Estilo, Cuerpo y Personalidad, esas son las características de un Playboy. Alice, Rosalie y Bella convertirán al sapo en un príncipe azul. Pero no contaban con enamorarse de él. "Siguiente caso: Edward Cullen"
Cuerpo II
BPOV
Sus labios contra los míos se sentían tan bien…
Pase mis manos alrededor de su cuello para atraerlo hacia a mí… La suavidad de su boca, su fresco aliento, su deliciosa saliva… no agregaría o quitaría algo a Edward.
Pero el tiempo no se puede detener.
Escuchamos pasos acercándose y nos separamos abruptamente. Me levante de un salto de la cama y con indiferencia fingí leer un libro, Edward de inmediato capto lo que hacía y comenzó a hablar del libro. —Es un libro muy bueno, hay un punto en el que se vuelve tedioso, pero después vuelve a recobrar el hilo de la historia y sigue manteniéndote en suspenso.
Alice entro en la habitación. — ¿Ya terminaron de hablar?
—Sí, de hecho, Edward me está recomendando un libro, me lo prestara. –mentí.
—Por supuesto, esa es la razón por la cual el cabello de él esta mas desordenado que de costumbre y tú tienes el libro al revés. –dijo rodando los ojos.
Mis ojos se giraron hacia donde estaba él, efectivamente, tenía el cabello revuelto y estaba sonrojado, probablemente porque nos descubrieron en la mentira, o mejor dicho, me descubrieron mintiendo. —Practicábamos, ¡Ya sabes! –dije nerviosa.
Ella suspiro profundamente antes de volver a hablar. —Como sea, ya está el desayuno. Rosalie nos espera.
Deje el libro en el escritorio donde estaba, le di una mirada de reojo a Edward, él trataba de peinar su cabello, y después camine hacia la puerta. Cuando llegamos a la cocina el olor de huevos con tocino estaba impregnado en el aire.
Gemí involuntariamente y Edward me miro de manera extraña. Me encogí de hombros. —Tengo hambre. –me limite a decir.
Todos nos sentamos alrededor de la pequeña mesa circular que estaba en la cocina, Rose ya había servido el desayuno y Alice había puesto los cubiertos y vasos. Todos comeríamos un desayuno productivo, me extraño cuando Rose también le dio a Edward huevos con tocino.
—Creí que Edward estaba a dieta, Rosalie.
—Lo está, pero por ahora hare una excepción, después de lo que paso hoy merece algo más que lechuga.
Metí un trozo de tocino a mi boca para evitar decirle que no le creía. Ella nunca le había dado de comer a algún proyecto algo tan rico en grasas como tocino, desde luego, estaba tratando de ganarse el cariño de Edward.
Después de desayunar, Alice fue con Edward a su habitación para explicarle como combinar colores y colocarse accesorios para llamar la atención. Sombreros, gorras, bufandas, joyería, etc. Yo me quede en la cocina lavando los platos usados mientras Rosalie dijo que estaría al teléfono.
Cuando termine de limpiar la cocina fui hasta mi habitación, aun tenia sueño y pensé en dormirme un poco más. Cuando pase por la habitación de Edward, apropósito camine cerca de la puerta. Quería escuchar lo que hablaban Alice y él.
—Se que ustedes se traen algo entre manos, Edward. Rosalie y yo no somos tontas. Se han besado cuantas veces, ¿Cinco o más? Tenemos miedo de dejarlos mucho tiempo a solas y que las cosas se salgan de sus manos.
—Si te preocupas porque yo vaya a lastimarla…
—No, eso no me preocupa. –lo interrumpió. —Aquí, el único herido serás tú. Cuando tú seas todo un playboy, antes de terminar el semestre, nosotras nos iremos en busca de un nuevo proyecto y probablemente no te recordaremos más. Sería una mentira si te dijera que Bella lo hace todo el tiempo, no es así, ella no va por la vida besándose con nuestro proyecto, de hecho, odia hacer eso… pero contigo no puede mantener las manos para sí mismas.
—Déjame ver si entiendo, ¿Quieres que me aleje de ella?
—Quiero que te cuides de ti mismo, en pocas palabras, sí, eso quiero.
Quería caminar pero mis pies no me obedecían, estaba furiosa con Alice por decirle eso a Edward. Yo nunca lo lastimaría, yo no lo haría.
Me mordí la lengua para evitar decir groserías y entrar a la habitación para reclamarle a mi hermana. Camine hacia mi recamara y me deje caer sobre la cama.
En mi mente se repitió una y otra vez su conversación.
Estuve horas pensando, y aunque me doliera admitirlo tenía razón. No debía dejar que se encariñara conmigo. ¿En qué diablos he estado pensado? Nos hemos besado varias veces, he quebrantado regla tras regla… debía poner un fin a todo esto.
EPOV
.
En mi mente se repetían una y otra vez las palabras de Alice.
"El único herido serás tú."
"No te recordaremos más."
"Quiero que cuides de ti mismo"
En el fondo sabía que tenía razón, que sus palabras eran verdad, pero no quería creerlo. Ellas no podían irse en unas semanas y olvidarme como si no significara nada, no, ellas no podrían, ¿O sí?
Suspire y negué con la cabeza. ¿Cómo podía dudar de ellas? Desde luego que no se irían sin despedirse y sin aceptar volver a verme.
Me removí incomodo en la cama, durante la tarde volvimos a regresar al gimnasio del edificio para hacer un poco de ejercicio. Esta vez, únicamente Alice, Rosalie y yo, cuando invite a Bella dijo que tenía cosas más importantes que hacer.
El tono tosco de su voz dolió, pero trate de no demostrarlo. Después no volví a verla, no comió, ni ceno con nosotros.
Creo que me está evitando.
Me sentía solo sin ella, perdido… era un sentimiento extraño. Algo que no me gustaba.
Indeciso me levante de la cama y descalzo salí de mi habitación hacia la de ella, la cual era la última del pasillo. Tenía miedo a que se ofendiera porque me atreví a buscarla en medio de la noche, no era una actitud caballerosa, y no quería que me malinterpretara, solo buscaba su compañía y algunas respuestas…
Toque la puerta débilmente. —Pasa, Edward.
Entre en su habitación confundido. — ¿Cómo sabes que era yo? Podía haber sido un extraño o un ladrón.
Bella estaba recostada en la cama, justo a un lado del buró, con la lámpara encendida. —Las chicas nunca tocan la puerta. –dijo rodando los ojos. —Además, no puede ser un ladrón, en este edificio hay un vigilante y un portero que solo deja entrar a conocidos y a inquilinos.
Me acerque a su cama vacilante, me sentía incomodo en la habitación de una chica. Era la primera vez que entraba en una. — ¿Puedo sentarme? –pregunte apuntando hacia la cama.
—Claro, no debes pedir permiso, Edward. Simplemente siéntate.
Asentí con la cabeza y tímidamente me senté en el borde de la cama. —Creo que necesitamos hablar.
—Dime, pero que sea rápido, el libro es más interesante.
Hice una mueca, seguía con su indiferencia… y me dolía. —Yo… no sé… quería saber si hice algo que te molestara… si así fue, lo siento, nunca he tenido intensión en ofenderte, lastimar te ni nada. Quiero arreglar las cosas. –dije jugando con mis manos.
Silencio, ella no hablo.
Después de lo que me pareció una eternidad decidió hablar. —Esto no está bien, no está bien.
— ¿Qué no está bien? –pregunte mirándola a los ojos.
—Lo nuestro, lo que pasa cada vez que estamos solos, lo que hacemos cada vez con mayor frecuencia, eso está mal.
— ¿Besarnos? ¿Por qué esta mal? Tú no tienes pareja, ni yo. A ti te gusta, a mi me encanta. No hay nada malo en eso.
—Sí, si lo hay. Las cosas se salen de control, ¿Qué pasara mañana? Nos besaremos cada hora, nos diremos palabras de amor, soñaremos el uno con el otro, tendremos citas, y cada vez es peor.
—Y tratándome con hostilidad es la solución, ¿verdad? –dije un poco molesto.
Nunca le había hablado así a nadie, pero ella me importaba, y no dejaría ella me tratara así. No cuanto lo hace por una tontería como "eso está mal".
Se sonrojo un poco. —Lo siento, estoy tratando de que te alejes de mí.
— ¿Y si yo no quiero alejarme de ti? –rete.
La vi abrir la boca nuevamente. Lista para decir otra vez: Eso está mal.
—No, no puedes hacer. –negó con la cabeza varias veces. —No significas nada para mí. –aseguro.
Baje la mirada avergonzado, ¿Cómo pude pensar que ella sentía lo mismo por mi? Bella es perfecta, como una princesa de cuento de hadas, delicada, considerada, tierna, tenaz… Dios, ¿Cómo pude albergar esperanza de que me correspondiera? Acaso no había tenido ya suficiente. He olvidado las veces que he intentado acercarme a una chica, y siempre soy rechazado… Y otra vez pasa lo mismo.
—Supongo que ya toda esta claro. Ya no insistiré más. –me levante de la cama y camine hacia la puerta. —Que descanses, Bella. Buenas noches.
Salí de su habitación sintiéndome perdido, desolado, deseaba que me detuviera, que me dijera que ella sentía la misma mezcla de sentimientos atacando su cuerpo como me pasaba a mí.
No sé como llegue a mi habitación, me deje caer en mi cama y mire fijamente hacia el techo. Sabía que era muy tarde y, que me despertaría a primera hora del día para ir a correr, después batallaría para levantarme pero no me importaba.
Me mordí el labio y cerré momentáneamente los ojos con la esperanza de que olvidara sus palabras, pero no podía. No significas nada para mí, ¿Como esas cinco palabras podían matar mis esperanzas?
Sentí una pequeña mano deslizándose por mi frente y su olor me llego de golpe, Bella estaba aquí, en mi habitación. — ¿Qué haces aquí? –pregunte algo brusco y sin abrir los ojos.
—Siento lo que dije, significas mucho para mí. Ese es el problema. Yo hablaba en serio cuando dije que debíamos distanciarnos y comportarnos más como "amigos" que como "novios". Parece que para ti fue una broma.
—Claro que no fue para mí una broma. –espete con rapidez. —Me he sentido muy mal todo el día porque me has estado evitando. ¿Y cómo quieres que nos comportemos como amigos si tenemos que demostrarles a todos que somos novios? Explícame, porque de verdad no entiendo como deba actuar. ¿Te tendré que pedir permiso para tomarte la mano o algo así?
La escuche gruñir y abrí por fin los ojos. Estaba sentada a mi lado, enojada y con los dientes apretados. — ¿Por qué tienes que decir algo jodidamente inteligente todo el tiempo?
Fruncí el ceño. — ¿Prefieres que sea un patán?
—Prefiero que te calles ahora.
Sin previo aviso me recosté sobre ella. — ¿Por qué tienes que estar dando órdenes todo el tiempo? ¡A todos! ¡Si yo quiero besarte lo hare! –se tenso por mis palabras, pero su mirada estaba fija en mis labios. —Oh, sí. Tú quieres que te bese, estoy seguro que lo deseas.
— ¡Sueñas, Edward! ¡Tú no tienes ese efecto en mí! –dijo a la defensiva, confirmando mis sospechas.
— ¿A que le tienes miedo? ¿A mí? No muerdo.
Sus manos fueron a mi cuello y me acercaron hacia ella bruscamente. Antes de besarme volvió a hablar. —Te demostrare cuanto miedo te tengo.
Sus labios se movieron sobre los míos con pericia, sin timidez o la ternura que caracterizaba nuestros anteriores besos. Sentí su cálido cuerpo arder poco a poco, recordándome que la situación estaba saliéndoseme de las manos.
Abruptamente me separe de ella y casi con miedo me levante de la cama, poniendo una razonable distancia entre nosotros. Mi respiración era agitada y ella se veía mortalmente sexy con sus labios hinchados, su boca entreabierta, su cabello esparcido entre las sabanas y sus entrecerrados. —Entonces, ¿Quién tiene miedo ahora, Edward?
—Lo hiciste a propósito, ¿verdad?
—Para nada, debes acostumbrarte a los besos apasionados, se vería extraño que corrieras despavorido de mí si te beso así en público.
—Oh, ¡Creí que lo hiciste porque deseabas besarme!
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Mierda.
Mátenme.
Edward. Enojado. Agitado. Furioso. Sexy…
Podría morir ahora mismo…
Estaba comprobado que si estaba enojado sacaba las garras, su verdadero carácter. Nada de timidez, tartamudeos, tics nerviosos, caballerosidad, nada.
—No deseaba besarte, tú me retaste. –mentí.
Desde luego que deseaba enfurecerlo más. Nunca lo había visto fuera de ese control que siempre lucha por mantener, quería conocer al verdadero Edward. Que dejara a tras al chico que hace unos minutos tenía miedo de faltarme el respecto por sentarse en mi cama, quería que dejara salir esa sexy actitud.
—Eres un cobarde. –cante.
—Soy precavido. –contraataco.
— ¿Precavido? No entiendo, ¿Crees que te comeré? –bromee utilizando sus misma palabras.
Gruño molesto y sentí como se me aceleraba el corazón, realmente era sexy. Estaba vestido con una camisa interior blanca y con un pantalón de algodón gris. Nunca considere esas prendas como atractivas, pero para mí era como si estuviera casi desnudo.
—Sabes a lo que me refiero… tu piel… tú estabas… -callo de pronto, entendiendo lo que me provoco hace unos momento.
Sí, el me había excitado. ¡Hasta ahora se daba cuenta! Realmente es ingenuo.
—No puedo creerlo. –murmuro para sí mismo.
— ¿El que me hayas excitado? Eres sexy Edward, eso pasa cuando dos jóvenes se besan y se sienten tan atraídos como tú y yo.
— ¿Lo admites?
Me senté al comprender mis palabras, lo había dicho en voz alta. Mencione nuestra atracción. Decidí fingir que no era nada importante. —Sí, lo admito. –cambie de tema. —Entonces, ¿tuviste miedo porque me excite?
Sus ojos se abrieron por completo y se sonrojo violentamente. —No puedo creer que estemos hablando de excitación y todo eso.
Reí entre dientes, debía eliminar ese pudor. — ¿Por qué te sonrojas? –seguí provocándolo.
—No es correcto, tu eres una señorita y debo respetarte y… y yo…
Me levante de la cama y camine hacia él. Edward dio algunos pasos hacia atrás mientras me acercaba, estaba huyendo de mí. — ¿Y tu…? –me mordí el labio incitadoramente.
Estaba nervioso, una gota de sudor se deslizo por su cuello. Edward pasó una mano por su cabello mientras respiraba agitadamente. Dios, como estaba disfrutando de esto.
—Bella, creo que nosotros… -trago saliva. —Esto no está bien.
—Tú has insistido que "esto" está bien, ¿Ahora estás de acuerdo conmigo? –sabía que no se trataban de cosas diferente, pero quería seguir poniéndolo nervioso.
—Sí, no, no es lo mismo. –cerro los ojos cuando estuve frente a él. —Nosotros, ahorita… tu y yo… Dios, ¡Ya lo sabes!
—No está bien estar besándonos enojados en una cama, ¿A eso te refieres?
Abrió lo ojos y el pulso se me acelero, sus mirada era hambrienta, sus ojos verdes ahora estaba oscuros y expresivos como siempre, demostrándome cuan excitado estaba.
Sentí pánico, por una parte eso quería lograr, ponerlo nervioso, enojarlo, excitarlo… pero me abrumo la rapidez con la cual mi cuerpo comenzó a reaccionar. Sin tocarme estaba totalmente mojada, podía sentir mi entrepierna húmeda y palpitante de deseo.
—Sera mejor que te vayas a tu habitación, no me siento bien. –pidió entre dientes.
Creía que no podía estar más excitada, pero me equivoque.
Su voz ronca se repetía en mi cabeza una y otra vez. Sin poderme contener estrelle sus labios contra los míos, besándonos salvajemente. Mis manos fueron a sus cabellos mientras las manos de él estuvieron en mi espalda baja, atrayéndome fuertemente a su cuerpo. Nuestras bocas se abrían con tanta rapidez, con tanta fuerza que estaba segura que cuando dejara de besarme me dolerían los labios. No es que me quejara, el solo sentir su aliento mezclándose con el mío era la sensación más exquisita que había experimentito. Edward cambio de posiciones, me coloco a mí contra la pared en un rápido movimiento. Gemí contra su boca y eso pareció regresarlo a la realidad.
Se alejo de mí lentamente, cerrando los ojos.
Nos quedamos en silencio, sabía lo que diría a continuación.
—No sé como disculparme, no debí, yo nunca, no sé como paso, perdóname… -se dio la vuelta dándome la espalda. —Me avergüenza mi comportamiento, siento haberte faltado el respeto… no sé que me paso, un momento estaba triste, después tu entraste y me enoje, luego me sentía confiado y nuevamente me sentí molesto y ahora estoy… -dilo, dilo, pedí mentalmente. Di que te excito, ¡Dilo! –Lo siento. –se disculpo por segunda vez.
Gruñí mientras caminaba hacia la puerta, debía darme una ducha con agua fría antes de dormirme. ¿Qué no la situación debía ser a la inversa?
—Buenas noches, Edward.
—Espera. –se giro hacia mí. —Entonces, ¿A qué punto llegamos?
—No lo sé, no lo sé. –gire la perrilla y regrese de nuevo a mi habitación.
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.
Los siguientes días Edward estuvo corriendo al lado de Rosalie, después iban al gimnasio. Algunas veces Alice se unía a ellos, pero yo no iba.
No porque quisiera seguir ignorándolo. No, había comprendido que esa infantil actitud solo empeoraba las cosas, quería alejarme de Edward para no lastimarlo, pero ignorándolo de igual manera lo hería. Debía ir a platicar con él cuando estaba segura de que se encontraba solo.
Tiernamente no dejaba de sonrojase, recordando nuestro incidente. Si él se sonrojara delante de las chicas ellas atarían cabos con facilidad.
No quería eso.
No pararían de sermonearme y gritarme que recordara las reglas, que me apegara a ellas.
Pero ya no podía, era inevitable que buscara su compañía. Ansiaba que se fueran a dormir para que él viniera a mi habitación y comenzáramos a hablar, besarnos y bromear. Faltaba unos pocos días para que comenzaran las clases en la universidad y ahora si podríamos estar abrazados y susurrándonos palabras al odio. No más escondidas. No más juegos.
Emmett y Jasper no habían llamado desde nuestra discusión sobre Tanya. Aunque Edward no lo admitiera cada día estaba más ansioso, nervioso y trataba de ocultar la tristeza, sabía que quería arreglar las cosas pero su orgullo no lo dejaba.
—Deberías llamarles. –dije acariciando su cabello.
—Ellos deben llamarme a mí.
—No, Edward. No puedes pensar de esa manera, no antepongas tu orgullo sobre tu felicidad.
Suspiro mientras cerraba los ojos y disfrutaba de mis caricias. —Lo sé, pero necesitan aprender la lección. Si cedo ahora esperaran que eso pase siempre, eso no pasara.
Entendí su punto y me sentí feliz que esa fuera la razón por la cual no cedía primero.
—Pero creo que es a ellos quien no les interesa estar bien conmigo.
—No te preocupes. –bese ligeramente sus labios. —Ellos llamaran, este lunes entraran a clases y no perderán la oportunidad de iniciar el ciclo escolar sin Alice y Rosalie de la mano. –asegure.
Resoplo. —Entonces, ellos fingirán arrepentimiento por las chicas no por mí.
—Creo que será ambos…
Sonó su móvil. Edward saco su teléfono de su jeans, desde mi posición pude ver la foto de Jasper desde la pantalla, vacilante él acepto la llamada.
—Hola.
Estuvo varios minutos en silencio y poco a poco su cuerpo se tenso. —No, ellas no me tratan como basura, ¿Por qué debería preferir eso?... No, no y no. ¿Una oportunidad? ¿Para qué?
Se levanto de la cama y comenzó a caminar de un lado a otro furioso. — ¿Ella ha estado conmigo en las buenas y en las malas? ¿Dónde estuvo ella cuando Jessica recordó mis libros hace unos meses? Oh, ya lo recuerdo, a su lado, prestándole las tijeras. Todas las cosas malas me han pasado por su culpa…
Mis dientes rechinaron al darme cuenta de que hablaban de Tanya. Su primo debía de haber dicho algo malo para que Edward estuviera tan molesto.
—Por favor, ¿Crees que Alice y Rosalie se sacrificaran solo por ustedes? No, ellas no lo harán. Creo que cuando lleguen el lunes a clases James y Laurent las cortejaran y asunto arreglado. Ellos besaran sus pies todo el tiempo y nadie en la universidad los recordara…
Fruncí el ceño, ¿De qué diablos hablaban?
—Lo intentare, pero no garantizo ningún resultado. Sí ustedes son tan inocentes como para creer que Tanya ha cambiado no significa que ellas también lo sean… -de pronto Edward sonrió y deje de preocuparme, estaba feliz de que las cosas se estuvieran arreglando. —También me alegra que todo esté bien, nos vemos. –colgó la llamada.
— ¿Qué ha pasado? ¿Por qué te has enojado? ¿Quieren que sigas relacionándote con Tanya? ¿Por qué hablaron de Alice y Rosalie? ¿Quiénes son James y Laurent? –pregunte rápidamente.
Rio por mi curiosidad.
Se recostó otra vez en la cama y coloco su cabeza sobre mi pierna. —Ellos se han disculpado, han dicho que estoy en mi derecho de elegir mis amistades y que lo han comprendido…
— ¿Pero?
Frunció los labios. —Han tratado de que reconsideré mi decisión, argumentando de que Tanya ha estado conmigo en las buenas y en las malas mientras ustedes no. Dicen que Tanya está dispuesta a ofrecerme una disculpa, quiere que todo regrese a la normalidad. Nos han invitado a un pequeño bar a pasar la noche del viernes… dicen que Alice y Rose deben aceptar porque ellos se están sacrificando a ser sus novios. –bufó. —Desde luego, sé que es imposible que las chicas acepten, por eso le deje en claro que a ellas les sobraban candidatos, James y Laurent son chicos populares, les gusta salir con las mujeres más hermosas del campus. Tú eres la más linda. –agrego con rapidez.
Reí. —No te preocupes, entiendo. Sigue…
—Cuando les dije eso entraron en pánico, creían que pondrían a tus hermanas contra la espada y pared, pero están muy equivocados. Dije que intentaría convencerlas de asistir, pero que no prometo nada pues no creo en el arrepentimiento de Tanya. –suspiro. — ¿Cómo crees que se lo tomen las chicas?
—Ellas asistirán. –asegure.
Era importante para Edward, era la única manera de limar asperezas. Debíamos "fingir" simpatía por Tanya, al menos frente a sus primos.
—No lo creo, probablemente Rosalie me haga correr 10 kilómetros si lo sugiero y Alice me vestiría completamente de rosa al mencionar el nombre de Tanya.
—Te equivocas, nos sentimos muy agradecidas contigo por cuidarnos y protegernos. Por nuestra culpa han estado distanciados y hemos notado que has estado triste, podemos sacrificarnos unas cuantas horas. –sonreí sinceramente.
— ¿De verdad lo harían por mi?
Asentí con la cabeza.
—Además será de gran ayuda, estaremos en un lugar público, será como tu debut.
Rodó los ojos. —Sera como mi muerte. Tu, Rosalie, Alice y Tanya en la misma mesa. –se estremeció. —Toda una aventura.
Oh, sí. Toda una aventura.
Era la hora de vengarnos de ella.
Sus labios contra los míos se sentían tan bien…Pase mis manos alrededor de su cuello para atraerlo hacia a mí… La suavidad de su boca, su fresco aliento, su deliciosa saliva… no agregaría o quitaría algo a Edward.
Pero el tiempo no se puede detener.
Escuchamos pasos acercándose y nos separamos abruptamente. Me levante de un salto de la cama y con indiferencia fingí leer un libro, Edward de inmediato capto lo que hacía y comenzó a hablar del libro. —Es un libro muy bueno, hay un punto en el que se vuelve tedioso, pero después vuelve a recobrar el hilo de la historia y sigue manteniéndote en suspenso.
Alice entro en la habitación. — ¿Ya terminaron de hablar?
—Sí, de hecho, Edward me está recomendando un libro, me lo prestara. –mentí.
—Por supuesto, esa es la razón por la cual el cabello de él esta mas desordenado que de costumbre y tú tienes el libro al revés. –dijo rodando los ojos.
Mis ojos se giraron hacia donde estaba él, efectivamente, tenía el cabello revuelto y estaba sonrojado, probablemente porque nos descubrieron en la mentira, o mejor dicho, me descubrieron mintiendo. —Practicábamos, ¡Ya sabes! –dije nerviosa.
Ella suspiro profundamente antes de volver a hablar. —Como sea, ya está el desayuno. Rosalie nos espera.
Deje el libro en el escritorio donde estaba, le di una mirada de reojo a Edward, él trataba de peinar su cabello, y después camine hacia la puerta. Cuando llegamos a la cocina el olor de huevos con tocino estaba impregnado en el aire.
Gemí involuntariamente y Edward me miro de manera extraña. Me encogí de hombros. —Tengo hambre. –me limite a decir.
Todos nos sentamos alrededor de la pequeña mesa circular que estaba en la cocina, Rose ya había servido el desayuno y Alice había puesto los cubiertos y vasos. Todos comeríamos un desayuno productivo, me extraño cuando Rose también le dio a Edward huevos con tocino.
—Creí que Edward estaba a dieta, Rosalie.
—Lo está, pero por ahora hare una excepción, después de lo que paso hoy merece algo más que lechuga.
Metí un trozo de tocino a mi boca para evitar decirle que no le creía. Ella nunca le había dado de comer a algún proyecto algo tan rico en grasas como tocino, desde luego, estaba tratando de ganarse el cariño de Edward.
Después de desayunar, Alice fue con Edward a su habitación para explicarle como combinar colores y colocarse accesorios para llamar la atención. Sombreros, gorras, bufandas, joyería, etc. Yo me quede en la cocina lavando los platos usados mientras Rosalie dijo que estaría al teléfono.
Cuando termine de limpiar la cocina fui hasta mi habitación, aun tenia sueño y pensé en dormirme un poco más. Cuando pase por la habitación de Edward, apropósito camine cerca de la puerta. Quería escuchar lo que hablaban Alice y él.
—Se que ustedes se traen algo entre manos, Edward. Rosalie y yo no somos tontas. Se han besado cuantas veces, ¿Cinco o más? Tenemos miedo de dejarlos mucho tiempo a solas y que las cosas se salgan de sus manos.
—Si te preocupas porque yo vaya a lastimarla…
—No, eso no me preocupa. –lo interrumpió. —Aquí, el único herido serás tú. Cuando tú seas todo un playboy, antes de terminar el semestre, nosotras nos iremos en busca de un nuevo proyecto y probablemente no te recordaremos más. Sería una mentira si te dijera que Bella lo hace todo el tiempo, no es así, ella no va por la vida besándose con nuestro proyecto, de hecho, odia hacer eso… pero contigo no puede mantener las manos para sí mismas.
—Déjame ver si entiendo, ¿Quieres que me aleje de ella?
—Quiero que te cuides de ti mismo, en pocas palabras, sí, eso quiero.
Quería caminar pero mis pies no me obedecían, estaba furiosa con Alice por decirle eso a Edward. Yo nunca lo lastimaría, yo no lo haría.
Me mordí la lengua para evitar decir groserías y entrar a la habitación para reclamarle a mi hermana. Camine hacia mi recamara y me deje caer sobre la cama.
En mi mente se repitió una y otra vez su conversación.
Estuve horas pensando, y aunque me doliera admitirlo tenía razón. No debía dejar que se encariñara conmigo. ¿En qué diablos he estado pensado? Nos hemos besado varias veces, he quebrantado regla tras regla… debía poner un fin a todo esto.
EPOV
.
En mi mente se repetían una y otra vez las palabras de Alice.
"El único herido serás tú."
"No te recordaremos más."
"Quiero que cuides de ti mismo"
En el fondo sabía que tenía razón, que sus palabras eran verdad, pero no quería creerlo. Ellas no podían irse en unas semanas y olvidarme como si no significara nada, no, ellas no podrían, ¿O sí?
Suspire y negué con la cabeza. ¿Cómo podía dudar de ellas? Desde luego que no se irían sin despedirse y sin aceptar volver a verme.
Me removí incomodo en la cama, durante la tarde volvimos a regresar al gimnasio del edificio para hacer un poco de ejercicio. Esta vez, únicamente Alice, Rosalie y yo, cuando invite a Bella dijo que tenía cosas más importantes que hacer.
El tono tosco de su voz dolió, pero trate de no demostrarlo. Después no volví a verla, no comió, ni ceno con nosotros.
Creo que me está evitando.
Me sentía solo sin ella, perdido… era un sentimiento extraño. Algo que no me gustaba.
Indeciso me levante de la cama y descalzo salí de mi habitación hacia la de ella, la cual era la última del pasillo. Tenía miedo a que se ofendiera porque me atreví a buscarla en medio de la noche, no era una actitud caballerosa, y no quería que me malinterpretara, solo buscaba su compañía y algunas respuestas…
Toque la puerta débilmente. —Pasa, Edward.
Entre en su habitación confundido. — ¿Cómo sabes que era yo? Podía haber sido un extraño o un ladrón.
Bella estaba recostada en la cama, justo a un lado del buró, con la lámpara encendida. —Las chicas nunca tocan la puerta. –dijo rodando los ojos. —Además, no puede ser un ladrón, en este edificio hay un vigilante y un portero que solo deja entrar a conocidos y a inquilinos.
Me acerque a su cama vacilante, me sentía incomodo en la habitación de una chica. Era la primera vez que entraba en una. — ¿Puedo sentarme? –pregunte apuntando hacia la cama.
—Claro, no debes pedir permiso, Edward. Simplemente siéntate.
Asentí con la cabeza y tímidamente me senté en el borde de la cama. —Creo que necesitamos hablar.
—Dime, pero que sea rápido, el libro es más interesante.
Hice una mueca, seguía con su indiferencia… y me dolía. —Yo… no sé… quería saber si hice algo que te molestara… si así fue, lo siento, nunca he tenido intensión en ofenderte, lastimar te ni nada. Quiero arreglar las cosas. –dije jugando con mis manos.
Silencio, ella no hablo.
Después de lo que me pareció una eternidad decidió hablar. —Esto no está bien, no está bien.
— ¿Qué no está bien? –pregunte mirándola a los ojos.
—Lo nuestro, lo que pasa cada vez que estamos solos, lo que hacemos cada vez con mayor frecuencia, eso está mal.
— ¿Besarnos? ¿Por qué esta mal? Tú no tienes pareja, ni yo. A ti te gusta, a mi me encanta. No hay nada malo en eso.
—Sí, si lo hay. Las cosas se salen de control, ¿Qué pasara mañana? Nos besaremos cada hora, nos diremos palabras de amor, soñaremos el uno con el otro, tendremos citas, y cada vez es peor.
—Y tratándome con hostilidad es la solución, ¿verdad? –dije un poco molesto.
Nunca le había hablado así a nadie, pero ella me importaba, y no dejaría ella me tratara así. No cuanto lo hace por una tontería como "eso está mal".
Se sonrojo un poco. —Lo siento, estoy tratando de que te alejes de mí.
— ¿Y si yo no quiero alejarme de ti? –rete.
La vi abrir la boca nuevamente. Lista para decir otra vez: Eso está mal.
—No, no puedes hacer. –negó con la cabeza varias veces. —No significas nada para mí. –aseguro.
Baje la mirada avergonzado, ¿Cómo pude pensar que ella sentía lo mismo por mi? Bella es perfecta, como una princesa de cuento de hadas, delicada, considerada, tierna, tenaz… Dios, ¿Cómo pude albergar esperanza de que me correspondiera? Acaso no había tenido ya suficiente. He olvidado las veces que he intentado acercarme a una chica, y siempre soy rechazado… Y otra vez pasa lo mismo.
—Supongo que ya toda esta claro. Ya no insistiré más. –me levante de la cama y camine hacia la puerta. —Que descanses, Bella. Buenas noches.
Salí de su habitación sintiéndome perdido, desolado, deseaba que me detuviera, que me dijera que ella sentía la misma mezcla de sentimientos atacando su cuerpo como me pasaba a mí.
No sé como llegue a mi habitación, me deje caer en mi cama y mire fijamente hacia el techo. Sabía que era muy tarde y, que me despertaría a primera hora del día para ir a correr, después batallaría para levantarme pero no me importaba.
Me mordí el labio y cerré momentáneamente los ojos con la esperanza de que olvidara sus palabras, pero no podía. No significas nada para mí, ¿Como esas cinco palabras podían matar mis esperanzas?
Sentí una pequeña mano deslizándose por mi frente y su olor me llego de golpe, Bella estaba aquí, en mi habitación. — ¿Qué haces aquí? –pregunte algo brusco y sin abrir los ojos.
—Siento lo que dije, significas mucho para mí. Ese es el problema. Yo hablaba en serio cuando dije que debíamos distanciarnos y comportarnos más como "amigos" que como "novios". Parece que para ti fue una broma.
—Claro que no fue para mí una broma. –espete con rapidez. —Me he sentido muy mal todo el día porque me has estado evitando. ¿Y cómo quieres que nos comportemos como amigos si tenemos que demostrarles a todos que somos novios? Explícame, porque de verdad no entiendo como deba actuar. ¿Te tendré que pedir permiso para tomarte la mano o algo así?
La escuche gruñir y abrí por fin los ojos. Estaba sentada a mi lado, enojada y con los dientes apretados. — ¿Por qué tienes que decir algo jodidamente inteligente todo el tiempo?
Fruncí el ceño. — ¿Prefieres que sea un patán?
—Prefiero que te calles ahora.
Sin previo aviso me recosté sobre ella. — ¿Por qué tienes que estar dando órdenes todo el tiempo? ¡A todos! ¡Si yo quiero besarte lo hare! –se tenso por mis palabras, pero su mirada estaba fija en mis labios. —Oh, sí. Tú quieres que te bese, estoy seguro que lo deseas.
— ¡Sueñas, Edward! ¡Tú no tienes ese efecto en mí! –dijo a la defensiva, confirmando mis sospechas.
— ¿A que le tienes miedo? ¿A mí? No muerdo.
Sus manos fueron a mi cuello y me acercaron hacia ella bruscamente. Antes de besarme volvió a hablar. —Te demostrare cuanto miedo te tengo.
Sus labios se movieron sobre los míos con pericia, sin timidez o la ternura que caracterizaba nuestros anteriores besos. Sentí su cálido cuerpo arder poco a poco, recordándome que la situación estaba saliéndoseme de las manos.
Abruptamente me separe de ella y casi con miedo me levante de la cama, poniendo una razonable distancia entre nosotros. Mi respiración era agitada y ella se veía mortalmente sexy con sus labios hinchados, su boca entreabierta, su cabello esparcido entre las sabanas y sus entrecerrados. —Entonces, ¿Quién tiene miedo ahora, Edward?
—Lo hiciste a propósito, ¿verdad?
—Para nada, debes acostumbrarte a los besos apasionados, se vería extraño que corrieras despavorido de mí si te beso así en público.
—Oh, ¡Creí que lo hiciste porque deseabas besarme!
BPOV
.
Mierda.Mátenme.
Edward. Enojado. Agitado. Furioso. Sexy…
Podría morir ahora mismo…
Estaba comprobado que si estaba enojado sacaba las garras, su verdadero carácter. Nada de timidez, tartamudeos, tics nerviosos, caballerosidad, nada.
—No deseaba besarte, tú me retaste. –mentí.
Desde luego que deseaba enfurecerlo más. Nunca lo había visto fuera de ese control que siempre lucha por mantener, quería conocer al verdadero Edward. Que dejara a tras al chico que hace unos minutos tenía miedo de faltarme el respecto por sentarse en mi cama, quería que dejara salir esa sexy actitud.
—Eres un cobarde. –cante.
—Soy precavido. –contraataco.
— ¿Precavido? No entiendo, ¿Crees que te comeré? –bromee utilizando sus misma palabras.
Gruño molesto y sentí como se me aceleraba el corazón, realmente era sexy. Estaba vestido con una camisa interior blanca y con un pantalón de algodón gris. Nunca considere esas prendas como atractivas, pero para mí era como si estuviera casi desnudo.
—Sabes a lo que me refiero… tu piel… tú estabas… -callo de pronto, entendiendo lo que me provoco hace unos momento.
Sí, el me había excitado. ¡Hasta ahora se daba cuenta! Realmente es ingenuo.
—No puedo creerlo. –murmuro para sí mismo.
— ¿El que me hayas excitado? Eres sexy Edward, eso pasa cuando dos jóvenes se besan y se sienten tan atraídos como tú y yo.
— ¿Lo admites?
Me senté al comprender mis palabras, lo había dicho en voz alta. Mencione nuestra atracción. Decidí fingir que no era nada importante. —Sí, lo admito. –cambie de tema. —Entonces, ¿tuviste miedo porque me excite?
Sus ojos se abrieron por completo y se sonrojo violentamente. —No puedo creer que estemos hablando de excitación y todo eso.
Reí entre dientes, debía eliminar ese pudor. — ¿Por qué te sonrojas? –seguí provocándolo.
—No es correcto, tu eres una señorita y debo respetarte y… y yo…
Me levante de la cama y camine hacia él. Edward dio algunos pasos hacia atrás mientras me acercaba, estaba huyendo de mí. — ¿Y tu…? –me mordí el labio incitadoramente.
Estaba nervioso, una gota de sudor se deslizo por su cuello. Edward pasó una mano por su cabello mientras respiraba agitadamente. Dios, como estaba disfrutando de esto.
—Bella, creo que nosotros… -trago saliva. —Esto no está bien.
—Tú has insistido que "esto" está bien, ¿Ahora estás de acuerdo conmigo? –sabía que no se trataban de cosas diferente, pero quería seguir poniéndolo nervioso.
—Sí, no, no es lo mismo. –cerro los ojos cuando estuve frente a él. —Nosotros, ahorita… tu y yo… Dios, ¡Ya lo sabes!
—No está bien estar besándonos enojados en una cama, ¿A eso te refieres?
Abrió lo ojos y el pulso se me acelero, sus mirada era hambrienta, sus ojos verdes ahora estaba oscuros y expresivos como siempre, demostrándome cuan excitado estaba.
Sentí pánico, por una parte eso quería lograr, ponerlo nervioso, enojarlo, excitarlo… pero me abrumo la rapidez con la cual mi cuerpo comenzó a reaccionar. Sin tocarme estaba totalmente mojada, podía sentir mi entrepierna húmeda y palpitante de deseo.
—Sera mejor que te vayas a tu habitación, no me siento bien. –pidió entre dientes.
Creía que no podía estar más excitada, pero me equivoque.
Su voz ronca se repetía en mi cabeza una y otra vez. Sin poderme contener estrelle sus labios contra los míos, besándonos salvajemente. Mis manos fueron a sus cabellos mientras las manos de él estuvieron en mi espalda baja, atrayéndome fuertemente a su cuerpo. Nuestras bocas se abrían con tanta rapidez, con tanta fuerza que estaba segura que cuando dejara de besarme me dolerían los labios. No es que me quejara, el solo sentir su aliento mezclándose con el mío era la sensación más exquisita que había experimentito. Edward cambio de posiciones, me coloco a mí contra la pared en un rápido movimiento. Gemí contra su boca y eso pareció regresarlo a la realidad.
Se alejo de mí lentamente, cerrando los ojos.
Nos quedamos en silencio, sabía lo que diría a continuación.
—No sé como disculparme, no debí, yo nunca, no sé como paso, perdóname… -se dio la vuelta dándome la espalda. —Me avergüenza mi comportamiento, siento haberte faltado el respeto… no sé que me paso, un momento estaba triste, después tu entraste y me enoje, luego me sentía confiado y nuevamente me sentí molesto y ahora estoy… -dilo, dilo, pedí mentalmente. Di que te excito, ¡Dilo! –Lo siento. –se disculpo por segunda vez.
Gruñí mientras caminaba hacia la puerta, debía darme una ducha con agua fría antes de dormirme. ¿Qué no la situación debía ser a la inversa?
—Buenas noches, Edward.
—Espera. –se giro hacia mí. —Entonces, ¿A qué punto llegamos?
—No lo sé, no lo sé. –gire la perrilla y regrese de nuevo a mi habitación.
.
.
Los siguientes días Edward estuvo corriendo al lado de Rosalie, después iban al gimnasio. Algunas veces Alice se unía a ellos, pero yo no iba.
No porque quisiera seguir ignorándolo. No, había comprendido que esa infantil actitud solo empeoraba las cosas, quería alejarme de Edward para no lastimarlo, pero ignorándolo de igual manera lo hería. Debía ir a platicar con él cuando estaba segura de que se encontraba solo.
Tiernamente no dejaba de sonrojase, recordando nuestro incidente. Si él se sonrojara delante de las chicas ellas atarían cabos con facilidad.
No quería eso.
No pararían de sermonearme y gritarme que recordara las reglas, que me apegara a ellas.
Pero ya no podía, era inevitable que buscara su compañía. Ansiaba que se fueran a dormir para que él viniera a mi habitación y comenzáramos a hablar, besarnos y bromear. Faltaba unos pocos días para que comenzaran las clases en la universidad y ahora si podríamos estar abrazados y susurrándonos palabras al odio. No más escondidas. No más juegos.
Emmett y Jasper no habían llamado desde nuestra discusión sobre Tanya. Aunque Edward no lo admitiera cada día estaba más ansioso, nervioso y trataba de ocultar la tristeza, sabía que quería arreglar las cosas pero su orgullo no lo dejaba.
—Deberías llamarles. –dije acariciando su cabello.
—Ellos deben llamarme a mí.
—No, Edward. No puedes pensar de esa manera, no antepongas tu orgullo sobre tu felicidad.
Suspiro mientras cerraba los ojos y disfrutaba de mis caricias. —Lo sé, pero necesitan aprender la lección. Si cedo ahora esperaran que eso pase siempre, eso no pasara.
Entendí su punto y me sentí feliz que esa fuera la razón por la cual no cedía primero.
—Pero creo que es a ellos quien no les interesa estar bien conmigo.
—No te preocupes. –bese ligeramente sus labios. —Ellos llamaran, este lunes entraran a clases y no perderán la oportunidad de iniciar el ciclo escolar sin Alice y Rosalie de la mano. –asegure.
Resoplo. —Entonces, ellos fingirán arrepentimiento por las chicas no por mí.
—Creo que será ambos…
Sonó su móvil. Edward saco su teléfono de su jeans, desde mi posición pude ver la foto de Jasper desde la pantalla, vacilante él acepto la llamada.
—Hola.
Estuvo varios minutos en silencio y poco a poco su cuerpo se tenso. —No, ellas no me tratan como basura, ¿Por qué debería preferir eso?... No, no y no. ¿Una oportunidad? ¿Para qué?
Se levanto de la cama y comenzó a caminar de un lado a otro furioso. — ¿Ella ha estado conmigo en las buenas y en las malas? ¿Dónde estuvo ella cuando Jessica recordó mis libros hace unos meses? Oh, ya lo recuerdo, a su lado, prestándole las tijeras. Todas las cosas malas me han pasado por su culpa…
Mis dientes rechinaron al darme cuenta de que hablaban de Tanya. Su primo debía de haber dicho algo malo para que Edward estuviera tan molesto.
—Por favor, ¿Crees que Alice y Rosalie se sacrificaran solo por ustedes? No, ellas no lo harán. Creo que cuando lleguen el lunes a clases James y Laurent las cortejaran y asunto arreglado. Ellos besaran sus pies todo el tiempo y nadie en la universidad los recordara…
Fruncí el ceño, ¿De qué diablos hablaban?
—Lo intentare, pero no garantizo ningún resultado. Sí ustedes son tan inocentes como para creer que Tanya ha cambiado no significa que ellas también lo sean… -de pronto Edward sonrió y deje de preocuparme, estaba feliz de que las cosas se estuvieran arreglando. —También me alegra que todo esté bien, nos vemos. –colgó la llamada.
— ¿Qué ha pasado? ¿Por qué te has enojado? ¿Quieren que sigas relacionándote con Tanya? ¿Por qué hablaron de Alice y Rosalie? ¿Quiénes son James y Laurent? –pregunte rápidamente.
Rio por mi curiosidad.
Se recostó otra vez en la cama y coloco su cabeza sobre mi pierna. —Ellos se han disculpado, han dicho que estoy en mi derecho de elegir mis amistades y que lo han comprendido…
— ¿Pero?
Frunció los labios. —Han tratado de que reconsideré mi decisión, argumentando de que Tanya ha estado conmigo en las buenas y en las malas mientras ustedes no. Dicen que Tanya está dispuesta a ofrecerme una disculpa, quiere que todo regrese a la normalidad. Nos han invitado a un pequeño bar a pasar la noche del viernes… dicen que Alice y Rose deben aceptar porque ellos se están sacrificando a ser sus novios. –bufó. —Desde luego, sé que es imposible que las chicas acepten, por eso le deje en claro que a ellas les sobraban candidatos, James y Laurent son chicos populares, les gusta salir con las mujeres más hermosas del campus. Tú eres la más linda. –agrego con rapidez.
Reí. —No te preocupes, entiendo. Sigue…
—Cuando les dije eso entraron en pánico, creían que pondrían a tus hermanas contra la espada y pared, pero están muy equivocados. Dije que intentaría convencerlas de asistir, pero que no prometo nada pues no creo en el arrepentimiento de Tanya. –suspiro. — ¿Cómo crees que se lo tomen las chicas?
—Ellas asistirán. –asegure.
Era importante para Edward, era la única manera de limar asperezas. Debíamos "fingir" simpatía por Tanya, al menos frente a sus primos.
—No lo creo, probablemente Rosalie me haga correr 10 kilómetros si lo sugiero y Alice me vestiría completamente de rosa al mencionar el nombre de Tanya.
—Te equivocas, nos sentimos muy agradecidas contigo por cuidarnos y protegernos. Por nuestra culpa han estado distanciados y hemos notado que has estado triste, podemos sacrificarnos unas cuantas horas. –sonreí sinceramente.
— ¿De verdad lo harían por mi?
Asentí con la cabeza.
—Además será de gran ayuda, estaremos en un lugar público, será como tu debut.
Rodó los ojos. —Sera como mi muerte. Tu, Rosalie, Alice y Tanya en la misma mesa. –se estremeció. —Toda una aventura.
Oh, sí. Toda una aventura.
Era la hora de vengarnos de ella.


16 comentarios:
Y la continuacion!!!??? para cuando!!!!? jajajaja muy bueno pero en serio...para cuando lo sigues!!!???
si mery ya nos tienes suspendidas varias historias... no seas mala!!!
Genial...me encanta... escribes genial ..lo bueno es que no te exiges..
Por que lo que das lo das con creces..
Querida Mery...tienes una creatividad impresionante..lo das todo me gusta.. deberías en serio escribir un libro armar una Saga...
Ya tienes a tu primera compradora...por cierto compulsiva con tus lecturas..
Besos
ohhhhh...porr dioss edwardd es superrr inocenteee aparte re caballerosoo y cuando besoo a bella apasionadamentee le pidioo dsiculpass por no respetarlaa ess unnn amorrrr estoyy completamnete enamoradaa de este edwardd...yy bueno menos mall que jasperrr llamooo aunquee no me quieroo imaginarr como va a irr esa reunion en el barr...me gusta como se estann acercando edwarddd y bellaaa...besotess!!
Caballeroso inocente, apasionado cuando quiere seguro de si mismo..... este chico no necesita cambiar, ya es perfecto!! Es un encanto! Esta historia de amor va a ser muy complicada, aunque creo que Alice ya no esta tan interesada en él =S
siiiiii
venganza jajaajaj
asi q edward enojado es sexyyyyyy jaajaja
saludos
me ha gsutado
Sigo con los halagos para Edward. Hasta enojado es sexy :d
Esta Alice debería aprender a meterse en sus asuntos y dejar a los demás vivir su vida! Aunque claro, el que ella haya interferido ha hecho que se mostrara un Edward más pasional! :s
Me alegro de que las cosas con los chicos vayan por buen camino, eso sí en esa cita puede pasar cualquier cosa,...
aaa... esta buenisiimoO... el sgte cap. ni me quiiero imaginar... =)
Excelente!!! Besiitos...
oooouu :i buen capitulo zD
Me gusta que en este fic se arreglan los malos entendidos rápidamente. Edward es sumamente inocente, jijiji, bien tierno, haber que piensa cuando Bella le enseñe el arte de amar, jaja.
Te sigo leyendo, otro capítulo muy divertido.
Edward todo nervioso pobre!!! me encanta
jaja
ahora viene la venganza
contra tanya
:l
Me Gusto :D
Ese Edward Fue Tan Sin Palabras xD
Ahora A Leer El Siguiente :D
geniaaal! simplemente estoy sin palabras!!
q lindo q ed gatee para buscar a bella cuando rose y alice duermen!! amo esta historiaa
Caray u.u Al fin se hablan como dos personas civilizadas ;) lindo el capítulo, ahora veremos la venganza hacia Tanya muahahahaha :l apoyo a Edward
>,<
jijijiji xD
Con afecto Kathy.
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