22 enero, 2013

Hasta Que El Amor Nos Separe: La Expulsión


Twilight es propiedad de Stephanie Meyer, la trama es mía y prohibida la copia total o parcial de la historia. Att. MerySnz
Bella Swan era adicta a los chicos malos. Llevaba años enamorada del peor hombre, su mejor amigo, pero ahora él quería cambiar las cosas. ¿Podrá amar al ahora príncipe azul? "Seré tu amigo hasta que el amor nos separe"


Bella Swan, Actualidad.
Evito mi mirada, lo cual me dijo que se sentía culpable por aquella ocasión. Me encogí de hombros, había ocurrido tanto tiempo  ya no tenía caso discutir por ello.

—Supongo que el hecho de que no recuerdes ni siquiera su nombre debería de alegrarme —Mis labios se curvaron ligeramente.

—Supongo… —Su voz se desvaneció, por unos momentos estuvimos en silencio, después agregó—: pero aprendí mi lección y no volverá a ocurrir. Se podría decir que después de eso me porte relativamente bien.

Dejé escapar una carcajada. ¿Relativamente bien?

—Define “bien”,  Edward.

—Bueno —Hizo una mueca—, no fui ni soy un caballero en toda la extensión de la palabra, sin embargo me mantuve lejos de los problemas. De hecho —sonrió y su mirada brillante se encontró con la mía—, fuiste tu quien se metió en problemas inmediatamente.

¿En qué momento pasamos de hablar de su mal comportamiento al mío?

—Se trataba de ti, no de mí —señalé.

—Lo sé, pero no pude evitar corregirte. Fuiste tú quien no se porto relativamente —dijo la última palabra con comillas en el aire—, bien. 

Hice una mueca, casi segura de saber a que asunto se refería. —No me porte mal, sencillamente me defendí.

Arqueó una ceja, vislumbré en él un poco de su típica actitud arrogante. No todo se había ido.

—¿Defenderte? —Sus cejas subieron y bajaron con incredulidad—. Bella, al pobre hombre lo dejaste si descendencia.

—Ja. Ja. Muy gracioso, él ya tenía hijos. Además,  alguien necesitaba darle un lección de humildad y…

Me interrumpió. —Que ironía —Besó la punta de la nariz.

—Sabes, algunas veces me arrepiento de lo que hice. Durante mucho tiempo mis empleos fueron mal pagados, pero hoy puedo decir con orgullo que me gusta lo que hago y estoy allí gracias a mi esfuerzo y dedicación, no he llego hasta aquí por besarle el trasero a nadie.

Asintió. —Estoy de acuerdo contigo, a pesar que en su momento no lo estuve —suspiró—. ¿Pero no podrías haberle dado una disculpa-no-sincera para no herir tu orgullo ni el de él?

—¿Y soportar su sonrisa de satisfacción el resto del curso? No. La mayoría de las veces no me arrepiento.

—La mayoría de las veces —No fue una pregunta, si no una afirmación—. Pero yo sí me disculpe por ti, Bella.

Fruncí el ceño, sin comprender del todo su última frase. ¿Qué quería decir con que él se disculpo?

—¿Con quién te disculpaste y por qué?

—Con el Doctor, para que intercediera por ti.

—Te pedí que no lo hicieras —Casi grité—. Me dijiste que no lo harías. No, me prometiste que no lo harías.

—En ese entonces no tomaba muy enserio mis promesas —Se disculpo con un encogimiento de hombros—. Yo soy quería seguir teniéndote a mi lado, de eso me declaro culpable.

Su voz no tenía ni una pizca de disculpa. Eso me exasperaba.

—¡Edward! ¿Por qué esperaste hasta hoy para confesármelo? —Lancé las manos al aire como gesto de exasperación.

—Debido a que ya no me acordaba. Si tu no podías disculparte, yo  sí.

—Pero tu… pero tu… —No te disculpas nunca.

Él entendió mis palabras no pronunciadas.

—En ese momento yo sólo  pensaba en no perderte, en el daño que te ocasionaría ser expulsada de la universidad, no sólo académicamente, si no con tu familia, tu futuros empleos, y más que nada, yo no quería perderte. Pensaba que ese sería nuestro fin, tú te marcharías o te alejaría de mí. Pensé que yo estaría tomando clases mientras tú ya no tenías el apoyo de Charlie y Renee, y te mudarías de regreso a Fork —Tomó una bocanada de aire—, pensé en muchas cosas.
—Edward, no te librarías de mí tan fácilmente…



Bella Swan, 23 años.

Mis deportivas golpeteaban con impaciencia el suelo de mármol, sequé mis manos contra la mezclilla de mis vaqueros, y sin embargo el nerviosismo de desaparecía.

Me encontraba afuera de la oficina de mi maestro de Psicología, un tipo pomposo con el ego por el cielo. Si a mi me preguntaban, su coeficiente intelectual es el de un bebé de dos años. Sin embargo, tiene estudios y postgrados en las universidades más reconocidas del país y contaba con el respeto de la junta directiva de la universidad.

Para mi era un viejo rabo verde que le gustaba coquetear con sus alumnas creyéndose Robbie Williams. Seguramente tiene fantasías de nosotras subiéndonos a los escritorios y gritándole: “Oh, capitán, mi capitán”.

Le había pillado mirando la entrepierna a una compañera que usaba falta y descuidadamente se sentó mal. También lo pillé mirándome el escote la semana pasada y cuando entramos a clase ayer sentí una mano posarse en mi trasero, pero había tantos chicos detrás de mí intentando entrar al aula junto con el maestro que no podía acusar a nadie. Pero estaba segura que fue él.

A pesar de los incidentes, me había citado hace unas horas a su oficina. Mentiría si dijera que su clase es una de mis materias favoritas. Así que no me esforzaba por participar y sobresalir en mis notas, sin embargo entregaba los trabajos a tiempo.

Y era la incógnita la que me tenía nerviosa. ¿Para qué me cito?

No ayudaba saber que él estaba solo en su despacho y sin embargo no me recibía. Me hacía esperar con un propósito, ¿Pero cuál?

Cuando por fin el reloj en el pasillo mostró la hora en punto, él salió de su oficina. Su ropa impecable y ajustándose sus gafas.

—Pase, Srta. Swan. Acabo de desocuparme.

Mentira.

Caminé con paso decidido dentro de su oficina, fingiendo una seguridad que no poseía. Sin esperar invitación me senté en la silla frente al escritorio.

Miré sin disimulo a mi alrededor, estantes llenos de libros en las cuatro paredes, un largo sofá a mi lado derecho, una maceta con una extraña planta en una orilla, un archivero plateado con una cafetera sobre ella y su escritorio viejo y elegante era todo lo que había en ella. De hecho, su moderna portátil sobre el escritorio de caoba era demasiado llamativa entre tantas cosas antiguas y… viejas como su dueño.

—¿Puedo saber para que me citó aquí? —Me eché para atrás para verlo  encender la cafetera antes de sentarse detrás del escritorio, después pasó sus manos sobre sus pantalones.

Bien, no soy la única nerviosa.

—He revisado el último trabajo que me entrego.

Oh, era eso. Bueno, mi trabajo no fue el más elaborado, ni el basado en mejor investigación, pero era claro, conciso y coherente. No esperaba la nota más alta, pero tampoco una baja.

Buscó entre varios folder hasta que dio con el que supuse era mío.

Basándome en las observaciones, la mejor técnica para disminuir o acabar con el consumo del cigarro es la fuerza de voluntad. Sin ella, lo demás no aportará cambio alguno.  —Leyó.

—Sí, sé que no es la deducción más asombrosa, pero estoy segura de que es la más correcta.

—Sus compañeros entregaron trabajos más… ¿estimulantes?

—¿Qué tiene de estimulante trabajos amarillentos? Las personas controversiales disfrutaran de leer escritos controversiales, no me interesa escribir sobre el perfil del último adolescente incomprendido que decidió matar a sus compañeros de clase.

Enrojeció. —¿Y escribir sobre “cómo dejar el tabaco” no considera que es algo de preparatoria?

—¡Claro que no! Pero la mayoría de mis compañeros fuman demasiado, es una adicción.

—Usted también es una adicta —Interrumpió.

—¿Perdón? —¿Acababa de llamarme adicta?

Tomé una bocanada de aire, el aroma de café recién hecho me tranquilizo.

—Me atrevo a decir que usted fuma desde temprana edad. ¿Me equivoco?

No, pero no pensaba admitirlo.

—Entonces estoy aquí porque considera mi trabajo mediocre —No fue una pregunta.

—No, pero puedo haber hecho un trabajo más complejo.

Se levantó se su silla y fue al archivero detrás de él, lo vi llenar dos tazas con café hirviendo. No quise señalar que yo no quería café, pero en la situación que me encontraba no quería buscar más pelea.

Dejó una humeante taza frente a mí y la otra frente a su silla para proceder a sentarse. —Me disculpara si no le ofrezco crema, suelo beber mi café negro.

Asentí, pero no tomé mi café.

—Mi trabajo no es el más original, sin embargo es claro y conciso.

—Exactamente por eso está aquí.

—¿No es claro y conciso?

—No es el más original —Bebió café y después ojeó nuevamente mi trabajo—. Este trabajo ya ha sido entregado antes.

Lo miré confundida. —¿Alguien más entregó un trabajo sobre la adicción al cigarro? ¿También citó a las veinte personas que entregaron su análisis sobre desequilibrados-mentales-que-matan-a-compañeros-de-clases?

Suspiró y ajustó sus gafas. —No, la cité a usted para decirle que su trabajo es igual en cada palabra. Plagio su trabajo, en esta universidad no aceptamos el robo del trabajo ajeno.

Mi cara debió de ser un poema, porque yo estaba realmente confundida. —Sigo sin entender, ¿me puede decir de quien es ese trabajo del cual yo supuesta robé?

—No es de un compañero de clase.

—¿Fue de algún otro grupo?

—No, de hecho no es de está universidad.
—Entonces es imposible que sea plagio, quizás es parecido y las grandes mentes piensan igual —Traté de bromear.

—No entiende el problema en el que está medita, ¿verdad? —Su voz un poco dura—. Podrían demandarla, expulsarla de la universidad, ficharla en las empresas…

—Pero, pero, pero… —tartamudeé.

—Pero podemos solucionar el problema —Se levantó, rodeando el escritorio y posicionándose detrás de mí—. No tengo porque informarle al decano de mi descubrimiento.

—Le aseguró que debe de ser un error —dije con ímpetu—. Le doy mi palabra.

—Aquí el valor de la palabra carece de significado —Su mano se posó en mi hombro y me estremecí, mordiéndome el labio, deseando con vehemencia que no sean imaginaciones mías sus insinuaciones.

—Entonces, que sean los hechos. Busqué el análisis original y comparemos. Estoy segura de que debe ser un error.

Chasqueo la lengua, su aliento soplando el cabello en mi cuello. —Es un plagio si yo lo digo, Srta. Swan.

¿Trataba de decirme que todo era un invento? Mis manos se hicieron puño.

—Usted… usted —No podía hablar del coraje—. ¿Acaso me está chantajeando?

—No, no la estoy chantajeando, ¡Claro que no!  Si usted se acuesta conmigo bajo coacción se le llama violación. Y usted quiere esto tanto como yo, ¿No es así?

Me congelé, sin poder mover ni un músculo. ¿Quería acostarse conmigo?

Eso ha querido desde el comienzo, tú lo has sabido siempre, dijo una vocecita en mi mente.

Cuando por fin pude hablar, me sorprendió la decisión en mi voz. —Ni en sus sueños, viejo asqueroso —Tomé la taza de café y sin dudarlo me giré en mi silla para vaciar el líquido en sus piernas.

Se echó hacia atrás inmediatamente, sus manos en sus entre pierna, quejándose del dolor. Cayó contra el sofá y se hizo un ovillo.

Me levanté con tal fuerza que la silla tocó el suelo.
—Si intenta algo más lo acusaré con el Decano, pervertido.

Salí dando grandes pasos, pero en cada metro que avanzaba la duda crecía y crecía más. ¿Y si le creían más a él que a mí?

***

Cuando el Decano me llamó horas más tarde no me sorprendió, tampoco me impresionó que el Doctor estuviera detrás de él, con su mirada lanzando dardos en mi dirección. El Decano no creyó ninguna de mis explicaciones y yo no era de las que suplicaban. Si ya estaba decidido mi expulsión no me humillaría. Para él, tirar el café fue mi amenaza para que no se atreviera a divulgarlo.

Salí con la frente en alto, como si ser expulsada no me afectara en nada. Sólo cuando estuve en la soledad de mi habitación fue cuando me desmoroné. ¿Y ahora que hacía? ¿Cómo se lo decía a Charlie y Renee? ¡Edward! ¿Cómo se lo digo a Edward? No puedo comenzar desde cero en otra universidad…

Oh, Dios. ¡Maldición! Pude haber hecho las cosas de otra manera. Pude mandarlo al diablo con más educación o pude…

No podría haberme acostado con él. Llevaba meses durmiendo con Edward y no soportaría acostarme con dos hombres al mismo tiempo. Apenas podía respirar del llanto tan fuerte.
Cuando escuché que la puerta principal se abrió intente tranquilizarme, sabía que Rosalie tenía clases todo el día y sólo podría ser Edward.

Apenas limpiaba las lágrimas con la manga de mi sudadera cuando él entró. En un parpadeó estuvo a mi lado.

—¡Mierda! ¿Qué ocurrió, Bella? ¿Qué te tiene así?

Intenté contestarle sólo sollozos salieron.

Me sujeto de los hombros, podía ver en sus ojos sus ganas de sacudirme. Vi cuando la idea pasó por su cabeza. —¿Estás herida? ¿Te han hecho algo?

Negué con mi cabeza, y abrí la boca para hablar, pero nada salió. Sólo más sollozos, más gemidos y jadeos.

Edward me acercó a él, pasando sus brazos alrededor de mis hombros, reconfortándome.

—¿Paso algo con Charlie?

¡Oh, no! Charlie me odiara cuando se enteré.

Mis sollozos se hicieron más fuertes mientras cerraba los ojos y me esforzaba por mascullar un: —No.

—Entonces, ¿Qué ocurre?

—Hoy… —Sorbí mi nariz con la manga de mi sudadera, sintiéndome incluso peor—, hice algo malo. Le grité al imbécil de Psicología,  ¡Y estaba tan molesta! ¡No pensé en las consecuencias!

Él se tenso, percibí su rigidez. —¿Qué hiciste, Bella?

—Me acusó de plagiar un trabajo, y me ofendí y lo insulte, y después, y después…

—¿Y después? —preguntó con dientes apretados.

—Le arrojé café hirviendo en las piernas.

—¿Por qué has hecho eso? Sabes que ese Doctor atraer muchos fondos para la universidad. Puede ser un cabrón arrogante, pero tienes que aguantarlo. Deberás pedirle una disculpa.

—Eso ya no importa.

—Claro que importa —Insistió él—. Cuando el Decano se entere…

—Ya se entero —Lloré—. Y como no quise disculparme me han expulsado, Edward.

Él se apartó de mí, mirándome entre sorprendido y molesto. —¿Ahora qué diablos harás? No hay buenas universidades próximas aquí, ¿Piensas marcharte? ¡Ponte tus zapatos! —ordenó.

—¿Para qué?

—Te llevaré a que pidas una disculpa, no dejaré…

Lo interrumpí. —No, Edward. Dije fuertemente que no le pediría disculpas a un viejo libidinoso.

—No me importa. Pedirás disculpas, así tenga que llevarte arrastrando de los cabellos —dijo lentamente, como advertencia.

Y yo no lo haría.

Me enfrentaría a las consecuencias, pero no me retractaría.

Y eso significaba pasar sobre Edward.

Edward intentó levantarme de la cama, pero yo me rehusé. —He dicho que no.

—Te he escuchado, eso no me importa. No dejaré que arruines nuestro futuro por orgullo.

¿Nuestro? Tu no estás expulsado, sólo yo. No estoy de humor para soportar recriminaciones.

Yo ya sabía que metí la pata, no lo necesitaba a mi lado recordándome como arruiné mi vida.

Lo vi masajear sus sienes, la ira relampagueando en sus ojos.

Swan, te has acostado con otros profesores anteriormente por calificación, ¿Ahora te haces la santa?

¿Cómo reaccionaría si le confesara que sólo quería que él me tocara?

—¿Prefieres que me prostituya por una calificación, Edward?

Lo haces sonar tan burdo. ¿Comprendes que ya no nos veremos más? ¿Comprendes que no sé que haré sin ti?

—¿Prefieres que me prostituyas para que no me pierdas, Edward?

Enrojeció, ahora tenía su dedo e índice en el puente de su nariz. Vi sus labios moverse para contar hasta diez, luego suspiró y dijo—: Por que no me cuentas con detalles como ocurrió todo.

Lo hice, sin omitir nada. Él caminaba de un lado a otro por la habitación.

—Ese cabrón, me las pagará.

—No, Edward,  no lo hagas. Ya es suficiente con mi expulsión para que sean dos.

Me miró sobre su hombro. —Luces horrible.

Le lancé la almohada. —Cállate.

Fue hasta el buró y sacó una caja de pañuelos desechables. No recordaba tener pañuelos, quizás la razón sea que yo nunca lloro.

Se sentó en el borde de la cama y puse mi cabeza en sus piernas.

—¿Y ahora que haremos?

Suspiré. —No sé, hoy no quiero pensar en el futuro.

Arqueó ambas cejas. —Yo si quiero pensar en el futuro, joder. Debería ir yo a disculparme por ti.

—Edward, por primera vez en tu vida, ¿Podrías apoyarme?

—Esa sería mi manera de apoyarte, Swan.

Volví a suspirar, está vez de cansancio. —Prométeme que no te disculparas. Ellos deberían disculpase conmigo, no yo con él.

—Pero…

—Pero nada, Edward. Por favor, promételo.

Su zapato golpeteó el suelo con impaciencia. —De acuerdo, lo prometo —dijo de mala gana—. Ahora, ¿Puedo intentar hacerte sentir mejor?

—No estoy de humor para sexo.

Su mano se posó en mi caja torácica, con suavidad acunó mi pecho y sólo pude cerrar los ojos, entregándome a las sensaciones.

Y eso fue lo que decidí que necesitaba. Entregarme a las sensaciones y no pensar en el mañana.

22 comentarios:

Aryam Shields dijo...

Ok espero se vea mi comet soy negada para los blogs que rico se siente volver a leerte mujer!!:a

Clara Hernández dijo...

Que asco con ese tipo , acusarla de plagio par poder acostarse con ella, espero que el café le haya quemado el pilin :l

Y que onda con Edward, que le dice que ya se ha metido con otros profesores , que le cuesta meterse con uno más.


Gracias por el capítulo , y extrañaba leerte :i

LoVve dijo...

Es tan pero tan bueno leerte de nuevo!!!!!!! Excelente capítulo como siempre!!!!! Me encanto !!!!! Muchos saludos y espero sigas con tus historias!!!!!

Amafle dijo...

:n Que lindo ese Edward :g

Mery mija hace tiempo yo te diría cosas como "por dios otro capppppppp" moriré si no te leo de nuevo" "cuando actualizas" pero he MADURADO.

Ahora solo te diré "eres una malvada :l por privarme de tu pluma, me comí las uñas, incluso las de los pies y ahora quiero saberrrrrrr masssssssssss de la vida de estos dos, por favorrrrrrrrrr no me dejes asíiiii"

Como puedes ver lo de madurar fue una gran mentira.

Gracias por el cap

Nikki dijo...

Todo un príncipe Edward, salvando a su mujer :n de ese viejo asqueroso! uno ve cada cosa en la universidad.
Muy contenta con que hayas vuelto Mery :t

Cami dijo...

aww estas de vuelta, Edwi<3!

Paulina dijo...

Buen capitulo, esperando que puedas seguir actualizando, suerte :i

AinhoaVSbooks dijo...

Yay! Hacía tanto tiempo que no leía este fic... ;) Espero que sigas actualizando. Besos! :*

Ebrume (Ana) dijo...

Parece mentira, pero no tuve que releer ningún cap anterior, me acordaba perfectamente en qué punto estaban.
Me alegra que hayas retomado la historia.
El profesor ese me dio mucho asquito!! Y por una parte espero que Edward en lugar de disculparse le amenazase o algo xD
Nos leemos en el siguiente
Bikos

johanna dijo...

Regresaste....Me alegraste la noche Mery :a gracias por el capitulo, extrañaba tanto esta historia

Slaya Witch dijo...

Meryyyyyyy feliz que hayas regresado, como andaba perdida por los rumbos de la vida, tu historia me trae alegria.
Como pasa en muchas universidades hay viejos verdes siempre querieno sacar provecho buena lo del cafe.
Buena suerte, espero que te vaya bien saludos para ti y todos los que leen

Ada dijo...

Mery!! Que alegría leerte de nuevo!! Estoy en un momento de mi vida, que volver a leer estas maravillosas historias me va a venir genial. Te he echado mucho de menos, pero a tu vuelta, como siempre, tus capítulos nunca defraudan. Son maravillosos como siempre.

Gracias por este maravilloso regalo.

Suerte y que todo vaya genial.

Sisi bunny dijo...

Si Bella no le hubiera lanzado el café no seria Bella BIEN POR ELLA

TataXOXO dijo...

Ohhh si!!!! jajaja me encanta que Bellita no se deje, despues de todo el cabron del profesor es el culpable, pero lamento que Edward haya tenido esa actitud, despues de todo debio haberla apoyado y no esperar a que le contara lo sucedido, ¿no?
Besos gigantes!!!!
XOXO

Missy Lkris ♪ dijo...

Argggg!!! Pinche viejo condenado grrrrrr.. espero que hayas tenido una quemadura de tercer grado por mequetrefee!!! :s jajajaja

Waaaaaa... :n bravo para nuestro Ed.. porque aún sabiendo q en ese tiempo era bien chingon... sabemos que apreciaba y valoraba aunq sea sin saberlo a Bell's :3 :3.. :g

*********w********* Muchisimas gracias Mery por retomar la historia. Siempre es un placer poder volver a leerte :D :a

Anónimo dijo...

aaaaah que maravilloso este retorno, me encanto el capitulo

saludos

ilian rodriguez pattinson dijo...

O QUE BUEN CAPITULO, ME ENCANTA LA HISTORIA...... GRACIAS X EL NUEVO CAPITULO ;)

Berenice dijo...

Omg!!!!osea desde enero el capi y yo apenas lo leo!!! Ke verguenza!! Ahhh ke bien k ya actualizaste!!!me haces tan feliz!!
Y ahhh adoro a edward!!! Siempre sera asi!!! Espero ke el jodido decano regrese a bells a la escuela!!!
Cuidate mery y gracias por la actualizacion!!! Ahora si pendiente del siguiente capitulo!!

José María Souza Costa dijo...



Invitación
Soy brasileño.
Pasei acá leendo , y visitando su blog.
También tengo un, sólo que mucho más simple.
Estoy invitando a visitarme, y si es posible seguir juntos por ellos y con ellos. Siempre me gustó escribir, exponer y compartir mis ideas con las personas, independientemente de su clase Social, Creed Religiosa, Orientación Sexual, o la Etnicidad.
A mí, lo que es nuestro interés el intercambio de ideas, y, pensamientos.
Estoy ahí en mi Simpleton espacio, esperando.
Y yo ya estoy siguiendo tu blog.
Fortaleza, la Paz, Amistad y felicidad
para ti, un abrazo desde Brasil.
www.josemariacosta.com


MaxiPau dijo...

Mery!
Regresaste, que bueno que estas por aqui otra vez.
Me gusto la manera de reaccionar Bella, aunque debio decirle a Ed porque no pudo acostarse con ese viejo feo.

Gracias por este cap.
Saludos

Lluvia dijo...

Hola Mery!

Aquí ando leyendo el blog de nuevo, casi me he aprendido tus historias de memoria.

Por cierto, soy Ada, pero a partir de ahora, si no te importa, comentare como LLuvia ya que he comenzado un blog y así firmo ahora.

Espero que sigas bien!!

Un abrazo desde la distancia

Unknown dijo...

Hola te leo desde que estabas en fanfiction y ahora es que veo tu blog y veo que tienes tiempo sin actualizar. Vas a continuar?
Espero estes bien.
Saludos

Publicar un comentario

Peliculas populares

Publicidad