaa *-*
yazz df dice:
capitulo dos:
.-YA ESTOY MUY ENAMORADA DE EDWARD ADOLESCENTE!
._ESO ES MALO MUYYYY MALO NO QUIERO SUFRIR
.-me he caido de la risa con los planes de Ed y sus amigosssss(al fin Emmet y jasper)epa q edad tienen rosalie y alice???? SE VAN A LIAR TODOS???? ufffff y recontra!
.- q Astuto es éste Edwardddddd me pone a mil sus comentarios es tan fuerteeeeee
.- Adoro la historia
Me encantó la forma en que Edward le encaró con sus sentimientos...la pasión de esta historia es arrolladora..
K grande es Edward jajaja como dicen en mi pais, pico pala. Asi se consiguen las cosas y este chico no pierde el tiempo...
jjaj edward y sus juntas con emmett y jazz .. mm bella se empieza a enamorar .. gracias x el cap!! me gusto mucho :)
wow... es lo unico q puedo decir... edward es tan... pasional... es OBVIO q esta enamorado de bella!! amo esta historia... asm q cualquiera!!
y como edward miro x la ventana xD!!
super el capi!!
laurymay (laurabaratau@hotmail.com)
Dios!
Adoro a Edward! Me encanto eso de " Nuestros hijos..." >.<! Fue taaaan loco y adorable! Y... Y... Y... Y yop quiero unop asiiii! Igual solo tengo 17 xD! No sere TAN asalta cunas xD!
Besos!
por diossss...yoo yaa me enamoree de estee edwarddd ...jjaja eess muy tiernoo!!! y veo que no podiaa cerrar los ojosss jajaj al ver que bella estaba en toallaa!!!y cuando le dijo lo de los hijosss...es un amorrr...bueno segurooo que terminaa enamorandola a bella quien no caeria rendidaa frente a alguien como este adorable edwarddd...besoss!!!!
Lo ame, neta... Edi es demasiado bobo hahaha y por eso lo amo!!
lo acepto lo acepto lo acepto acepto que le gusta Edward wiiiiii ya es un avance no??
Guauuuu! Este Edward es muy perseverante! Eso me gusta! Tiene claro lo que quiere, no se avergüenza en reconocerlo y además está dispuesto a hacer lo que sea para lograrlo. Sí señor! Ojalá hubieran muchos hombres así por el mundo!
Y Bella,... bueno el que haya aceptado que le gusta Edward es un gran paso, pero claro con lo de la diferencia de edad entre otras cosas creo que va a luchar mucho contra sus sentimientos.
Edward es tan tierno... es perfecto :h
hola que historia tan bonita me facina la edad no impor mientras haya amor ........jennileone
Publicar un comentario