Twilight es propiedad de Stephanie Meyer, la trama es mía y prohibida la copia total o parcial de la historia. Att. MerySnz
Treinta cartas con diferentes posturas sexuales, dos días a la semana para realizarlas. ¿Podrán jugar sin que surjan sentimientos? "Solo saciaremos nuestra hambre y curiosidad. Cuando terminemos con las posiciones el juego se acaba"
Arco
— ¿Qué pasa con el brindis?
—No te he dicho algo muy importante. –me tensé de inmediato, su voz era seria, encendí la luz de la lámpara de al lado y la miré a los ojos, esperé a que hablará. —Te amo. –sonrió ligeramente.
Y yo sólo pude quedarme callado.
La sonrisa de Bella poco a poco se desapareció hasta que sus labios formaron una línea recta, noté sus ojos llorosos, ella trataba de no llorar frente a mí. Y yo me sentí un canalla, ¿Pero qué debía hacer? Esto era diferente, lo nuestro no se comparaba con mi antigua relación con Tanya. Mi ex novia sabía que sentía un gran aprecio por ella, nunca me presiono para decir esas palabras. Pero frente a mí no se encontraba Tanya, Bella me miraba directamente a la cara, tratando de leer mis emociones, pero ni un músculo de mi rostro se movió. Tenía cara de póker.
—Di algo. –pidió entre dientes.
Tragué saliva. No sabía que contestar. Estaba confundido, notaba en su mirada un amor que nunca noté, que ella había escondido demasiado bien. La quería como mujer, pensaba en ella la mayoría del día, mi cuerpo la extrañaba a pesar de estar sólo unos escasos segundos separados, era adicto a sus caricias, besos y a su presencia. Inconscientemente me había vuelto un cursi marica como Jasper, dominado bajo su voluntad, sólo por evitar una pelea. Mi mirada la seguía, no sé en qué momento se convirtió en mi sol, y yo constantemente caminaba a su alrededor, no podía pasar un minuto sin que mi mirada buscara su presencia. No sé en qué maldito momento la situación cambio tanto, tantos sentimientos me abrumaban. No tengo idea de qué hacer con ellos.
Dejé de pensar cuando sentí que se levantaba de la cama. —Espera. –le rogué.
— ¡Vete a la mierda, Edward! ¡Te odio! Ese día escuché como le confesabas a los chicos que estabas enamorado y ayer le has dicho que me quieres y que me deseas demasiado. Creí que lo decías en serio, pero como siempre se trata de ti, con facilidad me equivoco. –rió secamente y una lágrima rodó por su mejilla. —Debiste haber mentido para quitarte de encima a Emmett. -abrí la boca para decirle que estaba equivocada, pero al verla tan enfurecida me retracté. — ¡Jódete, Edward! –caminó hacia la puerta y yo no hice nada para detenerla, se detuvo en el marco de la puerta unos instantes. —Que estúpida soy. –siguió su camino.
Y otra vez, sólo pude quedarme callado, sin ser capaz de moverme o articular una palabra.
Mi mente era un caos, sus palabras se repetían en mi cabeza como una grabación: "te amo, te amo, te amo" las palabras resonaron en mi cabeza, haciendo eco en el vacio de mis pensamientos.
Con mucha concentración pude bajar la cabeza y froté mis manos en mi rostro, ¿Qué diablos hice? ¿Por qué esas dos simples palabras pueden complicar tanto una relación? Resoplé molesto, ¿Por qué diablos no la detuve? Ella a propósito se detuvo en la puerta, esperando que le pidiera que se quedara y yo no pude hacer nada. Nada. Soy un estúpido.
Sentí un nudo en mi garganta y la culpabilidad me llegó de golpe, me levanté de la cama con rapidez y corrí hacia su habitación. Necesitaba pedirle una disculpa, rogarle por su perdón. ¡Mierda! Eché a perder todo lo que teníamos hasta ahora. Recorrí inconscientemente cada habitación del dormitorio, las cuales no eran muchas, en ningún lugar se encontraba.
El miedo comenzó a dominarme, ¿Y si me dejaba? ¿Y si regresa con Jacob? ¿Y si…? Me mordí el labio y sentí una gota de sudor frio escurrir por mi cuello. ¡Por Dios! ¡ ¿Qué he hecho? !
Escuché un sollozo y dejé de caminar de un lado a otro, escuché atento a cualquier ruido. Y otra vez volví a oír el sollozo, pero estaba vez más fuerte. De inmediato me di cuenta de que provenía de su habitación y quise golpearme contra la pared más próxima por no haber entrado a su recamara. Nervioso toqué la puerta. —Bella, ¿Podemos hablar? –pregunté vacilante.
—De todas maneras entraras. –su voz sonó ronca por las lágrimas.
Abrí la puerta con lentitud, la habitación tenía las luces apagadas pero ella veía la televisión junto con un gran cubeta de helado de fresa, ni siquiera me volteó a mirar, la cuchara se hundía con brusquedad en el postre y después llevaba una jugosa cantidad a su boca, dejaba que el helado se derritiera en su boca, lo saboreaba y de nuevo la cuchara volvía al ataque. No la había visto actuar así desde que tenía 13 años y una chica compró la última edición de un libro que llevaba esperando desde meses.
— ¿Qué quieres? –preguntó con voz fría, sin despegar su vista de televisión.
Caminé hacia la cama y me senté con ella, noté que a su lado estaba la caja de un DVD, leí el nombre, "Todas contra John". Tragué saliva y pase la mano por mi cabello.
—No sé qué decir. –admití.
—Pues no digas nada. –siseó.
Cerré los ojos, ella no hacía la situación más fácil para mí.
—Bella. –rogué. —Tenemos que… -sin previo aviso introdujo la cuchara con helado en mi boca, el frio postre hizo que me dieran arcadas y corrí hasta el baño para tirar la comida. ¡Mierda! ¿Qué le pasaba? ¿Por qué diablos metió casi medio litro de helado en mi boca?
Regresé a la cama muy molesto. ¡Eso me ganaba por preocuparme por ella! ¡Malditas mujeres! ¡Todas están locas!
—Te lo merecías, te advertí que te callarás.
Resoplé y conté hasta diez. Soy lo suficiente inteligente como pasa saber que sí le reclamó por casi matarme me ira peor y ya tengo suficiente problemas.
—Tenemos que hablar, no podemos hacer como si esto no hubiera pasado.
Ella cerró los ojos un momento y después los volvió abrir mientras giraba su rostro hacia a mí. —Yo puedo hacerlo, así que tú también podrás.
—Debes estar bromeando. –dije, pero en el fondo sabía que lo decía enserio, ¿Cómo diablos iba a fingir que no había pasado nada? ¿Cómo actuaría sí sé que ella me ama?
—Lo digo muy enserio. –habló mirándome directamente a los ojos.
— ¿Estás segura? –pregunté en un susurró.
Asintió con la cabeza y volvió a mirar la televisión.
Me levanté de la cama y me detuve en la puerta en un acto tan dramático como el que ella hizo, con la esperanza de que dijera que deseaba hablar, que me gritará o me golpeará, pero ella no hizo nada. Y en esos momentos experimente la misma situación y quizás el mismo dolor que provocar el silencio.
No olvidaría el asunto, pero le daría tiempo para que se le pasara el enojo, además, yo también necesitaba tiempo, no estoy seguro de mis sentimientos.
El jueves por la tarde estaba en el dormitorio de Alice y Jaz, las chicas habían salido y nosotros estábamos en la mesa de la cocina jugando cartas. Como estaba de un estado de ánimos de perros Jasper me estaba dando una paliza, ya me había ganado cien dólares y apenas estábamos entrando en calor.
— ¿Qué le has hecho a Bella? –preguntó calmadamente Emmett.
—Nada. –mentí.
—Mientes. –rió entre dientes. —Las chicas han ido a blockbuster, van a comprar pizzas, hamburguesas, helado y bombones, pasaran toda la noche con ella. –me miró con burla. — ¿Alguien se quedará sin sexo?
Cerré los ojos y por un instante me arrepentí de burlarme de que Rose dejará en abstinencia sexual a mi amigo, pero luego recordé como se enojaba y mi arrepentimiento se fue al diablo.
—Está enojada conmigo, pero ella nunca me dejaría sin sexo.
Jasper dejó de observar atentamente sus cartas y arqueó una ceja. —Debes haber metido la pata hasta el fondo.
Bebí un poco de mi cerveza. — ¿Por qué dan por sentado que soy yo el culpable?
—Fácil, Bella esta más enojada contigo y a pesar de que tú le has besado el trasero todo el día ella no te dirige ni la mirada. –Emmett fue directo y su voz fue burlesca, disfrutaba verme en esta situación.
Hice una mueca de dolor, era verdad. Incluso le compré flores y sólo me dijo "gracias" con frialdad, traté de hablar de nuevo con ella pero fingió no saber de lo que hablaba y su sarcasmo me tenía harto.
—Es un pequeño problema, pronto todo regresará a la normalidad. –dije mas para mí mismo que para ellos.
Mi rubio amigo silbó incrédulo. —Sí tú lo dices. –se mofó.
—Deja de hacerte del rogar y dinos. –Emmett se moría de la curiosidad.
—Ustedes son tas chismosos, como viejas pasando rumores de un lavadero a otro. –bromeé en un intento de que Jasper se molestara y de reojo pudiera ver sus cartas.
Y lo logré, el maldito suertudo tenía un par ases y mis cartas no formaban ninguna jugada. ¡Otros diez dólares para él!
— ¡Yo no soy chismoso! Yo no te he pedido que me cuentes tus problemas de erección.
¿Problemas de erección? Eso que tiene que ver con mis problemas con Bella. — ¿De qué diablos hablas?
Se encogió de hombros. —Bueno, si no mal recuerdo… -frunció ligeramente el ceño. —A pesar de haber ido a golpear a Jacob, de haber ido a un club nudista y de coquetear descaradamente con Jessica, en ningún momento Bella te ha ignorado o ha durado enojada tanto tiempo. Debiste de fallar en la cama.
Rodé los ojos, a veces las conclusiones de Jasper eran absurdas.
—No tiene nada que ver con sexo.
— ¿Pagas por ver? –Jaz señaló sus cartas que estaba ahora en la mesa.
—No voy. –no le regalaría cinco dólares.
—Entonces, ¿Cuál es el problema? –dijo Emmett sacando cinco dólares de su billetera y dejándolo en el centro de la mesa.
Tomé una gran bocanada de aire, no tengo idea de cómo tomen la situación los chicos. —Bella escuchó nuestra plática el lunes y el martes.
Jasper se tensó, podía escuchar los engranes en su cabeza moviéndose. — ¿Todo? –golpeó su frente con la mesa.
—No lo sé. –fruncí el ceño.
— ¿Qué pasa? –Emmett miraba preocupado a Jasper, bajó sus cartas a la mesa. — ¿Jasper? –lo llamó al ver que no contestaba.
— ¿Qué escuchó el martes?
Emmett me volteó a ver tratando de saber si yo entendía a nuestro amigo, yo negué con la cabeza respondiendo su pregunta silenciosa. —No lo sé, Bella sólo dijo que escuchó nuestra plática del lunes y martes. ¿Por qué te pones así?
Jasper levantó su cabeza de la mesa. —Por qué el martes yo dije que amaba a Alice y tanto como el lunes como el martes Bella se reunión con nosotros al mismo tiempo que Ali.
Comprendí de inmediato su miedo, pero por una parte se me hizo absurdo. Es decir, es muy probable que Alice sepa que él ha estado enamorado de ella desde hace años. Eso no era un secreto. Sí no mal recuerdo, yo le dije a ella sobre los sentimientos de Jaz.
— ¿Qué has hecho? –siseó Jasper, él me miraba como si me hubiera crecido una segunda cabeza.
—No entiendo. –no me alteré por el tono de su voz.
—Tu rostro, te sientes culpable y me miras arrepentido. ¿Le dijiste a Alice que la amo?
Tragué saliva. — ¡No! ¡Le dije que no se preocupara por las chicas que te rodean, que tú sólo tienes ojos para ella! –técnicamente no mentía ¿O sí?
Entrecerró los ojos. — ¿Eso fue todo?
—Sí.
—Estás haciendo una tormenta en un vaso de agua, Jaz. Si Alice te hubiera escuchado no actuaría con naturalidad, ¿no lo crees? No ha habido reclamos, preguntas, suposiciones, absolutamente nada. Las chicas debieron dejar la cocina después de que tú dijeras eso. –aseguró Emmett.
El punto de Em tenía validez y Jasper se relajó en su asiento. —Si ella se llegará a enterar no sé lo que haría. –bebió su cerveza de un trago.
— ¡Vamos! No exageres, no puede ser tan malo. No creo que Alice te dejé de hablar, ni nada por el estilo si se entera de tus sentimientos.
—La sola posibilidad de que ella quiera terminar lo que "tenemos" –hizo comillas en el aire cuando pronunció la palabra. —Hace que tenga que soportar este infierno. –negó con la cabeza. —Los envidio. –tanto yo como Emmett fruncimos el ceño. —Ustedes no deben sentirse cohibidos, amarrados, tengo que cuidar cada movimiento que hago. –suspiró. —No debo ser demasiado cariñoso pero tampoco debo actuar como si sólo la viera como una amiga, a veces quisiera gritárselo y que simplemente pasé lo que deba pasar.
— ¿Y por qué no lo haces? –para mí la situación no tenía sentido.
—No soportaría que me dijera que no me quiere de esa manera, que sólo es sexo, miradas de compasión o simplemente un mortal silencio que demuestre su indiferencia.
Entendí que quizás eso mismo le pasó a Bella. No estaba seguro, ya que ella no piensa como cualquier chica y el punto de Jasper es muy subjetivo y dramático. Cerré los ojos un momento y pasé mi mano por la parte baja de mi cabeza preguntándome si Jaz tenía razón.
—Sólo dale tiempo, sedúcela, enamórala, conquístala, no creo que Alice sea inmune a tus encantos, además, recuerda que puedes usar el sexo a tu favor. Sólo debes saber jugar bien tus cartas.
—Pero…
— ¡Eres un cobarde! ¿A caso tienes algo que perder?
Abrí un ojo y vi que Emmett disimuladamente tomaba una carta sobre la mesa, ¡Maldito tramposo! ¡Cambiaba su juego!
— ¡No! –exclamé.
Jasper de inmediato dejó de mirar fijamente sus cartas y notó la mano de Emmett sobre la pila de barajas. — ¡Dejamos claro que jugaríamos sin trampas!
Nuestro tramposo amigo sonrió con inocencia. —Sólo iba a tomar un cigarrillo.
Obviamente no le creímos. —Los cigarrillos están en la sala. –le recordé.
Em rió nervioso. —Creí que estaban a un lado de las cartas.
— ¿De verdad? –preguntó con sarcasmo Jasper.
Resopló. —Son unos llorones.
—Yo no he llorado, fue Jasper.
De pronto Emmett frunció el ceño. —No has respondido, ¿Por qué Bella no te puede ver?
Sé que trataba de cambiar el tema y Jasper cayó en su juego. —Si no es sexo, ¿entonces…?
—Me ha dicho que me ama. –bajé la mirada y esperé que el cerebro de ellos entendiera la situación.
— ¡Le has partido el corazón! –gritó Emmett.
—No. –Jasper negó con la cabeza y eso tranquilizó su furia. —Si le hubiera dicho que no compartía esos sentimientos todo se hubiera terminado entre ellos y sólo están molestos. Tú… -me señaló acusadoramente. —Sí, estoy seguro, te has quedado callado. –sonrió ampliamente. —Eres un idiota.
Me enojé, yo ya sabía que era un idiota, no necesito que Jasper lo diga en voz alta.
— ¿Podemos cambiar de tema? Emmett volverá a hacer trampa si nos distraemos.
Negó con la cabeza. — ¿Qué ha pasado?
Suspire, él no se daría por vencido. —Me dijo que me amaba y no pude hacer nada, ningún músculo de mi rostro se movió. Ahora no quiere hablar del tema, está a la defensiva todo el tiempo, no me despertó para ir a clases, evitó comer a mi lado, casi me ahogó con su helado de fresa anoche, no deja que la abrace o la bese y cada palabra que va dirigida a mí va acompañada por un insulto. No sé qué hacer.
— ¿Has pensado en una serenata? –preguntó Emmett.
Rodé los ojos. —No, he pensado en subir hacia su balcón usando su cabello.
—Habló en serio. –dijo molesto. —Los dormitorios no tiene balcón.
—Y Bella no tiene el cabello tan largo, ¿Verdad? –seguí burlándome de su idiotez.
—Ni tampoco es Rapunzel. –agregó divertido Jasper.
La palabra Rapunzel hizo que Emmett comprendiera mi burla. —Estoy tratando de ayudarte, ¿y es así como me pagas?
—Por favor, no te hagas el ofendido. –resoplé. —Lo único que me queda es esperar hasta el sábado, cuando hagamos el amor tendrá las defensas bajas y atacaré.
Emmett que estaba bebiendo de su cerveza se comenzó a ahogar y Jasper no paraba de reír como loco.
—Este momento lo recordaré toda mi vida. –dijo Jaz entre risas.
— ¿Por qué no tenemos una cámara?
— ¿Qué diablos les causa tanta risa? No les conté ningún chiste. -¿Y ellos se hacen llamar mis mejores amigos?
Bebí de mi cerveza y esperé a que su ataque de carcajadas cesara.
—Perdón Edward, es sólo que… -Emmett volvió a reír, contagiando a Jasper.
Me hubiera ido, pero como estoy ocultándome cobardemente de Bella no tenía otra opción que estar con ellos.
—Tienes que admitirlo, fue tan raro escucharte decir "hacer el amor". –Jaz se abrazó a sí mismo.
—No le encuentro ninguna gracia a esas palabras, ¿pueden explicarme?
—Es como ver un milagro, es como ver a una chica gótica con bragas rosas y de ositos. –dijo con burla Em.
—Haber si entiendo, ¿Soy una chica por tener sentimientos? –elevé un poco la voz, si seguían así tendría que irme y soportar a Alice, Rose y Bella en mi dormitorio.
Los chicos comenzaron a ponerse serios. —Perdón, es sólo que fue chistoso, recordé las veces que tú te has reído de otros por pedirle permiso a sus novias para llegar tarde y de pronto tú eres uno más del grupo. –Emmett palmeó mi hombro. — ¡Bienvenido!
Gruñí. —No soy tan mandilón como tu Emmett. Ni tan sentimental como Jasper.
Ambos bufaron, no les gustaron mis palabras.
—Ahora, ¿podemos seguir jugando?
— ¡Claro! –exclamaron los dos.
—Pero sin trampas, Emmett. –le advertí.
—No más trampas… por hoy.
El viernes por la mañana me topé a Bella en el pasillo del instituto, rara vez nos encontrábamos por ser de diferentes años, pero no desaproveché mi oportunidad. — ¿Podemos hablar?
— ¿Ahora sí puedes hablar? –dijo con sarcasmo.
—Bella. –la tomé del brazo y la detuve.
—Llegaré tarde a clase, Edward. –suspiró. —Al grano.
Acaricié sus ojeras, las chicas debieron dormirse muy tarde. — ¿Me perdonas? –puse una sonrisa triste, esperando que mi chantaje emocional funcionara.
—No soy Tanya que te perdona todas tus estupideces. –se encogió de hombros. —Además, ya no importa.
Su indiferencia me molesto. ¿Cómo podía decir que no importaba? La acorralé contra unos casilleros. —Te extraño, no me hagas esto. –susurré a su oído. —Quiero que me beses, que me abraces, que duermas a mi lado en la noche, que me mires cada cinco segundos como yo lo hago por ti. –cerró los ojos y noté que estaba cediendo. —Por favor…
— ¡Bella! –escuché la voz de Alice a mis espalda, ¿Por qué es tan entrometida?
— ¿Necesitas algo Alice? –no me giré a verla y pegué más a Bella a mi cuerpo.
Escuché los tacones de la duende a un lado de nosotros. —Si siguen así todos los descubrirán. Desde lejos parece que están manoseándose. Así que paren. –Bella me empujó con rapidez.
Miré a mi alrededor y vi que varias personas nos miraban y se sorprendieron al ver que éramos Bella y yo quienes parecíamos estar pegados.
—Está bien, Edward. Guardaré tu secreto. –ella habló en voz alta para que la escucharan. —Ahora tengo clase, nos vemos después. –agregó y tomó a Alice del brazo y se fueron a su clase.
Resoplé e ignoré a las personas que me miraban, tendría que apurarme si quería llegar a mi siguiente clase.
— ¡Te odio! –Jasper me tiró un cojín del sofá en la cara.
— ¡Yo también! ¿Tenías que quedarte callado? ¡Maldición! Ahora tendremos que quedarnos aquí, solos, comiendo helado mientras las chicas salen a divertirse y a ver a hombres musculosos desnudándose. –Emmett era tan dramático.
—No me echen la culpa a mí. Todos estábamos ahí, Rose fue quien sugirió que fueran a ese lugar.
—Sí, pero si no la hubieran hartado con sus problemas ella y yo estaríamos teniendo sexo. –me dio una mirada envenenada.
—No me eches a mí la culpa. Esto pasaría tarde o temprano, además, no es mi culpa que no puedas mantener contenta a Rose.
—Claro que puedo. Y puedo demostrártelo cuando quieras.
Jasper carraspeó. —Pueden tener esa plática otro momento, recuerden que hablan de mi pequeña hermanita.
—Tú no puedes mantener a Bella contenta, Rose dijo hace tiempo que le regaló un vibrador.
Mierda, eso era un golpe bajo. —Sí, pero ¿Crees que Rosalie le recomendaría algo a Bella sin haberlo probado antes? –moví mis cejas varias veces. — ¿No tienes una respuesta?
Emmett se quedó callado. — ¡Te odio! –dijo después de unos instantes de silencio.
—Dejen de pelear. Mejor sugieran qué haremos esta noche.
— ¿Tratar de conquistar el mundo? –preguntó Emmett.
Jasper rodó los ojos y frunció el ceño. —No tengo muchas ganas de salir. ¿Qué les parece si vemos un poco de televisión?
—Oh, han anunciado toda la semana tres de las cuatro películas de Terminator. –checó la hora en su celular. —La primera empezara en 15 min…
No esperé a que terminara de hablar, corrí hacia la cocina y busqué unos paquetes de palomitas mientras Jasper sacaba refrescos del refrigerador.
Cuando comenzó la primera película nadie habló, cada quien tenía un bol con palomitas y dos litros de coca-cola a un lado. No parpadeamos y veíamos fascinados las escenas de acción, hicimos uno que otro comentario sobre la ropa de los '80 y sobre la antigüedad de la película. Cuando terminó la película fuimos al dormitorio de Emmett, tomamos unas bolsas de papitas y regresamos de nuevo a mi dormitorio. Terminator: El juicio final empezaría pronto.
Hablamos de la enorme calidad que tenía esa película sobre la primera. Estaba a punto de morder un snickers cuando las luces de la sala se encendieron, parpadeé para adáptame a la luz y giré mi rostro hacia la puerta, las chicas estaba ahí.
— ¡Ves, Alice! ¡Los chicos no se han ido otra vez a ese club! –gritó Rosalie.
La pequeña pixie se sonrojó y Emmett y yo reímos. — ¿Regresaron por miedo a que hiciéramos lo mismo?
Bella me miró con indiferencia. —No podíamos dejar que Alice regresara sola.
—En pocas palabras, si regresaron por eso. –dije eso para enfurecerla.
—Edward, ellas tienen que cuidarnos, somos irresistibles, perfectos. –agregó con malicia Jasper. —Educados, atractivos, caballerosos, con dinero, inteligentes, buenos en la cama. –Alice aventó su bolso a su cara.
— ¡Cállate, Jaz!
Reí fuertemente y me levanté del sofá. Caminé hacia Bella, todavía me fulminaba con la mirada. — ¿Estás todavía enojada conmigo?
—Que inteligente eres, Edward. –se burló.
Gruñí y me incliné a darle un pequeño beso pero ella desvió su rostro. Frustrado regresé al sofá, mis amigos me dieron una mirada burlesca y respondí con una seña obscena.
— ¿Qué ven? –preguntó Rose.
—Terminator. –respondió Emmett.
En tiempo record las chicas estuvieron sentadas en el piso, comiéndose nuestras botanas y refrescos. No dejaron de hablar de los músculos de Arnold Schwarzenegger y que su parte favorita era cuando viajaba en el tiempo, porque podían verlo desnudo, casi se desmayaron cuando llegó a esa parte. A la mitad de la película Jasper bostezó y tomó un cojín como almohada, noté que Emmett estaba ya dormido, poco a poco mis ojos se cerraron.
Desperté cuando sentí que movían mi hombro.
— ¡Levántate!
Me desperté aturdido. — ¿Qué pasa?
—Los chicos ya se fueron. –dijo Bella.
Me levanté del sofá y me estiré, los ojos de ella todavía seguían hostiles. Miré a mi alrededor, la sala estaba totalmente limpia así que caminé hacia mi habitación. Al llegar me desvestí y entré al baño dispuesto a darme una ducha.
Minutos después estaba buscando ropa interior para dormirme, acababa de ponerme una camisa cuando Bella entró a mi habitación. — ¿Qué haces aquí? –pregunté caminando a la cama.
Ella entrecerró los ojos. — ¿No dijiste esta mañana que extrañabas dormir conmigo?
—Sí, sí, dije la verdad. Me refiero, ¿ya me has perdonado? ¿Por eso estas aquí?
Negó con la cabeza y jugó con sus manos. —No pude dormir ayer. –sus ojos luchaban por mantenerse abiertos y sentí que apretaban mi corazón.
—Claro, vamos a dormirnos. –por el momento no la presionaría, la dejaría descansar.
Me acosté en la cama y ella se acurrucó a mi lado. —Te amo. –musitó antes de dormirse.
Y otra vez me quede callado.
El sábado por la mañana me desperté de mejor humor que en los últimos dos días, después de lavarme los dientes fui a la cocina, olía estupendo.
— ¿Hot cake? –pregunté entrando en la cocina.
Paré de caminar al verla semidesnuda cocinado. —Sí, ¿Cuántos quieres?
Tragué saliva y miré hacia otro lado. — ¿Puedes vestirte?
De reojo noté que arqueó una ceja. —No, llevó media hora moviéndome de un lado a otro, tengo mucho calor y no quiero manchar mi ropa.
— ¿Por qué no usas un delantal?
Rió abiertamente. — ¿Alguna vez me has visto usando alguno?
—Ahora que lo preguntas no… -la miré un instante y casi me atragante con mi propia baba.
Sonrió con malicia y dejó un plato con hot cakes en la mesa. —Tu comida. –me senté en una silla aturdido y miré el reloj de la cocina, eran casi las 12 del medio día. Bella fue hacia el refrigerador y se inclinó. Cerré los ojos incapaz de ver su trasero otro segundo, cuando escuché pasos volví abrir los ojos. — ¿Chocolate o miel? –no sé si fue mi imaginación pero su voz destilaba sensualidad.
—Miel. –carraspeé un poco. —Ambos.
Tomo las dos botellas y vertió una buena cantidad en la torre de comida. Cuando vi el chorro de chocolate salir de la botella recordé el sexo de hace unos días, ¡Dios! ¡Me estaba torturando!
— ¿Así o más?
—Me estás castigando, ¿verdad? Lo haces apropósito.
— ¿Qué ganaría yo si te hago sufrir?
—Regocijarte de mi desdicha te hace sentir mejor.
Ella se inclinó sobre la mesa, sus codos apoyados en la superficie y sus manos bajo su barbilla. —Tienes muy malos pensamientos de mi, Edward. –me guiñó un ojo y miró hacia sus pechos.
Sí, soy una maldito masoquista que a pesar de estar a dieta le gusta sentarse a mirar los postres desde el aparador de la pastelería. —No estoy equivocado, tú estás haciendo todas esas poses sexys con el propósito de torturarme. Estás molesta conmigo y lo último que quieres es tener sexo conmigo, juegas con mis hormonas.
Bella entrecerró los ojos. — ¿Quién ha dicho que no quiero tener sexo contigo?
Su pregunta me tomó por sorpresa. — ¿Acaso tú quieres…? –recé porque dijera las palabras mágicas.
—No.
¡Mierda! Con fuerza tomé un tenedor y comencé a comer mi desayuno. Había comido sólo tres hot cake cuando ella se sentó a mi lado a desayunar.
—Ya has terminado de cocinar, ¿ya puedes vestirte?
—No.
Gruñí, ¡la maldita estaba torturando! Vi como tomaba una porción de su comida y la introducía a su boca, cerraba los ojos mientras lentamente masticaba y gemía. Sentí mi miembro despertarse. Al abrir sus ojos notó mí mirada hambrienta pero se limitó a volver a comer, una gota de miel estuvo en su barbilla y deseé poder quitársela con mi lengua, me incliné un poco y ella se alejó de inmediato.
— ¿Por qué te alejas? –sólo necesitaba un beso, únicamente un beso para que cediera y ella lo sabía, por eso rehuía de mí.
—Tú lo sabes. –se encogió los hombros y al hacerlo sus pechos se elevaron deliciosamente. —Edward. –pasó su mano por mi rostro y yo por fin dejé de ver sus senos. —Tu desayuno se enfriará.
La miré a su cara, su ojos estaban ardiendo. Oh, yo también la torturaría.
—Claro. –comencé a comer de nuevo. — ¿Hay leche?
—Sí, espera un momento. –se levantó y fue hasta el refrigerador. Me levanté cuando abrió la puerta del refrigerador y antes de que tomara la leche froté mi notable erección contra su trasero.
—Creo que prefiero otra cosa.
Lentamente se giró hacia a mí. —Sé lo que estás intentando.
— ¿Y qué si quiero llevarte a la cama? -recorrí su cuerpo con la mirada. —Tú también quieres, por eso estás en ropa interior. –tomé su mano y la llevé a mi erección. —Esto querías, ¿no?
Tragó saliva y negó con la cabeza. —N-no. Esto…
— ¿No debía excitarte el que te comiera con la mirada? ¿Eso no debía de pasar?
Ella seguía sin moverse, me acerqué a ella y casi brinqué de alegría al ver que no se alejaba, bueno, no podía alejarse.
—No, Edward. –dijo en un intento de que entrar en razón.
Quité su mano de mi erección y la abracé con fuerza, nuestras pelvis se tocaron y sentí mi erección endurecerse. — ¿A qué te refieres con ese "no"?
—No aquí, no en la cocina. –dijo saltando sobre mí y enroscando sus piernas en mi cintura, nos besamos salvajemente. Ambos sacando nuestras frustraciones, yo enojado conmigo mismo y con ella mientras que ella únicamente conmigo. Nuestras lengua trataban de ganar la guerra pero ninguna se daba por vencida, sus uñas arañaban mi espalda a la vez que mis manos se enterraban en su trasero tratando de crear más fricción entre nuestro sexos.
Caminé hacia mi habitación gimiendo y jadeando. Ella estaba siendo realmente ruda, pero estaba tan caliente que sus uñas me causaban placer más allá del dolor.
Con brusquedad la dejé caer a la cama. — ¿Quieres pelear pequeña fiera? –la provoqué.
Se levantó un poco y enroscó sus brazos en mi cuello y me jaló hacia ella, caí sobre su cuerpo y comenzó a acariciarme por todas partes mientras yo hacía lo mismo. —Te deseo. –dijo entre besos. — ¡Ya! –cambio de posiciones, nos hizo girar y ella estuvo sobre mí.
Tocó sus pechos sobre su sujetador y los masajeó con fuerza, parecía que estaba poseída por el diablo, pero la entendía. Nunca habíamos durado tanto sin contacto físico, llevaba dos días sin besos, miradas, caricias, sentía que había pasado una eternidad desde la última vez que la había besado. Su sexo se frotó contra mi erección y pude sentir sus bragas empapadas.
Se inclinó para besarme y yo no desaproveché esa oportunidad para desabrochar su sostén. Entre besos se deshizo del sujetador y yo tomé el dobladillo de mi camisa y también me la quité. La sensación de nuestros pechos desnudos me hizo gemir en su boca, mis manos fueron a su trasero y jugué con el borde de sus bragas.
Nos hice girar y me separé de ella, tomé sus bragas y comencé a deslizarlas a lo largo de sus piernas. Su sexo brillaba a causa de su lubricación, con una mano acaricié el borde de su coño, sin tocarlo directamente.
—Estás tan excitada. –dije para mí mismo, dejé de acariciarla y me separé aún más otra vez para poder deshacerme de mi bóxer. Su mirada se posó en mi erección.
—Dentro de mí, ¡Ya! –ordeno.
Reí por su ansiedad. —Arco. –me mordí el labio, no era una posición muy común y no estaba seguro de si estaría dispuesto a intentarlo conmigo.
— ¿Has practicado esa posición? –dijo abriendo sus piernas y flexionándolas.
—No. Esta será mi primera vez.
Asintió con la cabeza. —Tus brazos. –le recordé. No podía tenerlos a sus costados.
— ¿Qué pasa con mis brazos?
—Pasa tus brazos sobre tus hombros. –hizo lo que ordené y sus caderas estuvieran arqueadas de inmediato. Sus codos estuvieron hacia arriba y las palmas de sus manos firmemente plantadas sobre el colchón. Me acomodé entre sus piernas, estaba sentado de rodillas y mis piernas estaba a cada lado de sus caderas, mis manos fueron a su trasero para ayudarla a mantenerse arqueada.
Mi erección rozó accidentalmente su coño y ambos gemimos.
—Apúrate, Edward.
Me incliné un poco y besé lentamente su ombligo. La sentí estremecerse cuando toqué esa área. Levanté mi vista y noté que sus ojos estaban fuertemente cerrados. Guié mi miembro a su cálida entrada y lentamente me adentré en su interior. Me quedé unos instantes inmóvil, escuchando sus fuertes jadeos y disfrutando de su húmeda y caliente hendidura envolviéndome. La embestí lentamente, tenía miedo de dañarla.
—Se siente… -dejó de hablar.
La volví a penetrar al mismo ritmo. — ¿Cómo se siente?
Ella se mordió el labio. —Te siento… -rió sensualmente. —Hasta la garganta.
La embestí más fuerte. — ¿Te duele?
Negó con la cabeza. —Vuélvelo a hacer.
La embestí varias veces, con el mismo ritmo. Nunca me cansaría de su coño, no importara las veces que lo hiciéramos o la manera en que tengamos sexo, su calor alrededor de mi polla era algo increíble, ella es tan estrecha, húmeda…
Cada vez que me adentraba a ella gemía fuertemente, al parecer la posición hacia que la penetración fuera más profunda. Sus manos ahora estaban aferrándose a la colcha y gotas de sudor corrían por su rostro mientras ella jadeaba y respiran con gran dificultad. Sus gestos eran lo que más me excitaba, podía ver como su coño devoraba mi polla cada vez que la embestía, podía ver sus pechos erguidos y firmes, maravillarme con su abdomen plano y sus pequeña cintura, pero eran sus labios entre abiertos y sus fuertes jadeos lo que me estaban volviendo loco.
— ¿Te gusta? –le pregunté a pesar de saber la respuesta.
—Sí, dame más duro.
La embestí con fuerza, mis dedos se aferraron a su trasero ayudándolo con el vaivén de sus caderas, sus interior comenzó a contraerse cada vez con las fuerza. — ¡Mas, Edward! ¡Estoy cerca! -chilló.
El miedo a lastimarla se fue y la embestí con brutalidad, mi miembro entraba y salía de su interior con rapidez mientras ella no paraba de maldecir y gritar "¡Más! ¡Más!" Sin poder contenerme me vine en su cuerpo y eso desencadeno su propio orgasmo, apretando con fuerza mi miembro, brindándome aún más placer.
Me dejé caer en su cuerpo y ella de inmediato dejó esa postura. Sentía mi cuerpo como trapo, rodé a su lado para que no soportara mi peso. Poco a poco nuestras respiraciones regresaron a la normalidad.
— ¡Dios! ¡Eso fue increíble! –pasó su mano por su frente, quitando un mechón de cabello pegado a su rostro por el calor.
—Sí, nunca te había escuchado gemir tanto.
Se sonrojó un poco y no pude evitar reírme.
— ¡No te rías de mí! –golpeó ligeramente mi hombro.
—Bien. –me recosté de lado y tomé una almohada para estar más cómodo. — ¿Ahora ya podemos hablar?
Sus ojos se entrecerraron. — ¿De qué?
—Sobre que me amas. Sobre eso. -¿de qué otra cosa debíamos hablar?
Resopló. —No arruines el momento. –pidió. —Hoy no.
Cerré por un momento mis ojos para evitar enojarme y tratar de darle el tiempo que necesitara para hablar del tema. Sentí sus labios besando los míos y no dude en responder. Nos besamos varios minutos, nos separábamos únicamente para respirar y después volvíamos a besarnos. Mis manos acariciaban su espalda desnuda mientras ella hundía sus manos en mi cabello.
Escuché a lo lejos una extraña melodía y ella se separó a regañadientes de mí. —Es Rosalie, debo de estar en su dormitorio a la una de la tarde. –resopló.
Miré sus labios hinchados, húmedos y rojos. —No vayas. –pedí.
Volvimos a besarnos con aquel molesto sonido de fondo.
Minutos después era mi celular el que sonaba. — ¡Que enfadosos son! –gruñí.
Ella se subió a horcajadas de mí. — ¿Una segunda ronda? –comenzó besando mi cuello.
Mi miembro estaba poniéndose duro poco a poco y ella me dio una mirada maliciosa, ¡Sí! ¡Ella sabia como me excitaba!
Escuchamos como desde lejos casi derrumbaban la puerta.
— ¡Bella! ¡Ábrenos la puerta!
Se bajó de mi resoplando y se sentó en la cama. — ¡Esta me la pagaran!
Me levanté y me senté a su lado. Pasé mi mano por mi cabello varias veces. —No pararan hasta que abramos.
Bella asintió con la cabeza y trató de rehacer su coleta. Tomé un mecho de su cabello y lo coloqué detrás de su oreja, observé con intensidad sus delicadas facciones, sus pálida piel, sus rojos y dulces labios, sus expresivos ojos color chocolate, un sonrojo adornó sus mejillas.
—No me veas así. –murmuró.
— ¿Cómo? –pregunté mirando directamente sus ojos.
—Con… -frunció el ceño. —Con intensidad.
Se sonrojó aún más y me di cuenta que era la persona más hermosa en este planeta y es solamente mía. No pude evitar pensar en que realmente la amaba. Mirando sus ojos no tenía miedo de mí mismo, ni de nadie.
Me acerqué a ella, nuestros labios rozándose. —Te amo. –musité antes de besarla.




16 comentarios:
jajajaj mujer de donde sacas tan tas cosas tan eroticas, hum que castigos jajajaja fue impactante el gran TE AMO
Me encanta la parte en que se da cuenta que la ama, es como una gran revelación :O
Woow! el te amo.. *sigh* aca estoy jodiendo otra vez! YEAH! No tiene mucho que ver con el cap. pero esta Bella no me termina de cerrar. Ya se que esta superduper enamorada de Edward y que por amor las personas puden cometer errores, pero anda a saber, siempre se le descubren nuevas mentiras y engaños. Capas no lo entiendo porque no esta desde la perspectiva de Bella, y no me pongo en su lugar ni lo miro a traves de sus ojos. Y bueno... ¬¬ tendre que seguir atenta. Esta es solo mi humilde opinion!
Y otra vez escribi un testamento ¬¬
Beses y Abrazos chica!
Hola Mery! Que tal el dia? Yo recien llego de la facultad y me encuentro con estos lindos capitulos, este me encanta, por fin Edward esta apunto de decirle sus sentimientos, y aqui el castigo que recibe es un regalo para todas nosotras, vaya imaginacion que tienes Mery, increible enserio
Beesos
Ya la lei un monton de veces pero adoro juegos sexuales...guau..me encanta
Definitivamente el "te amo" de Edward fue la mejor parte del cap.
Awwww tan lindo Edward... ¡Quiero un novio asi! Amo esta historia
Que lindo!! Creo que fue un momento muy adecuado para decírselo. Bueno ahora las cosas están claras, ambos saben que se aman, y yo los amo a ellos. Y el lemmon hot hot. Me encantó el capítulo.
Aww, amo el final !
ainssss si es q mi cico es super tiernooooo me lo comia enterito....
holaaa Meryyyy de vueltaa leyendooo!! je!! me encanto cuando bella le dijo te amoo y fuee bastante feo que edward se quedara calladooo pero bueno edward no se lo esperabaaa..me encanto como le dijo te amo ell fue muy espontaneooo tambiennnn...hay me encantann estann los dos juntoss muy enamoradosss....queet ternuraa!!! y lo de la posicionnn ARCOO por favorr Meryyy estoss dos son dinamitassss...y me fascinoo superrr hottttttt!!! buenoo bellaa estaba un poquito enojada con edwarddd no lo uqeria vber ni en figuritasss..je!!! bueno besoss!!!
me encanto el te amo al final fue comoel final de la historia, genial y para serte franca muy erotico este capitulo, de los que he leido le pondo un 10+ muy bueno
K broche de oro le has puesto al capitulo!!! me encanta k sea capaz de decirselo...
Por fin abrio los ojos y le respondio...!! se habia tardado... es mejor tarde q nunk.... y eso de q ninguno de ellos se pueda resistr al otro es estupendo... esta muy bueno el capitulo..!!!!! :q
Hola
Pasé a leer JS... espero poder leer después las otras historias.
Saludos
Erica Castelo
Que bueno que ya se dieron cuenta de que es por amor que están juntos,ya que el sexo en si es fabuloso pero si va acompañado por verdadero amor es sublime.
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