
Twilight es propiedad de Stephanie Meyer, la trama es mía y prohibida la copia total o parcial de la historia.Att. MerySnz
Lo vi bostezar, ¡Dios! El es lo más hermoso que he visto en mi vida. Maldición, si tan solo no fuera el diablo en persona…
Lauren Mallory pasó por su asiento contoneando las caderas, incitándolo. El negó con la cabeza, claramente divertido. — ¡Zorra! –gritó y le dio una nalgada.
Suspire cansadamente, un patán, esa era su mayor característica.
No entendía mi fascinación por alguien como él. ¿Qué pensaría el pequeño pueblo de Forks si se enteraran que la hija del Jefe Swan esta locamente colada por Edward Cullen?
La chica se giro hacia él, fingiendo estar ofendida. — ¿Qué diablos te pasa, Edward? ¿Por qué me tocas? –le dirigió una mirada envenenada.
—Hace unos días no te enojabas porque te tocara. Al contrario, recuerdo que suplicabas…
— ¡Edward!
Varias chicas que estaba esperando que el maestro llegara a dar la clase se sonrojaron, al igual que yo. No podía creer que estuviera a punto de divulgar los detalles de su vida sexual.
—Deberías aprender a Swan. –me tense al escuchar mi apellido. —Una autentica mojigata. –se giro hacia a mí, esperando mi reacción.
Mis dientes rechinaron, normalmente no caía en sus provocaciones, pero estaba molesta porque manoseara a Lauren. — ¡Jodete! –le hice una seña obscena con el dedo.
—Prefiero joderte a ti. ¿Qué dices? –movió sus cejas sugestivamente.
—Nunca. –dije con ferocidad, aunque por mi cabeza pasaban imágenes de nosotros teniendo sexo salvaje contra la pared.
—Ya sabes lo que dicen. -se encogió de hombros. —Nunca digas nunca.
Humedeció sus labios con su lengua, eso me desconcentro, haciendo que se me olvidaran las palabras que pensaba pronunciar.
Escuche el gruñido de Lauren, molesta por haber sido sacada de nuestra conversación. — ¡Váyanse a la mierda los dos! –se dio la vuelta para salir del salón de clases y Edward no desaprovecho la oportunidad de volverle a tocar el trasero, esta vez no la azoto como hace unos momentos, acaricio con suavidad una de sus nalgas. Mi boca se abrió y cerró varias veces, ¿Cómo diablos hacia eso delante de todos? Sin pudor, sin vergüenza.
Desvié mi vista, note que muchas chicas observaban la situación con fascinación, era obvio que tenían las bragas mojadas…
Al principio me fue insoportable ver a Edward manoseando, insultando y burlándose de las chicas más atractivas del instituto, pero conforme paso el tiempo me acostumbre. Creo que sencillamente no hay sentimientos… solo atracción. Y a quien quiero engañar, ¡El chico es realmente sexy!
Escuche vagamente un gemido y me concentre en abrir mi libro de cumbres borrascosas, así no le daría el gusto a Edward de ver que me afecta su estúpida actitud.
La puerta del salón se abrió, el Sr. Banner entro y todos se acomodaron en su asiento.
En Phoenix había llevado clases avanzadas de Biología, así que rara vez prestaba atención a las palabras del profesor, seguí leyendo mi libro hasta que tocaron el timbre.
Guarde mis cosas en la mochila y camine rápidamente hacia la salida, lejos de Edward…
Como siempre, Dios está en mi contra y él me alcanzo con facilidad. —Entonces, ¿En tu casa o en la mía? –preguntó mientras sacaba una cajetilla de cigarros.
—No me acuesto con perdedores. –trate de humillarlo.
Él ni siquiera se incomodo con mi insulto. —Tú no te acuestas con nadie.
Arquee una ceja. — ¿Me vigilas? –dije tratando de no aparentar estar sorprendida por sus palabras.
Asintió con la cabeza. — ¿Sabes que pensé cuando te conocí…?
— ¿Qué era un demonio, salida de tus mas lujuriosas fantasías? –pregunte con sarcasmo, recordando que esas fueron sus palabras. Llevaba más de siete meses en Forks, cuando llegue al pequeño pueblo me incomodo ser la novedad, las constantes miradas curiosas, las falsas amistades… Fue hasta que lo conocí, su mirada lujuriosa me incomodaba, para nuestros compañeros de escuela nunca fue un secreto, Edward Cullen dijo: Eres un demonio, has salidos de mis mas lujuriosas fantasías. Tu inocencia me excita, no puedo esperar para llevarte a mi cama. Ver tu virginal rastro retocerse de placer.
Por mi rostro pasaron diversas emociones, asombro, excitación, humor, incredulidad, coraje... Hasta que reaccioné, no dude en golpear su mandíbula.
Creí que mi golpe lograría que se alejara de mí, pero tuvo el efecto contrario. Los chicos del instituto que me pretendían hasta la fecha me evitan y Edward se pego a mí como una garrapata. No todo el tiempo, hay días que se olvida de mi existencia y soy inmensamente feliz, pero después me arrepiento, ya que él regresa a mí con energías recargadas y mas patán de nunca.
— ¿En Bellalandia? –se burlo, no me di cuenta de cuánto tiempo pase recordando nuestros primeros encuentros.
Rodé los ojos. —Estoy pensando que debí de ser Hitler en mi otra vida o una asesina serial, porque no encuentro otro motivo por el cual Dios me está castigando de esta manera.
—No lo veas como una maldición. –sonrió abiertamente. ¡Mierda! ¡Odio cuando sonríe! El pendejo me deslumbra. —Solo abre las piernas y listo. Dejare de molestarte. –sus palabras fueron serias, no bromeaba.
— ¡Púdrete en el infierno, Cullen! –me quite la mochila de mi hombro derecho y no dude en golpearlo en la cabeza.
— ¡AH! –grito como niña. — ¡Estúpida! –me insulto.
Oh, no. Yo no soy una de sus putas como Lauren. Con más fuerzas volví a golpearlo con mi mochila. Esta vez pudo cubrirse su rostro del golpe.
Escuche el claxon de la patrulla de Charlie. Y de inmediato deje de golpearlo, agradecí que mi padre llegara en ese momento, así Edward, patán, Cullen no se atrevería a tomar represalias contra mí.
— Nos vemos en clase, Edward. –hable con fingida educación.
Me di la vuelta y lo escuche gruñir. Olvide decirlo, de vez en cuando soy yo la que gano la batalla. Pero no sé si ganare la guerra.
…………………………………
— ¿Iras a mi casa? –preguntó una aterciopelada voz detrás de mí.
Cerré el casillero con brusquedad, había pasado una semana sin saber de él. Suspire, había extrañado su sexy y molesta voz. —Piérdete, Edward. –no me tome la molestia de mirarlo, seguí leyendo los títulos de mis libros.
—Mira, Swan. ¿Iras o no? –al parecer estaba cansado de mi actitud.
Me encogí de hombros, como si no hubiera tomado una decisión. — ¿No tienes a quien más molestar?
—Alice vendrá mañana y quiere que estés ahí, no ha dejado de molestarme, te quiere allí.
Fingí no haberlo escuchado. La pequeña de los Cullen estudia en Francia, obsesionada con la moda, solo nos hemos visto unas cuantas veces, pero nos hemos hecho grandes amigas. Y al parecer estará en la fiesta de cumpleaños de Edward.
Tendría que ir, por Alice y por Angela, quien está saliendo con Ben. —Bella… -me amenazo.
Suspire. —Sí, Edward. Si estará Alice voy a ir. Ni creas que voy por ti, no entiendo porque alguien quiere celebrar el día que el anticristo nació…
—Que diría la pobre Esme si te escuchara. –fingió estar triste.
Al principio caía con su chantaje emocional, hasta que me di cuenta de que lo hacía para controlarme o manipularme. — ¿Que diría la dulce Esme si se enterara de que más de cinco veces has estado en detención por tener sexo en los cuartos de aseo?
Lo deje sin palabras. Arquee una ceja al ver que no contestaba.
En ese momento paso Jessica, Edward le guiño el ojo mientras ella le soplo un beso al aire.
Suspire dramáticamente. —Eres tan romántico.
—Ella es quien mejor lo chupa en toda la escuela. –se encogió de hombros. —Tiene cierto trato… preferencial.
Apreté mis libros con fuerza, tratando de controlar mi coraje. — ¿Has escuchado la palabra "ETS"? –pregunte con sarcasmo.
—Me hago un examen cada tres meses. Pero nos desviamos del tema, ¿Entonces te veré mañana…? –asentí a modo de respuesta. —Ten reservare mi cama.
Lo mire de arriba abajo, con desprecio. —Alguien como tu es poco para mí. –y mis palabras eran ciertas.
Sus dientes rechinaron, no sé qué diablos estaría pensando, o que fue lo que provoco tan enojo. —Eres tan mojigata, santurrona… ¿Alguna vez te han besado?
Sonreí ampliamente, y fingí recordar algún momento. —En Phoenix conocí a un chico tan atractivo, tenía un gran parecido a Ben Barnes, sus besos eran tan apasionados. –me perdí en los recuerdos, un fuerte golpe me saco de mi fantasía. Edward había golpeado con su puño un casillero.
—Estas babeando el piso…
Sonreí ampliamente, disfrutando de sus celos. —Como sea, ese chico si valía mi tiempo.
—Mientes.
Lo mire directamente a los ojos. —Según tu… ¿Qué es mentira?
—No vale la pena… Si fuera tan especial como tú dices, no seguirías siendo virgen.
—No soy virgen. –mentí.
Negó con la cabeza, sonriendo ampliamente. —Lo eres… -se acerco peligrosamente a mí, deje de respirar unos momentos. Su nariz se deslizo por mi mandíbula. —Eres tan… pero tan dulce. –su lengua lamio mi cuello y mi respiración fue errática. —No sé cómo te resistes a mí, eres tan diferente a todos los humanos que conozco. –sus dientes rozaron el lóbulo de mi oreja. —Solo mía.
El tono posesivo de su voz me hizo recobrar la compostura. Lo empuje, tratando de mantenernos a cierta distancia.
— ¿Qué diablos quieres de mi, Edward? ¿Un polvo?
—Sí. –su afirmación dolió.
Conté mentalmente hasta diez, quería que mi voz no sonara distorsionada por las enormes ganas de llorar. —No. –dije girando sobre mis talones y caminando en dirección opuesta a él.
La estruendosa música resonaba en mis oídos, solo llevaba veinte minutos en la casa Cullen y ya miraba la puerta con devoción. Sinceramente, preferiría pasar mi noche de viernes leyendo un libro, pero no podía. Le había prometido a Angela mi compañía y en el fondo me moría por ver a mi imperativa amiga Alice.
Alguien me empujo por mi espalda. —Lo siento, no te vi.
Me gire hacia el idiota que me golpeo, me lleve una sorpresa al ver a Emmett. — ¡Oh, Dios! ¿Qué haces aquí?
Se suponía que el hermano mayor de los Cullen se encontraba en UCLA, estudiando su carrera universitaria. —No podía evitar asistir al cumpleaños de mi hermanito Eddy. ¿Y tú qué haces aquí?
Fingí ofenderme. — ¿Me estas corriendo?
—Para nada, es increíble que estés celebrando el cumpleaños de Edward. –gruñí al escuchar el nombre de ese idiota.
—Lo sé, pero acompaño a Angela. –Emmett miro a mi alrededor, buscándola. —Está en algún lugar con Ben.
—Entonces te hare compañía.
Me senté en unos escalones mientras él iba a buscar un vaso con cerveza para mí. En menos de cinco minutos Emmett estaba a mi lado, platicando anécdotas de la universidad.
—Tuve que regresar a mi dormitorio desnudo, por suerte, pude quitar algunas ramas a unos arbustos y con eso me protegí de las miradas curiosas.
No paraba de reír, a pesar del poco contacto que mantenía con Emmett, existía una gran confianza entre nosotros y podía platicar de cualquier tema.
Sentí un estremecimiento, deje de mirar a Emmett y mire a mi alrededor, la casa estaba totalmente llena de personas, algunas conocidas, otras, la mayoría, desconocidas para mí. Mi mirada se topo con los ojos verdes de Edward, no había esa burla o arrogancia que lo caracterizaba. Sus ojos solo mostraban soledad. Por primera vez en meses de conocerlo, él fue el primero en apartar la vista.
— ¿Ya felicitaste a Edward?
—No, lo acabo de ver. –trate de cambiar de tema. — ¿Y Alice?
—Ella no vendría. –frunció el ceño. —Son casi 11 horas de viaje, los boletos son muy caros y solo podría estar el fin de semana, sería un gasto innecesario. Aparte, Edward le pidió que no se metiera en problemas, que después festejarían juntos. Solo llamo en la madrugada de hoy, de día en Francia.
Mis dientes rechinaron, bastardo mentiroso. —El estúpido de tu hermano dijo que estaría aquí.
Emmett rió con fuerza. —Debiste haber sabido que mentía. Entiendo porque Edward dice que eres tan inocente…
—Em… -le advertí, no estaba para bromas.
—Ok, ok. Ya, tranquila. –suspiro, trataba de no reírse.
Seguimos platicando la siguiente hora y media, hasta que a Emmett le avisaron que surgiría una pelea y corrió hacia el patio trasero de la casa, al parecer eran amigos suyos de la universidad.
Eran cerca de las doce y le había prometido a Charlie llegar temprano, comencé a buscar a Angela. La busque en el patio, la sala, la cocina, el comedor… No daba con ella. Para mi desgracia, Mike Newton me vio, el chico estaba totalmente borracho, jugando con varios otros compañeros del instituto quien podía beberse más vasos de alcohol. Se tambaleo un poco y camino hacia a mí.
Oh, oh.
Salí corriendo, subiendo las escaleras. De reojo pude ver a Mike mirando a su alrededor, buscándome. La música se escuchaba mas débilmente de acuerdo me alejaba de la sala.
No lo pensé dos veces y me adentre en la primera puerta que vi.
Cerré los ojos, tratando de que mi respiración volviera a la normalidad. Después reí, ¿Por qué diablos corría por culpa de Newton?
—Estoy loca. –dije hablando conmigo misma.
—Ya lo creo.
Mi corazón latió más rápido al reconocer al dueño de esa voz. Con miedo abrí lentamente mis ojos, era obvio, entre a la habitación de Edward.
¿He dicho que tengo mala suerte?
Observe a mi alrededor, la habitación estaba ligeramente iluminada gracias a la luz de la luna que entraba por la ventana. Una enorme cama, una gran cantidad de discos, un sofá de piel, una equipo de música… Lo vital para un adolescente cualquiera. Miento, Edward no es un adolescente común y corriente.
Es un estúpido, arrogante, cabrón, manipulador…
—Estas pensando en mi.
Mi vista fue directamente hacia la ventana, donde provenía su voz. Entonces lo vi, la pared trasera era totalmente de vidrio y Edward estaba sentado en el piso, con unas botellas de cerveza a su lado.
Vacilante me acerque a él. — ¿Cómo sabes que pienso en ti?
—Cuando piensas en mi eres predecible. –pude distinguir que se encogió de hombros.
—No contestaste mi pregunta.
Me senté frente a él, maravillándome con su hermosura, la luz de la luna me permitía observarlo con mayor claridad. Edward destapo una de las botellas de cerveza y me la paso.
El bebió una gran cantidad de su bebida antes de hablar. —Frunces ligeramente el ceño cuando me insultas, y solamente me insultas a mí. No necesito ser un genio para sumar dos más dos.
Asentí con la cabeza, un poco sorprendida por saber que el maldito me conocía tan bien, pero bueno, yo también lo conozco perfectamente. Uno siempre tiene que conocer bien a su enemigo…
— ¿No deberías estas abajo? Ya sabes… -hice un ademan con mi mano. —Disfrutando de los regalos, abrazos, halagos y todas esas cosas.
Bufo. —Ningún pendejo de los que está abajo es lo suficiente bueno para ser mi amigo.
—Me molesta tu honestidad. –dije con los dientes rechinando.
—Así soy yo. –dijo con una amplia sonrisa, dispuesto a enojarme. — ¿Y tú qué haces aquí?
Repetí las mismas palabras que use con su hermano. — ¿Me estas corriendo?
—Para nada, me gustaría creer que estas aquí para dejar que te folle, pero aunque es mi cumpleaños sé que eso sería demasiado pedir.
—Tienes razón, estoy aquí porque huía de Mike Newton. –entonces comprendí, hui de una simple cucaracha para meterme en la cueva del león.
Edward me guiño el ojo. —Estas en la cueva del león. –repitió mis pensamientos.
Me estremecí. — ¿Como sabes que pensaba eso?
Rió fuertemente. —Casualidad.
Por segunda vez decidí cambiar de tema. —Dijiste que Alice estaría a aquí. –des graciablemente mi voz no sonó muy molesta.
—Si te hubieras puesto a pensar un momento sabrías que es imposible que ella viniera a mi fiesta de cumpleaños.
—Mentiroso. –escupí con veneno.
—Gracias. –dijo con arrogancia.
Resistí el impulso de rodar los ojos. Edward es tan infantil.
Nos quedamos en un incomodo silencio, lo analice con lentitud. Edward vestía una chaparra de piel negra, sobre su camisa blanca y unos jeans azul marino. Mi vista se fijo a sus pies, me di cuenta de que estaba descalzo. Sin calcetines, ni zapatos. Su cabello estaba un poco más peinado que de costumbre, pero su cuerpo estaba tenso, a la defensiva, como siempre.
—O estas de su lado o eres su enemigo. –dije mis pensamientos en voz alta.
El se sobresalto por mis palabras. —Así es, o estas de mi lado o en mi contra.
— ¿Blanco o negro? ¿Sin matices? –no podía creer que pensara de esa manera tan… destructiva.
—Desde luego.
Sin levantarme me acerque más a él. Deje que mis manos jugaran con las suya. — ¿Por qué me odias?
—No te odio. –separo sus manos de las mías, como si mi contacto le causara repulsión.
Decidí no volver a insistir. —Sí, si me odias. –asegure.
—Si no te llevo flores, ni escribo poesía no es porque te odie. –se mofo. —Me molesta tu inocencia, eres la única virgen que conozco y aborrezco que quieras seguir siéndolo. No te entiendo.
Pensé en sus palabras y me di cuenta de que sus palabras fueron un poco amables, normalmente me hubiera dicho "hipócrita virgen" o "frígida" pero esta vez dijo lo que sentía, aunque solo fuera la palabra aborrecer.
—No quiero ser un polvo, no quiero ser una más en la lista de un hombre. Ya sabes, un simple cuerpo donde obtener placer. Valgo más y merezco más. Y por esa razón te odio…
—Me amas. –me tense al escuchar esas palabras. El no podía saber que yo sentía eso, ni siquiera a mi diario se lo había confesado.
—Ja, Ja. ¿De ti? –toque su frente. — ¿Fumaste mariguana?
Miro hacia la luna. —Fume uno cigarro hace media hora y no fumo mariguana desde hace dos meses, desde que desperté desnudo en medio del bosque. –se estremeció. —Me creía un vampiro vegetariano.
Reí fuertemente. —Me sorprendes Edward Cullen.
Me guiño el ojo. —Si fuéramos a mi cama te sorprenderías de otra manera.
Ignore sus palabras. — ¿Existe algo de ti que no me sorprendería?
—Creo… -frunció el ceño. —Toco el piano desde los cinco años.
— ¿Qué? –casi grite. No puede ser cierto, este chico no puede tener esa habilidad… Gruñí al darme cuenta de que otra vez Edward Cullen pasaba sobre mí.
—Sí, me gusta tocar el piano tanto como follar. –me enseño sus manos. Sus largos dedos… ¡Oh Dios! Lo que ha de hacer con ellos, te han de llevar al cielo. Me sonroje ante mis pensamientos.
Bebí un poco de mi cerveza, que hasta hace unos momentos había estado intacta, necesitaba que la fría bebida calmara mi temperatura corporal.
—Sí, no lo dudo. –me limite a decir.
Otra vez nos quedamos en silencio.
—Oye, ¿te puedo pedir algo?
Entrecerré los ojos. —No. –nada bueno me pediría Edward Cullen.
—Que sea mi regalo de cumpleaños.
—Ya te regale un disco, está en la mesa de regalos.
Hizo un mohín. —Mira Isabella Swan. Nunca pido nada, si algo quiero, voy y lo tomo. Así que deja de hacerte del rogar. –dijo la oración con lentitud y con peligrosidad.
Suspire, me rindo. —Siempre y cuando sea algo inocente. Pide.
—Un beso, solo pido un beso.
No conteste, acerque mis labios a los suyos. A centímetros de establecer contacto me repetí a mi misma que solo sería un beso, no era mi primer beso y sin duda no será el último. Ni el mejor. Rece para que Edward fuera un mal besador y la desilusión desaparezca mi estúpido enamoramiento adolescente.
El acorto la distancia al notar mi indecisión, sus labios eran firmes y seguros pero a la vez cálidos y suaves, se abrieron paso entre los míos, de inmediato seguí el ritmo de su beso y cerré poco a poco mis ojos. Probablemente sería nuestro único beso, y mi cerebro podría echarle la culpa al alcohol. Una de las manos de Edward fue hasta mi cabello, empujándome más hacia a él mientras su mano derecha, un poco fría por sostener la cerveza acaricio mi mejilla. Suspire audiblemente, sin duda era el mejor beso que recibiría en mucho tiempo.
La mano que estaba en mi mejilla bajo lentamente por mi cuello, deslizándose hasta mi pecho. Me tense al instante por la sorpresa, pero mi cuerpo desobedeció los gritos de alerta de mi cerebro y gemí fuertemente. Su mano acaricio mi pecho, primero débilmente y después con más confianza. Entreabrí más mis labios al sentir su lengua pidiéndome permiso para adentrarse en mi boca. No entiendo lo que paso, simplemente no lo entiendo, pero el primer roce de su lengua contra la mía hizo que mi cuerpo ardiera, sentía que me quemaba.
Edward sabia a cerveza, ligeramente percibía su aliento a cigarro. Y fuera de causarme molestia o nausea me agrado. Pude identificar su sabor, su textura, un fuerte sabor dulce pero a la vez masculino. Edward sabía a hombre, a un hombre con experiencia, habilidad y maestría.
Poco a poco su cuerpo empujo el mío y ambos caímos hacia el suelo. Pude sentir su fuerte torso contra mis pechos, ¡Y mierda! ¡Me gusto! Ahora fue él quien gimió. Mis pezones estaban erectos, acusa de sus caricias.
—Más. Quiero más. –pedí entre besos.
Sentí la erección de Edward endurecerse aun mas ante mis palabras. Me separe de él, vi la sorpresa en su mirada, pero al notar que solo quería quitarme mi blusa se relajo. Probablemente creía que pararía, pero ni loca lo haría. Era la primera vez que sentía esas sensaciones, un cosquilleo entre mis piernas, la sangre corriendo furiosamente por mis venas, mi cuerpo sensible ante el más mínimo toque…
Quería experimentar más de esto, como quiera que se llame.
Me quede en sujetador, con Edward sobre mí. Su mirada se poso entre mis pequeños pechos, por un momento me sentí insegura, quizás no le era tan atractiva como solía decirme.
—Mejor que mis sueños.
Con voracidad beso la piel expuesta, sin tocar directamente mis pechos, torturándome. Yo misma me levante un poco y lleve mis manos a mi espalda para desabrochar mi sostén. La prenda se aflojo y Edward me la quito en menos de un segundo. La experiencia…
Esta vez hizo lo que deseaba, sus labios tocaron directamente mis pezones endurecidos, turnándose de un pecho a otro. Sin detenerse en uno más que el otro.
En esos momentos mis gemidos resonaban en la habitación. —Tienes demasiada ropa. –mi voz sonó tan ronca que no la reconocí como mía.
Deslice mis manos por sus hombros, su chamarra bajo por sus brazos con lentitud, él hizo la ultima parte y la aventó hacia la cama. Pase mis manos por sus fuertes brazos y gemí, deseaba que se enterrara fuertemente en mi y que sus brazos me sostuvieron mientras llegábamos al clímax.
El tomo el dobladillo de su camisa, levanto las manos y se despojo de la prenda. Maldición, sus abdominales, sentí mi entrepierna gotear. El seria mi perdición.
Se levanto por completo de mí. Lo mire confundida. —Vamos a la cama. –sus ojos ardían, completamente negros y segados por la pasión.
Sin esperar a que me pusiera de pie, me cargo, ni siquiera me queje. En este momento dejaría que hiciera conmigo lo que se le diera en gana. Me recostó sobre su cama matrimonial, sus manos fueron directamente hacia el botón de mis jeans, bajo el cierre y poco a poco la prenda se fue deslizando sobre mis piernas. Mi cuerpo se estremeció ante el frio, pero también ante la expectación de lo desconocido. Antes de quitar la prenda quito mis converse.
Contuve la respiración cuando estuve por fin sin la prenda, mi vista fija en el techo, de pronto sentí vergüenza. Y el miedo y las dudas aparecieron. ¿Qué hacia aquí? Estaba dejando que Edward, patán, Cullen me desvistiera y me acariciara como nunca antes alguien lo había hecho. La mano de Edward abarco todo mi sexo, y las respuestas llegaron a mí. Estoy aquí porque estoy muy excitada… Y la culpa la tiene el alcohol, me recordó una vocecita en mi interior.
—Mierda, estas tan jodidamente caliente. Y es por mí, ¿verdad? –pregunto haciendo un lado la prenda y acariciando mi piel completamente desnuda.
Gemí mientras respondía. —S-si.
—Únicamente por mí. –esta vez el tono de posesivo no me molesto, al contrario, me excito de manera extraordinaria.
Uno de sus dedos se adentro en mí, y sentí mi estrecho núcleo apretando fuertemente su dedo. Lo escuche jadear y el sonido de su ropa al quitársela.
Con un poco de valor deje de ver el techo y verlo directamente a él. Un dios griego, en todo su esplendor. Perfecto, sus fuertes brazos, sus masculinos hombros, su torso esculpido… mi mirada se fijo en su miembro, ¿Eso cabria en mi? Al sentir un segundo dedo hundirse en mi supe la respuesta.
Edward dejo de bombear sus dedos dentro de mí y mirándome fijamente saco sus dedos de mi interior y los llevo hacia su boca, probándome. Eso me excito más.
Mierda, el chico es caliente.
— ¿Quieres probarte?
No conteste, no sabía si debía hacerlo o no. Edward por fin me quito mi última prenda, mis piernas se abrieron ampliamente, invitándolo sin descaro o vergüenza. Su dedo índice recorrió mis labios íntimos. —Abre la boca. –ordeno.
Obedecí y chupe su dedo. Mi olor y sabor inundo mi boca, no era un mal sabor, un poco amargo, solo eso. Gimió mientras sentía mi lengua deslizarse por su dedo, recorriendo todo su contorno. Poco a poco saco su dedo de mi boca y mirándome directamente a los ojos se inclino hacia mi centro.
Deje de respirar, pensaba decirle que se detuviera, pero no quería que lo hiciera. Quería disfrutar y sentir su boca acariciándome esa área.
— ¡Mierda! –grite y mis manos se cerraron sobre la colcha de su cama. Su lengua se movía arriba abajo sobre mi coño, el sonido de su lengua lamiendo y bebiendo mi lubricación era demasiado excitante. Mis manos fueron a su cabello, obligándolo a ir más rápido. Su boca chupo fuertemente mi clítoris, el dolor y el placer mezclado fue perfecto, mi espalda se arqueo y comencé a pedir más contacto. —Mas, Edward. Por favor, dame más.
Pude sentir su sonrisa contra mí centro, el chupo y acaricio mi clítoris con mayor rapidez, de arriba abajo y después de unos minutos de intenso placer cambio de técnica, podía sentir su lengua dibujando el numero 8 sobre ese pequeño nervio.
—Quien diría que te comportas como toda un putita…
El que me llamara por ese nombre me llevo al borde, al éxtasis, a experimentar un placer inimaginable. Mi espalda se arqueo aun mas, mis pies se retorcieron, mi cuerpo se estremeció mientras mis ojos se cerraban para no olvidar ni un segundo de este momento.
Edward se separo de mí y escuche su risa de triunfo. Si, el maldito tenía algo de que vanagloriarse. Pero no me importaba, mi cuerpo estaba totalmente relajado y no podía pensar con claridad. Con lentitud abrí mis ojos, Edward estaba parado a un lado de la cama, con una sonrisa arrogante tatuada en su rostro, baje mi mirada a su erección, pude ver una pequeña gota semen en la punta de su miembro, pase la lengua por mis labios. Nunca creí que ver eso me gustaría.
—Deja de ver mi verga como una paleta o tendrás que chuparlo.
Otra vez sus sucias palabras me excitaron. —Entonces tendré que hacerlo… -sus ojos se abrieron ampliamente al escucharme aceptar hacerle sexo oral, pero después oculto su sorpresa.
—Siempre supe que eras una zorra.
Se recostó a mi lado, esperando a que hiciera mi parte. Vacilante me senté en sus rodillas, con mis piernas a sus costados. Suspire contra su pene y lo sentí tensarse. Creo que podría torturarlo un poco… — ¿Cuánto tiempo has fantaseado conmigo, Cullen? –pregunte contra su dura erección.
—Una o dos veces al día. –respondió sin pudor. —Tu rosada y virginal boca siempre me ha excitado… -se quedo callado, espere a que continuara pero no hablo.
Continúe yo. — ¿Qué más te excita pensar? Imaginabas tus manos en mi cabello mientras yo te la chupo… bebiendo hasta la última gota de tu semen.
Gimió. —Sí. -admitió. —Siempre imagino que lo haces en tu cacharro de coche. Ahora… mámamela, ¡Ya!
Introduje su miembro dentro de mi boca, el sabor salado del pre semen me agrado, mientras estaba dentro de mi boca acaricie su longitud con mi lengua, rodeándolo o simplemente lamiéndolo. Lo escuche gruñir y eso me alentó a seguir con mi trabajo. Succionando fuertemente saque su polla de mi boca y después la volví a adentrar, hasta coger el ritmo. Las manos de Edward fueron a mi cabello, relaje la garganta, sabiendo que él me obligaría a ir más rápido. Y no me equivoque.
—Chupa más fuerte putita, se que quieres beber de mi. ¡Chupa más!
Alentada por sus palabras hice lo que ordeno, su miembro entraba y salía de mi boca con rapidez, con mis manos acaricie sus testículos y lo sentí tensarse. Estaba cerca, las manos de Edward apretaban con fuerza mi cabello y me urgían a acelerar mi ritmo, unos cuantos movimientos mas y exploto en mi boca, ni siquiera pude saborear su semen, el liquido bajo por mi garganta, solo sentí la calidez y un ligero sabor amargo en mi boca.
El agarre en mi cabello se debilito, me recosté a su lado. ¿Qué debía de hacer ahora? ¿Debía elogiarlo? Si, ya podía imaginar su cara cuando le dijera: Edward, me ha encantado hacerte sexo oral, ¿podemos repetirlo?
—Saca un condón del cajón del buró.
Sin bajarme de la cama me acerque al buró, abrí el cajón. ¡Diablos! El cajón estaba repleto de condones, fácilmente había unos 50…
Gemí sin poder contenerme y toque por primera vez el pequeño plástico… Tire el condón sobre su torso. —Ahí lo tienes.
—Bella, tú me lo pondrás.
—Oh, no. Yo no hago esas cosas.
Rió divertido. — ¿Acabas de beber mi semen y dices que no puedes poner un condón? –me sonroje, una pequeña dosis de realidad le llego a mi cerebro.
—Oh, la zorra ya se fue y ahora está la virginal Bella.
Rodé los ojos, no estaba dispuesta a escuchar sus burlas. ¿Qué tan difícil puede ser poner un condón?
Me senté a horcajadas de él, tome el condón y lo abrí con cuidado, saque el resbaladizo y húmedo condón. No necesite ser muy inteligente para saber que solamente lo colocaría sobre la punta de su erección y después deslizaría el látex sobre su longitud, hasta llegar a la base. Después de poner el condón subí hasta la altura de su erección. Y el miedo y las dudas llegaron de nuevo…
—Mierda, Swan. Decídete de una vez, pero no me tengas en ascuas y caliente…
—Tus palabras no están ayudando pendejo.
—Mira, Bella. –note que hacia un esfuerzo sobre humano por no enojarse. — ¿De verdad crees que vas a encontrar a tu príncipe azul? No me respondas a mí, respóndete a ti misma. Si la respuesta es sí, sal de mi puta habitación y dile a Lauren que suba a terminar tu trabajo, si la respuesta es no, ¡Móntame!
Oh, no. La puta de Lauren no subiría a esta habitación.
Suspire profundamente y trate de encontrar la respuesta a su pregunta… No, no encontraría a mi príncipe azul. Y siempre lo he sabido, ¡Maldición! Posiblemente la próxima vez que tenga la oportunidad de perder mi virginidad no será ni un poco placentera como en estos momentos…
Todavía con dudas decidí intentarlo…
—Swan… -me advirtió.
Acaricie varias veces su erección y esta de inmediato se endureció. — ¿Muy duro, Eddy?
Una vez que estuvo dura como roca tome una fuerte respiración y guie su miembro a mi estrecha cavidad. Con dificultad encontré la entrada a mi sexo, la polla de Edward era más grande que la de los demás chicos, nunca había visto una con cual compararlo, pero definitivamente, si veía a otro chico desnudo no crearía que fuera a romperme como con él.
Las manos de Edward fueron a mis caderas, de alguna manera me daba valor para que siguiera. Hasta el momento solo la punta de su miembro estaba adentro y sentí incomodidad con un poco de placer, baje un poco más.
—Despacio. –me recordó.
Relaje mis hombros y respire profundamente, sentí el miembro de Edward topar con algo… mi virginidad.
—Esto lo hare yo. –abrí los ojos, que sin darme cuenta había estado cerrados.
—No. Lo harás fuerte, te conozco. –lo acuse.
—Si lo haces tú, cuando sientas un poco de dolor de quitaras. ¿Prefieres estar cinco minutos indecisa o unos segundos de dolor?
Odiaba cuando tenía razón.
—Está bien. –cerré otra vez los ojos y me mordí el labio, preparándome para el dolor que sentiría.
—Uno… -sus dedos se hundieron más en mis caderas. —Dos… -sus manos me elevaron un poco. —Tres. –sus manos me bajaron con fuerza hasta su cuerpo.
El inmenso dolor se propago por mi cuerpo, sentí mi entrepierna completamente herida, lastimada, deseaba separarme del cuerpo de Edward y masajear mi coño varias veces, hasta que no me doliera. Al parecer adivino mis pensamientos y me tomo por la cintura para estrecharme contra su dorso.
—Eres más estrecha de lo que pensé. –sabía que no lo decía para excitarme, ya que su voz era contenida, lo decía para ayudarme a olvidar el dolor. Sus brazos rodearon mi espalda y su cabeza se enterró en mi cuello. —Cada centímetro de mi cuerpo huele a mí, solo a mí. –mordisqueo el lóbulo de mi oreja y gemí fuertemente.
El dolor estaba dando paso a la incomodidad y la incomodidad estaba transformándose en placer.
Edward elevo un poco las caderas y sentí placer, esta vez mordí mi labio para evitar gritar de felicidad.
— ¿Te encuentras bien? –su pregunta fue solo un susurro.
—Sí.
Poco a poco su abrazo se relajo mientras sus caderas seguían moviéndose, haciendo que su miembro entrara y saliera de mi cuerpo con rapidez. Bese, lamí y mordisquee su cuello, pidiéndole a gritos por mas.
Las manos de Edward fueron a mi trasero apretándolo o dándome nalgadas. — ¿Tienes idea de cuantas veces he soñado con acariciar tu culo?
Respondí con un gemido.
En algún momento Edward había dejado de moverse y era yo quien se movía. Bajaba y subía sobre su erección con rapidez, primero lo hice con miedo, pues temía que doliera, pero después de descubrir que no pasaría, no perdí tiempo en hacerlo con rapidez.
—Sigue así puta, móntame duro.
Sus palabras me excitaron aun más. Gotas de sudor salían por todo mi cuerpo, mi interior en llamas, ardiendo…
El orgasmo comenzó a formarse en mi vientre y cada vez que el miembro de Edward se adentraba en mi se volvía más placentero.
—Edward, voy a… yo…
—Córrete, Bella. Quiero sentir como tu dulce coño se aprieta sobre mi polla… Córrete para mi, puta. –su dedo pulgar acaricio mi clítoris…
Cerré mis ojos mientras montaba a Edward, sus palabras y sus caricias me llevaron por segunda vez al borde… El orgasmo fue más intenso, aun con los ojos cerrados pude ver estrellas a mi alrededor.
—Mierda, Bella. –rugió Edward al sentir mis paredes interiores apretando su polla.
El orgasmo de él siguió al mío. Me derrumbe contra su pecho, tratando de que mi respiración volviera a la normalidad.
Poco a poco la realidad me abrumo. Y mierda, tenía tantas ganas de llorar… ¡Me acababa de acostar con Edward, patán, Cullen!
Escuche sus ronquidos y me deshice de su abrazo. Tambaleándome baje de la cama y comencé a ponerme mi ropa. Con mi ropa interior al revés y mis zapatos converse sin abrochar salí de la habitación. Al bajar las escaleras me di cuenta de que solo quedaban pocas personas en la fiesta.
Emmett me miro directamente a los ojos y no pude sostenerle la mirada. Cuando baje el último escalón el ya estaba a mi lado.
—Supongo que estabas en la habitación de Edward. –quiso confirmar su sospecha.
Asentí con la cabeza, incapaz de hablar.
— ¿Te llevo a casa?
De manera automática atravesé la casa hacia el pórtico. Subí al jeep de Emmett mientras él seguía en silencio. Sentía que le había defraudado y fallado.
En un abrir y cerrar de ojos llegue a mi casa. Suspire aliviada al darme cuenta de que las luces de la sala estaban apagadas, Charlie no me esperaba.
—Nos vemos, Emmett. Y… gracias por traerme.
El asintió e hizo algo que me dejo completamente anonadada. Me dio un pequeño beso en los labios.
—Prepárate para sufrir su furia el lunes. –me advirtió.
Trague saliva y baje de su auto. Sin saber que decir, tanto por el beso como con el asunto de Edward.
—Nos vemos, Em.
Me di la vuelta y camine decidida hacia la puerta de mi casa, pase las manos por mi cabello, tratando de no aparentar que acababa de tener fantástico sexo.
Entre a mi casa y camine directo hacia mi habitación. No me moleste ni siquiera en desvestirme o limpiar mi cara del poco maquillaje que usaba. Solo dormí, mi último pensamiento fue una maldición hacia Edward.
…………………………………
El lunes me encontraba escondida en el baño de chicas, donde llevaba más de tres horas. Escondiéndome de Edward y de su furia… el fin de semana mi móvil no paro de sonar, pero al ver que la llamada entrante era de un número privado active el modo silencioso, era obvio que se trataba de él. Gracias a Dios mi padre es el jefe de policía del pueblo y Edward no estaba informado de su fin de semana de pesca, porque si no…
Me estremecí ante la idea de Edward tocando mi puerta.
Suspire de nuevo y mire de nuevo el reloj. Hace 45 minutos habían terminado las clases, creo que ya podía irme a mi casa, la paciencia de Edward no dura tanto, aparte… tenía que admitir que él dejo claro que después de que pasara por su cama ya no me molestaría.
Mis puños se cerraron al darme cuenta de que no quería que dejara de molestarme, nunca lo admitirá en voz alta, pero en el fondo deseaba eso. Lo deseaba mucho, mi primera vez disto mucho de ser perfecta… tal como soñe que sucedería. Nada de besos tiernos, nada de palabras románticas y de amor, no velas, ni pétalos de rosas sobre la cama y por supuesto, mi príncipe azul es un patán que nunca será mi caballero andante.
Y lo estúpidamente peor de la situación es que no me arrepiento, cada vez que cerraba los ojos recuerdos de la noche del viernes inundaban mi mente, logrando excitarme, sonrojarme y entorpecerme.
— ¡Maldito seas Edward Cullen! ¡Maldita sean jodidas hormonas!
Resople y tome mi mochila del piso y camine hacia la puerta del baño, saque mi cabeza hacia afuera, mire hacia mi izquierda y hacia mi derecha, los pasillos estaban vacios. Aliviada deje de contener la respiración y salí de una vez por todas del mugroso baño. Camine por los pasillos, atenta a cualquier sonido. Si, quizás me este comportando como una paranoica, pero no estaba preparada física ni mentalmente para mi discusión con Edward. ¿Se burlaría de mí? ¿Me ignoraría? ¿Me manosearía delante de todos como lo hace con Jessica y Lauren? No estoy preparada para soportar las respuestas a esas preguntas…
El estacionamiento estaba casi vacío, solo algunos autos del personal administrativo y mi monovolumen.
Casi corriendo salí del instituto y llegue a mi auto, abrí la puerta de prisa y me senté en el asiento del copiloto…
—Te tardaste mucho, Swan. Estaba pensando en arrastrarte hasta aquí si no salías en cinco minutos…
— ¡Maldición! –grite sobresaltada y una de mis manos fue a mi corazón, que latía aceleradamente, tanto por el susto como por la presencia de Edward. ¿Qué diablos hacia dentro de mi auto? —Estas en propiedad ajena. –intente intimidarlo y retrasar lo inevitable.
El simplemente rodó los ojos. — ¿Por qué te escondes de mi?
— No me escondo de ti. –mentí. —Se me metió una basurita en el ojo y no la he podido sacar. -¡Sí! ¡Qué patético pretexto!
Resoplo. —Ridícula. –se burlo.
Nos quedamos en silencio, el miraba hacia el frente mientras yo miraba fijamente mis manos. ¿Por qué no decía nada?
—Imagino que si me has estado esperando es porque quieres hablar conmigo, así que habla.
—Y yo me imagino que si te escondías de mi es porque ocultas algo, así que habla.
Gruñí molesta, ¡Odio que sea más inteligente que yo!
—Yo hable primero… contesta.
—Necesitamos hablar, con respecto a lo que paso el viernes.
Cerré los ojos, esperando que dijera que fue un error, que le molesto mi inexperiencia, que de ahora en adelante mi dejaría en paz…
—Sigue.
—Bueno, creo que después de eso tú debes ser mi novia…
Lo interrumpí. —Edward, si crees que tienes que casarte conmigo porque me arrebataste la virginidad o algo por el estilo, te diré que esos pensamientos están muy pasados de moda…
El cerró los ojos y suspiro. — ¿Quieres callarte de una maldita vez, Swan? Déjame hablar. Mira, me gustas y mucho, por eso te lo pido.
—No me lo estas pidiendo, me lo estas ordenando.
Chasqueo la lengua y juro que por un momento deseo ahorcarme. — ¿Bella, quieres ser mi novia?
Y todo lo que pude hacer fue quedarme callada. En lo más profundo de mi ser había imaginado esta escena, y había ideado miles de respuestas, desde negativas, románticos desenlaces, discusiones, apasionados besos, etc. Pero nunca planee quedarme sin palabras.
—Di algo. –dijo entre dientes.
Su voz me saco de mi estado catatónico. —Lo siento, es lo que no puedo creer que tu…
— ¿Qué tenga sentimientos? –su voz se elevo un poco, molesto.
— ¡No! ¡No! –aclare con rapidez y pase mi mano por mi cabello. —Que tu sientas lo mismo que yo.
El frunció el ceño. —Siempre he sabido que me amas, Swan.
— ¡¿Qué?!
—Oh, vamos, Bella. ¿Crees que no siento tu mirada taladrándome cuando estamos en clase o tú miradas lujuriosas?
Trague saliva. — ¿Quién mas lo sabe? –susurre avergonzada.
—Todos en la escuela y mi familia.
Cerré los ojos, con razón Alice se intereso en mí de la nada, sin conocerme. Ahora entendía porque Emmett siempre trataba de saber cómo iba mi relación con Edward, el porqué Esme me invitaba a su casa a cenar, el porqué el Doctor Cullen siempre me atendía a mi primero en urgencias cuando había otras personas esperando. Pero…
— ¿Quién del instituto lo sabe?
—Todos, tú y yo de alguna manera estamos la mayoría del tiempo juntos.
—Pero Lauren, Jessica…
Negó con la cabeza. —No tengo nada que ver con ellas desde hace siete meses. Desde que te conocí.
—Pero tú de pronto me ignorabas, creí que era porque estabas con ellas y todavía hace unas semanas tú dijiste que Lauren pedía que la tocaras.
—Lauren es una zorra, en toda la extensión de la palabra, me tenía harto con su acoso, llego al grado de tomarse fotos desnudas y mandarlas a mi celular. No conforme con eso fue hasta los vestidores del gimnasio para pedirme que la folle, me suplicaba que la tocara. Por eso la humille en frente de todos, para que supieran como es en realidad y me dejara en paz.
Mis ojos estaban abiertos completamente. No negare que la manera de comportarse de Edward no era la mejor, pero si arranco el problema de raíz.
—Y Jessica…
—Jessica es una descerebrada, solo coqueteo con ella frente a ti. Ni siquiera se da cuenta de que lo hago para molestarte.
Mis dientes rechinaron. — ¿Molestarme?
—Sí, te vez tan sexy celosa.
Me quede en silencio, de nuevo. Recordé el beso de Emmett, tenía la sospecha de que sentía algo por mí, pero no fue hasta que me beso hasta que todo lo dejo claro. —Y… Umm… -¿Cómo le explico que su hermano está enamorado de mí?
Arqueo una ceja, sus ojos me miraban divertidos. — ¿Y Emmett?
—Sí, tú sabes que Emmett… -trague saliva.
— ¿Qué le gustas? –bufo. —Sí, se que te llevo a tu casa cuando me quede dormido y que el pendejo te beso. –sus puños se cerraron y por un momento temí que lo hubiera golpeado, pero su cara no tenía ningún rasguño o hematoma. —A él le gustas Bella, eres hermosa, educada, dulce. No te comparas con las chicas con las que trata en la universidad, pero el siempre supo lo nuestro, pero aun así no perdía la esperanza de que lo vieras como algo mas. El me confesó que el beso fue de despedida y nos deseaba lo mejor a ambos. Por supuesto, le dije que cortaría los testículos si volvía a besarte.
Hice una mueca, mi novio sería tan celoso…
—Una última cosa, ¿Por qué tantos comentarios sexistas?
—Bella, soy un adolescente con hormonas alborotadas, tengo que sacar mis frustraciones de alguna manera. Aunque el principal motivo es porque disfruto de nuestras discusiones.
— ¿Seguirás siendo un patán? –pregunte acercándome más a él.
—Mi enfermedad no tiene cura, pero tratare de comportarme.
Me mordí el labio, sinceramente no quería que se comportara. Adoraba escuchar sus palabras lascivas y las fantasías que tenia con mi cuerpo.
—Sí. –murmure mirando fijamente sus labios.
— ¿Si, qué?
—Si quiero ser tu novia.
El sonrió. —Sabía que dirías que sí. –dijo con arrogancia.
Resistí el impulso de rodar los ojos. — ¿Tan seguro estas de ti mismo?
—Soy irresistible… –me dio un pequeño beso en los labios. —Y me amas tanto como yo a ti.
Estuvimos los siguientes veinte minutos besándonos, hasta que la temperatura subió dentro del coche y terminamos haciendo el amor como dos animales salvajes. Cerca de las cinco de la tarde debíamos de separarnos, Charlie llegaría del trabajo en una hora y yo no había preparado la comida. Nos despedimos y el camino hacia el bosque, donde había escondido su Volvo, ya que él sabía que si descubría que su auto estaba en el estacionamiento seguiría escondida dentro del baño.
Volví a revisar que mi ropa estuviera bien colocada y me mire atraves del espejo retrovisor. Mejillas sonrojadas, labios hinchados, dos chupetes en mi cuello, cabello enredado, los primeros tres botones de mi camisa estaban desaparecidos… Sí, creo que puedo acostumbrarme a esto.
Edward dejo claramente sus intenciones hacia ella. No pararía hasta hacerla suya, si eso pasaba, el ganaba. Y Bella no estaba dispuesta a ser utilizada. "Si la respuesta es sí, sal de mi puta habitación y dile a Lauren que suba a terminar tu trabajo, si la respuesta es no,¡Móntame!"
Edward, patán, Cullen
Lo vi bostezar, ¡Dios! El es lo más hermoso que he visto en mi vida. Maldición, si tan solo no fuera el diablo en persona…Lauren Mallory pasó por su asiento contoneando las caderas, incitándolo. El negó con la cabeza, claramente divertido. — ¡Zorra! –gritó y le dio una nalgada.
Suspire cansadamente, un patán, esa era su mayor característica.
No entendía mi fascinación por alguien como él. ¿Qué pensaría el pequeño pueblo de Forks si se enteraran que la hija del Jefe Swan esta locamente colada por Edward Cullen?
La chica se giro hacia él, fingiendo estar ofendida. — ¿Qué diablos te pasa, Edward? ¿Por qué me tocas? –le dirigió una mirada envenenada.
—Hace unos días no te enojabas porque te tocara. Al contrario, recuerdo que suplicabas…
— ¡Edward!
Varias chicas que estaba esperando que el maestro llegara a dar la clase se sonrojaron, al igual que yo. No podía creer que estuviera a punto de divulgar los detalles de su vida sexual.
—Deberías aprender a Swan. –me tense al escuchar mi apellido. —Una autentica mojigata. –se giro hacia a mí, esperando mi reacción.
Mis dientes rechinaron, normalmente no caía en sus provocaciones, pero estaba molesta porque manoseara a Lauren. — ¡Jodete! –le hice una seña obscena con el dedo.
—Prefiero joderte a ti. ¿Qué dices? –movió sus cejas sugestivamente.
—Nunca. –dije con ferocidad, aunque por mi cabeza pasaban imágenes de nosotros teniendo sexo salvaje contra la pared.
—Ya sabes lo que dicen. -se encogió de hombros. —Nunca digas nunca.
Humedeció sus labios con su lengua, eso me desconcentro, haciendo que se me olvidaran las palabras que pensaba pronunciar.
Escuche el gruñido de Lauren, molesta por haber sido sacada de nuestra conversación. — ¡Váyanse a la mierda los dos! –se dio la vuelta para salir del salón de clases y Edward no desaprovecho la oportunidad de volverle a tocar el trasero, esta vez no la azoto como hace unos momentos, acaricio con suavidad una de sus nalgas. Mi boca se abrió y cerró varias veces, ¿Cómo diablos hacia eso delante de todos? Sin pudor, sin vergüenza.
Desvié mi vista, note que muchas chicas observaban la situación con fascinación, era obvio que tenían las bragas mojadas…
Al principio me fue insoportable ver a Edward manoseando, insultando y burlándose de las chicas más atractivas del instituto, pero conforme paso el tiempo me acostumbre. Creo que sencillamente no hay sentimientos… solo atracción. Y a quien quiero engañar, ¡El chico es realmente sexy!
Escuche vagamente un gemido y me concentre en abrir mi libro de cumbres borrascosas, así no le daría el gusto a Edward de ver que me afecta su estúpida actitud.
La puerta del salón se abrió, el Sr. Banner entro y todos se acomodaron en su asiento.
En Phoenix había llevado clases avanzadas de Biología, así que rara vez prestaba atención a las palabras del profesor, seguí leyendo mi libro hasta que tocaron el timbre.
Guarde mis cosas en la mochila y camine rápidamente hacia la salida, lejos de Edward…
Como siempre, Dios está en mi contra y él me alcanzo con facilidad. —Entonces, ¿En tu casa o en la mía? –preguntó mientras sacaba una cajetilla de cigarros.
—No me acuesto con perdedores. –trate de humillarlo.
Él ni siquiera se incomodo con mi insulto. —Tú no te acuestas con nadie.
Arquee una ceja. — ¿Me vigilas? –dije tratando de no aparentar estar sorprendida por sus palabras.
Asintió con la cabeza. — ¿Sabes que pensé cuando te conocí…?
— ¿Qué era un demonio, salida de tus mas lujuriosas fantasías? –pregunte con sarcasmo, recordando que esas fueron sus palabras. Llevaba más de siete meses en Forks, cuando llegue al pequeño pueblo me incomodo ser la novedad, las constantes miradas curiosas, las falsas amistades… Fue hasta que lo conocí, su mirada lujuriosa me incomodaba, para nuestros compañeros de escuela nunca fue un secreto, Edward Cullen dijo: Eres un demonio, has salidos de mis mas lujuriosas fantasías. Tu inocencia me excita, no puedo esperar para llevarte a mi cama. Ver tu virginal rastro retocerse de placer.
Por mi rostro pasaron diversas emociones, asombro, excitación, humor, incredulidad, coraje... Hasta que reaccioné, no dude en golpear su mandíbula.
Creí que mi golpe lograría que se alejara de mí, pero tuvo el efecto contrario. Los chicos del instituto que me pretendían hasta la fecha me evitan y Edward se pego a mí como una garrapata. No todo el tiempo, hay días que se olvida de mi existencia y soy inmensamente feliz, pero después me arrepiento, ya que él regresa a mí con energías recargadas y mas patán de nunca.
— ¿En Bellalandia? –se burlo, no me di cuenta de cuánto tiempo pase recordando nuestros primeros encuentros.
Rodé los ojos. —Estoy pensando que debí de ser Hitler en mi otra vida o una asesina serial, porque no encuentro otro motivo por el cual Dios me está castigando de esta manera.
—No lo veas como una maldición. –sonrió abiertamente. ¡Mierda! ¡Odio cuando sonríe! El pendejo me deslumbra. —Solo abre las piernas y listo. Dejare de molestarte. –sus palabras fueron serias, no bromeaba.
— ¡Púdrete en el infierno, Cullen! –me quite la mochila de mi hombro derecho y no dude en golpearlo en la cabeza.
— ¡AH! –grito como niña. — ¡Estúpida! –me insulto.
Oh, no. Yo no soy una de sus putas como Lauren. Con más fuerzas volví a golpearlo con mi mochila. Esta vez pudo cubrirse su rostro del golpe.
Escuche el claxon de la patrulla de Charlie. Y de inmediato deje de golpearlo, agradecí que mi padre llegara en ese momento, así Edward, patán, Cullen no se atrevería a tomar represalias contra mí.
— Nos vemos en clase, Edward. –hable con fingida educación.
Me di la vuelta y lo escuche gruñir. Olvide decirlo, de vez en cuando soy yo la que gano la batalla. Pero no sé si ganare la guerra.
…………………………………
— ¿Iras a mi casa? –preguntó una aterciopelada voz detrás de mí.
Cerré el casillero con brusquedad, había pasado una semana sin saber de él. Suspire, había extrañado su sexy y molesta voz. —Piérdete, Edward. –no me tome la molestia de mirarlo, seguí leyendo los títulos de mis libros.
—Mira, Swan. ¿Iras o no? –al parecer estaba cansado de mi actitud.
Me encogí de hombros, como si no hubiera tomado una decisión. — ¿No tienes a quien más molestar?
—Alice vendrá mañana y quiere que estés ahí, no ha dejado de molestarme, te quiere allí.
Fingí no haberlo escuchado. La pequeña de los Cullen estudia en Francia, obsesionada con la moda, solo nos hemos visto unas cuantas veces, pero nos hemos hecho grandes amigas. Y al parecer estará en la fiesta de cumpleaños de Edward.
Tendría que ir, por Alice y por Angela, quien está saliendo con Ben. —Bella… -me amenazo.
Suspire. —Sí, Edward. Si estará Alice voy a ir. Ni creas que voy por ti, no entiendo porque alguien quiere celebrar el día que el anticristo nació…
—Que diría la pobre Esme si te escuchara. –fingió estar triste.
Al principio caía con su chantaje emocional, hasta que me di cuenta de que lo hacía para controlarme o manipularme. — ¿Que diría la dulce Esme si se enterara de que más de cinco veces has estado en detención por tener sexo en los cuartos de aseo?
Lo deje sin palabras. Arquee una ceja al ver que no contestaba.
En ese momento paso Jessica, Edward le guiño el ojo mientras ella le soplo un beso al aire.
Suspire dramáticamente. —Eres tan romántico.
—Ella es quien mejor lo chupa en toda la escuela. –se encogió de hombros. —Tiene cierto trato… preferencial.
Apreté mis libros con fuerza, tratando de controlar mi coraje. — ¿Has escuchado la palabra "ETS"? –pregunte con sarcasmo.
—Me hago un examen cada tres meses. Pero nos desviamos del tema, ¿Entonces te veré mañana…? –asentí a modo de respuesta. —Ten reservare mi cama.
Lo mire de arriba abajo, con desprecio. —Alguien como tu es poco para mí. –y mis palabras eran ciertas.
Sus dientes rechinaron, no sé qué diablos estaría pensando, o que fue lo que provoco tan enojo. —Eres tan mojigata, santurrona… ¿Alguna vez te han besado?
Sonreí ampliamente, y fingí recordar algún momento. —En Phoenix conocí a un chico tan atractivo, tenía un gran parecido a Ben Barnes, sus besos eran tan apasionados. –me perdí en los recuerdos, un fuerte golpe me saco de mi fantasía. Edward había golpeado con su puño un casillero.
—Estas babeando el piso…
Sonreí ampliamente, disfrutando de sus celos. —Como sea, ese chico si valía mi tiempo.
—Mientes.
Lo mire directamente a los ojos. —Según tu… ¿Qué es mentira?
—No vale la pena… Si fuera tan especial como tú dices, no seguirías siendo virgen.
—No soy virgen. –mentí.
Negó con la cabeza, sonriendo ampliamente. —Lo eres… -se acerco peligrosamente a mí, deje de respirar unos momentos. Su nariz se deslizo por mi mandíbula. —Eres tan… pero tan dulce. –su lengua lamio mi cuello y mi respiración fue errática. —No sé cómo te resistes a mí, eres tan diferente a todos los humanos que conozco. –sus dientes rozaron el lóbulo de mi oreja. —Solo mía.
El tono posesivo de su voz me hizo recobrar la compostura. Lo empuje, tratando de mantenernos a cierta distancia.
— ¿Qué diablos quieres de mi, Edward? ¿Un polvo?
—Sí. –su afirmación dolió.
Conté mentalmente hasta diez, quería que mi voz no sonara distorsionada por las enormes ganas de llorar. —No. –dije girando sobre mis talones y caminando en dirección opuesta a él.
La estruendosa música resonaba en mis oídos, solo llevaba veinte minutos en la casa Cullen y ya miraba la puerta con devoción. Sinceramente, preferiría pasar mi noche de viernes leyendo un libro, pero no podía. Le había prometido a Angela mi compañía y en el fondo me moría por ver a mi imperativa amiga Alice.
Alguien me empujo por mi espalda. —Lo siento, no te vi.
Me gire hacia el idiota que me golpeo, me lleve una sorpresa al ver a Emmett. — ¡Oh, Dios! ¿Qué haces aquí?
Se suponía que el hermano mayor de los Cullen se encontraba en UCLA, estudiando su carrera universitaria. —No podía evitar asistir al cumpleaños de mi hermanito Eddy. ¿Y tú qué haces aquí?
Fingí ofenderme. — ¿Me estas corriendo?
—Para nada, es increíble que estés celebrando el cumpleaños de Edward. –gruñí al escuchar el nombre de ese idiota.
—Lo sé, pero acompaño a Angela. –Emmett miro a mi alrededor, buscándola. —Está en algún lugar con Ben.
—Entonces te hare compañía.
Me senté en unos escalones mientras él iba a buscar un vaso con cerveza para mí. En menos de cinco minutos Emmett estaba a mi lado, platicando anécdotas de la universidad.
—Tuve que regresar a mi dormitorio desnudo, por suerte, pude quitar algunas ramas a unos arbustos y con eso me protegí de las miradas curiosas.
No paraba de reír, a pesar del poco contacto que mantenía con Emmett, existía una gran confianza entre nosotros y podía platicar de cualquier tema.
Sentí un estremecimiento, deje de mirar a Emmett y mire a mi alrededor, la casa estaba totalmente llena de personas, algunas conocidas, otras, la mayoría, desconocidas para mí. Mi mirada se topo con los ojos verdes de Edward, no había esa burla o arrogancia que lo caracterizaba. Sus ojos solo mostraban soledad. Por primera vez en meses de conocerlo, él fue el primero en apartar la vista.
— ¿Ya felicitaste a Edward?
—No, lo acabo de ver. –trate de cambiar de tema. — ¿Y Alice?
—Ella no vendría. –frunció el ceño. —Son casi 11 horas de viaje, los boletos son muy caros y solo podría estar el fin de semana, sería un gasto innecesario. Aparte, Edward le pidió que no se metiera en problemas, que después festejarían juntos. Solo llamo en la madrugada de hoy, de día en Francia.
Mis dientes rechinaron, bastardo mentiroso. —El estúpido de tu hermano dijo que estaría aquí.
Emmett rió con fuerza. —Debiste haber sabido que mentía. Entiendo porque Edward dice que eres tan inocente…
—Em… -le advertí, no estaba para bromas.
—Ok, ok. Ya, tranquila. –suspiro, trataba de no reírse.
Seguimos platicando la siguiente hora y media, hasta que a Emmett le avisaron que surgiría una pelea y corrió hacia el patio trasero de la casa, al parecer eran amigos suyos de la universidad.
Eran cerca de las doce y le había prometido a Charlie llegar temprano, comencé a buscar a Angela. La busque en el patio, la sala, la cocina, el comedor… No daba con ella. Para mi desgracia, Mike Newton me vio, el chico estaba totalmente borracho, jugando con varios otros compañeros del instituto quien podía beberse más vasos de alcohol. Se tambaleo un poco y camino hacia a mí.
Oh, oh.
Salí corriendo, subiendo las escaleras. De reojo pude ver a Mike mirando a su alrededor, buscándome. La música se escuchaba mas débilmente de acuerdo me alejaba de la sala.
No lo pensé dos veces y me adentre en la primera puerta que vi.
Cerré los ojos, tratando de que mi respiración volviera a la normalidad. Después reí, ¿Por qué diablos corría por culpa de Newton?
—Estoy loca. –dije hablando conmigo misma.
—Ya lo creo.
Mi corazón latió más rápido al reconocer al dueño de esa voz. Con miedo abrí lentamente mis ojos, era obvio, entre a la habitación de Edward.
¿He dicho que tengo mala suerte?
Observe a mi alrededor, la habitación estaba ligeramente iluminada gracias a la luz de la luna que entraba por la ventana. Una enorme cama, una gran cantidad de discos, un sofá de piel, una equipo de música… Lo vital para un adolescente cualquiera. Miento, Edward no es un adolescente común y corriente.
Es un estúpido, arrogante, cabrón, manipulador…
—Estas pensando en mi.
Mi vista fue directamente hacia la ventana, donde provenía su voz. Entonces lo vi, la pared trasera era totalmente de vidrio y Edward estaba sentado en el piso, con unas botellas de cerveza a su lado.
Vacilante me acerque a él. — ¿Cómo sabes que pienso en ti?
—Cuando piensas en mi eres predecible. –pude distinguir que se encogió de hombros.
—No contestaste mi pregunta.
Me senté frente a él, maravillándome con su hermosura, la luz de la luna me permitía observarlo con mayor claridad. Edward destapo una de las botellas de cerveza y me la paso.
El bebió una gran cantidad de su bebida antes de hablar. —Frunces ligeramente el ceño cuando me insultas, y solamente me insultas a mí. No necesito ser un genio para sumar dos más dos.
Asentí con la cabeza, un poco sorprendida por saber que el maldito me conocía tan bien, pero bueno, yo también lo conozco perfectamente. Uno siempre tiene que conocer bien a su enemigo…
— ¿No deberías estas abajo? Ya sabes… -hice un ademan con mi mano. —Disfrutando de los regalos, abrazos, halagos y todas esas cosas.
Bufo. —Ningún pendejo de los que está abajo es lo suficiente bueno para ser mi amigo.
—Me molesta tu honestidad. –dije con los dientes rechinando.
—Así soy yo. –dijo con una amplia sonrisa, dispuesto a enojarme. — ¿Y tú qué haces aquí?
Repetí las mismas palabras que use con su hermano. — ¿Me estas corriendo?
—Para nada, me gustaría creer que estas aquí para dejar que te folle, pero aunque es mi cumpleaños sé que eso sería demasiado pedir.
—Tienes razón, estoy aquí porque huía de Mike Newton. –entonces comprendí, hui de una simple cucaracha para meterme en la cueva del león.
Edward me guiño el ojo. —Estas en la cueva del león. –repitió mis pensamientos.
Me estremecí. — ¿Como sabes que pensaba eso?
Rió fuertemente. —Casualidad.
Por segunda vez decidí cambiar de tema. —Dijiste que Alice estaría a aquí. –des graciablemente mi voz no sonó muy molesta.
—Si te hubieras puesto a pensar un momento sabrías que es imposible que ella viniera a mi fiesta de cumpleaños.
—Mentiroso. –escupí con veneno.
—Gracias. –dijo con arrogancia.
Resistí el impulso de rodar los ojos. Edward es tan infantil.
Nos quedamos en un incomodo silencio, lo analice con lentitud. Edward vestía una chaparra de piel negra, sobre su camisa blanca y unos jeans azul marino. Mi vista se fijo a sus pies, me di cuenta de que estaba descalzo. Sin calcetines, ni zapatos. Su cabello estaba un poco más peinado que de costumbre, pero su cuerpo estaba tenso, a la defensiva, como siempre.
—O estas de su lado o eres su enemigo. –dije mis pensamientos en voz alta.
El se sobresalto por mis palabras. —Así es, o estas de mi lado o en mi contra.
— ¿Blanco o negro? ¿Sin matices? –no podía creer que pensara de esa manera tan… destructiva.
—Desde luego.
Sin levantarme me acerque más a él. Deje que mis manos jugaran con las suya. — ¿Por qué me odias?
—No te odio. –separo sus manos de las mías, como si mi contacto le causara repulsión.
Decidí no volver a insistir. —Sí, si me odias. –asegure.
—Si no te llevo flores, ni escribo poesía no es porque te odie. –se mofo. —Me molesta tu inocencia, eres la única virgen que conozco y aborrezco que quieras seguir siéndolo. No te entiendo.
Pensé en sus palabras y me di cuenta de que sus palabras fueron un poco amables, normalmente me hubiera dicho "hipócrita virgen" o "frígida" pero esta vez dijo lo que sentía, aunque solo fuera la palabra aborrecer.
—No quiero ser un polvo, no quiero ser una más en la lista de un hombre. Ya sabes, un simple cuerpo donde obtener placer. Valgo más y merezco más. Y por esa razón te odio…
—Me amas. –me tense al escuchar esas palabras. El no podía saber que yo sentía eso, ni siquiera a mi diario se lo había confesado.
—Ja, Ja. ¿De ti? –toque su frente. — ¿Fumaste mariguana?
Miro hacia la luna. —Fume uno cigarro hace media hora y no fumo mariguana desde hace dos meses, desde que desperté desnudo en medio del bosque. –se estremeció. —Me creía un vampiro vegetariano.
Reí fuertemente. —Me sorprendes Edward Cullen.
Me guiño el ojo. —Si fuéramos a mi cama te sorprenderías de otra manera.
Ignore sus palabras. — ¿Existe algo de ti que no me sorprendería?
—Creo… -frunció el ceño. —Toco el piano desde los cinco años.
— ¿Qué? –casi grite. No puede ser cierto, este chico no puede tener esa habilidad… Gruñí al darme cuenta de que otra vez Edward Cullen pasaba sobre mí.
—Sí, me gusta tocar el piano tanto como follar. –me enseño sus manos. Sus largos dedos… ¡Oh Dios! Lo que ha de hacer con ellos, te han de llevar al cielo. Me sonroje ante mis pensamientos.
Bebí un poco de mi cerveza, que hasta hace unos momentos había estado intacta, necesitaba que la fría bebida calmara mi temperatura corporal.
—Sí, no lo dudo. –me limite a decir.
Otra vez nos quedamos en silencio.
—Oye, ¿te puedo pedir algo?
Entrecerré los ojos. —No. –nada bueno me pediría Edward Cullen.
—Que sea mi regalo de cumpleaños.
—Ya te regale un disco, está en la mesa de regalos.
Hizo un mohín. —Mira Isabella Swan. Nunca pido nada, si algo quiero, voy y lo tomo. Así que deja de hacerte del rogar. –dijo la oración con lentitud y con peligrosidad.
Suspire, me rindo. —Siempre y cuando sea algo inocente. Pide.
—Un beso, solo pido un beso.
No conteste, acerque mis labios a los suyos. A centímetros de establecer contacto me repetí a mi misma que solo sería un beso, no era mi primer beso y sin duda no será el último. Ni el mejor. Rece para que Edward fuera un mal besador y la desilusión desaparezca mi estúpido enamoramiento adolescente.
El acorto la distancia al notar mi indecisión, sus labios eran firmes y seguros pero a la vez cálidos y suaves, se abrieron paso entre los míos, de inmediato seguí el ritmo de su beso y cerré poco a poco mis ojos. Probablemente sería nuestro único beso, y mi cerebro podría echarle la culpa al alcohol. Una de las manos de Edward fue hasta mi cabello, empujándome más hacia a él mientras su mano derecha, un poco fría por sostener la cerveza acaricio mi mejilla. Suspire audiblemente, sin duda era el mejor beso que recibiría en mucho tiempo.
La mano que estaba en mi mejilla bajo lentamente por mi cuello, deslizándose hasta mi pecho. Me tense al instante por la sorpresa, pero mi cuerpo desobedeció los gritos de alerta de mi cerebro y gemí fuertemente. Su mano acaricio mi pecho, primero débilmente y después con más confianza. Entreabrí más mis labios al sentir su lengua pidiéndome permiso para adentrarse en mi boca. No entiendo lo que paso, simplemente no lo entiendo, pero el primer roce de su lengua contra la mía hizo que mi cuerpo ardiera, sentía que me quemaba.
Edward sabia a cerveza, ligeramente percibía su aliento a cigarro. Y fuera de causarme molestia o nausea me agrado. Pude identificar su sabor, su textura, un fuerte sabor dulce pero a la vez masculino. Edward sabía a hombre, a un hombre con experiencia, habilidad y maestría.
Poco a poco su cuerpo empujo el mío y ambos caímos hacia el suelo. Pude sentir su fuerte torso contra mis pechos, ¡Y mierda! ¡Me gusto! Ahora fue él quien gimió. Mis pezones estaban erectos, acusa de sus caricias.
—Más. Quiero más. –pedí entre besos.
Sentí la erección de Edward endurecerse aun mas ante mis palabras. Me separe de él, vi la sorpresa en su mirada, pero al notar que solo quería quitarme mi blusa se relajo. Probablemente creía que pararía, pero ni loca lo haría. Era la primera vez que sentía esas sensaciones, un cosquilleo entre mis piernas, la sangre corriendo furiosamente por mis venas, mi cuerpo sensible ante el más mínimo toque…
Quería experimentar más de esto, como quiera que se llame.
Me quede en sujetador, con Edward sobre mí. Su mirada se poso entre mis pequeños pechos, por un momento me sentí insegura, quizás no le era tan atractiva como solía decirme.
—Mejor que mis sueños.
Con voracidad beso la piel expuesta, sin tocar directamente mis pechos, torturándome. Yo misma me levante un poco y lleve mis manos a mi espalda para desabrochar mi sostén. La prenda se aflojo y Edward me la quito en menos de un segundo. La experiencia…
Esta vez hizo lo que deseaba, sus labios tocaron directamente mis pezones endurecidos, turnándose de un pecho a otro. Sin detenerse en uno más que el otro.
En esos momentos mis gemidos resonaban en la habitación. —Tienes demasiada ropa. –mi voz sonó tan ronca que no la reconocí como mía.
Deslice mis manos por sus hombros, su chamarra bajo por sus brazos con lentitud, él hizo la ultima parte y la aventó hacia la cama. Pase mis manos por sus fuertes brazos y gemí, deseaba que se enterrara fuertemente en mi y que sus brazos me sostuvieron mientras llegábamos al clímax.
El tomo el dobladillo de su camisa, levanto las manos y se despojo de la prenda. Maldición, sus abdominales, sentí mi entrepierna gotear. El seria mi perdición.
Se levanto por completo de mí. Lo mire confundida. —Vamos a la cama. –sus ojos ardían, completamente negros y segados por la pasión.
Sin esperar a que me pusiera de pie, me cargo, ni siquiera me queje. En este momento dejaría que hiciera conmigo lo que se le diera en gana. Me recostó sobre su cama matrimonial, sus manos fueron directamente hacia el botón de mis jeans, bajo el cierre y poco a poco la prenda se fue deslizando sobre mis piernas. Mi cuerpo se estremeció ante el frio, pero también ante la expectación de lo desconocido. Antes de quitar la prenda quito mis converse.
Contuve la respiración cuando estuve por fin sin la prenda, mi vista fija en el techo, de pronto sentí vergüenza. Y el miedo y las dudas aparecieron. ¿Qué hacia aquí? Estaba dejando que Edward, patán, Cullen me desvistiera y me acariciara como nunca antes alguien lo había hecho. La mano de Edward abarco todo mi sexo, y las respuestas llegaron a mí. Estoy aquí porque estoy muy excitada… Y la culpa la tiene el alcohol, me recordó una vocecita en mi interior.
—Mierda, estas tan jodidamente caliente. Y es por mí, ¿verdad? –pregunto haciendo un lado la prenda y acariciando mi piel completamente desnuda.
Gemí mientras respondía. —S-si.
—Únicamente por mí. –esta vez el tono de posesivo no me molesto, al contrario, me excito de manera extraordinaria.
Uno de sus dedos se adentro en mí, y sentí mi estrecho núcleo apretando fuertemente su dedo. Lo escuche jadear y el sonido de su ropa al quitársela.
Con un poco de valor deje de ver el techo y verlo directamente a él. Un dios griego, en todo su esplendor. Perfecto, sus fuertes brazos, sus masculinos hombros, su torso esculpido… mi mirada se fijo en su miembro, ¿Eso cabria en mi? Al sentir un segundo dedo hundirse en mi supe la respuesta.
Edward dejo de bombear sus dedos dentro de mí y mirándome fijamente saco sus dedos de mi interior y los llevo hacia su boca, probándome. Eso me excito más.
Mierda, el chico es caliente.
— ¿Quieres probarte?
No conteste, no sabía si debía hacerlo o no. Edward por fin me quito mi última prenda, mis piernas se abrieron ampliamente, invitándolo sin descaro o vergüenza. Su dedo índice recorrió mis labios íntimos. —Abre la boca. –ordeno.
Obedecí y chupe su dedo. Mi olor y sabor inundo mi boca, no era un mal sabor, un poco amargo, solo eso. Gimió mientras sentía mi lengua deslizarse por su dedo, recorriendo todo su contorno. Poco a poco saco su dedo de mi boca y mirándome directamente a los ojos se inclino hacia mi centro.
Deje de respirar, pensaba decirle que se detuviera, pero no quería que lo hiciera. Quería disfrutar y sentir su boca acariciándome esa área.
— ¡Mierda! –grite y mis manos se cerraron sobre la colcha de su cama. Su lengua se movía arriba abajo sobre mi coño, el sonido de su lengua lamiendo y bebiendo mi lubricación era demasiado excitante. Mis manos fueron a su cabello, obligándolo a ir más rápido. Su boca chupo fuertemente mi clítoris, el dolor y el placer mezclado fue perfecto, mi espalda se arqueo y comencé a pedir más contacto. —Mas, Edward. Por favor, dame más.
Pude sentir su sonrisa contra mí centro, el chupo y acaricio mi clítoris con mayor rapidez, de arriba abajo y después de unos minutos de intenso placer cambio de técnica, podía sentir su lengua dibujando el numero 8 sobre ese pequeño nervio.
—Quien diría que te comportas como toda un putita…
El que me llamara por ese nombre me llevo al borde, al éxtasis, a experimentar un placer inimaginable. Mi espalda se arqueo aun mas, mis pies se retorcieron, mi cuerpo se estremeció mientras mis ojos se cerraban para no olvidar ni un segundo de este momento.
Edward se separo de mí y escuche su risa de triunfo. Si, el maldito tenía algo de que vanagloriarse. Pero no me importaba, mi cuerpo estaba totalmente relajado y no podía pensar con claridad. Con lentitud abrí mis ojos, Edward estaba parado a un lado de la cama, con una sonrisa arrogante tatuada en su rostro, baje mi mirada a su erección, pude ver una pequeña gota semen en la punta de su miembro, pase la lengua por mis labios. Nunca creí que ver eso me gustaría.
—Deja de ver mi verga como una paleta o tendrás que chuparlo.
Otra vez sus sucias palabras me excitaron. —Entonces tendré que hacerlo… -sus ojos se abrieron ampliamente al escucharme aceptar hacerle sexo oral, pero después oculto su sorpresa.
—Siempre supe que eras una zorra.
Se recostó a mi lado, esperando a que hiciera mi parte. Vacilante me senté en sus rodillas, con mis piernas a sus costados. Suspire contra su pene y lo sentí tensarse. Creo que podría torturarlo un poco… — ¿Cuánto tiempo has fantaseado conmigo, Cullen? –pregunte contra su dura erección.
—Una o dos veces al día. –respondió sin pudor. —Tu rosada y virginal boca siempre me ha excitado… -se quedo callado, espere a que continuara pero no hablo.
Continúe yo. — ¿Qué más te excita pensar? Imaginabas tus manos en mi cabello mientras yo te la chupo… bebiendo hasta la última gota de tu semen.
Gimió. —Sí. -admitió. —Siempre imagino que lo haces en tu cacharro de coche. Ahora… mámamela, ¡Ya!
Introduje su miembro dentro de mi boca, el sabor salado del pre semen me agrado, mientras estaba dentro de mi boca acaricie su longitud con mi lengua, rodeándolo o simplemente lamiéndolo. Lo escuche gruñir y eso me alentó a seguir con mi trabajo. Succionando fuertemente saque su polla de mi boca y después la volví a adentrar, hasta coger el ritmo. Las manos de Edward fueron a mi cabello, relaje la garganta, sabiendo que él me obligaría a ir más rápido. Y no me equivoque.
—Chupa más fuerte putita, se que quieres beber de mi. ¡Chupa más!
Alentada por sus palabras hice lo que ordeno, su miembro entraba y salía de mi boca con rapidez, con mis manos acaricie sus testículos y lo sentí tensarse. Estaba cerca, las manos de Edward apretaban con fuerza mi cabello y me urgían a acelerar mi ritmo, unos cuantos movimientos mas y exploto en mi boca, ni siquiera pude saborear su semen, el liquido bajo por mi garganta, solo sentí la calidez y un ligero sabor amargo en mi boca.
El agarre en mi cabello se debilito, me recosté a su lado. ¿Qué debía de hacer ahora? ¿Debía elogiarlo? Si, ya podía imaginar su cara cuando le dijera: Edward, me ha encantado hacerte sexo oral, ¿podemos repetirlo?
—Saca un condón del cajón del buró.
Sin bajarme de la cama me acerque al buró, abrí el cajón. ¡Diablos! El cajón estaba repleto de condones, fácilmente había unos 50…
Gemí sin poder contenerme y toque por primera vez el pequeño plástico… Tire el condón sobre su torso. —Ahí lo tienes.
—Bella, tú me lo pondrás.
—Oh, no. Yo no hago esas cosas.
Rió divertido. — ¿Acabas de beber mi semen y dices que no puedes poner un condón? –me sonroje, una pequeña dosis de realidad le llego a mi cerebro.
—Oh, la zorra ya se fue y ahora está la virginal Bella.
Rodé los ojos, no estaba dispuesta a escuchar sus burlas. ¿Qué tan difícil puede ser poner un condón?
Me senté a horcajadas de él, tome el condón y lo abrí con cuidado, saque el resbaladizo y húmedo condón. No necesite ser muy inteligente para saber que solamente lo colocaría sobre la punta de su erección y después deslizaría el látex sobre su longitud, hasta llegar a la base. Después de poner el condón subí hasta la altura de su erección. Y el miedo y las dudas llegaron de nuevo…
—Mierda, Swan. Decídete de una vez, pero no me tengas en ascuas y caliente…
—Tus palabras no están ayudando pendejo.
—Mira, Bella. –note que hacia un esfuerzo sobre humano por no enojarse. — ¿De verdad crees que vas a encontrar a tu príncipe azul? No me respondas a mí, respóndete a ti misma. Si la respuesta es sí, sal de mi puta habitación y dile a Lauren que suba a terminar tu trabajo, si la respuesta es no, ¡Móntame!
Oh, no. La puta de Lauren no subiría a esta habitación.
Suspire profundamente y trate de encontrar la respuesta a su pregunta… No, no encontraría a mi príncipe azul. Y siempre lo he sabido, ¡Maldición! Posiblemente la próxima vez que tenga la oportunidad de perder mi virginidad no será ni un poco placentera como en estos momentos…
Todavía con dudas decidí intentarlo…
—Swan… -me advirtió.
Acaricie varias veces su erección y esta de inmediato se endureció. — ¿Muy duro, Eddy?
Una vez que estuvo dura como roca tome una fuerte respiración y guie su miembro a mi estrecha cavidad. Con dificultad encontré la entrada a mi sexo, la polla de Edward era más grande que la de los demás chicos, nunca había visto una con cual compararlo, pero definitivamente, si veía a otro chico desnudo no crearía que fuera a romperme como con él.
Las manos de Edward fueron a mis caderas, de alguna manera me daba valor para que siguiera. Hasta el momento solo la punta de su miembro estaba adentro y sentí incomodidad con un poco de placer, baje un poco más.
—Despacio. –me recordó.
Relaje mis hombros y respire profundamente, sentí el miembro de Edward topar con algo… mi virginidad.
—Esto lo hare yo. –abrí los ojos, que sin darme cuenta había estado cerrados.
—No. Lo harás fuerte, te conozco. –lo acuse.
—Si lo haces tú, cuando sientas un poco de dolor de quitaras. ¿Prefieres estar cinco minutos indecisa o unos segundos de dolor?
Odiaba cuando tenía razón.
—Está bien. –cerré otra vez los ojos y me mordí el labio, preparándome para el dolor que sentiría.
—Uno… -sus dedos se hundieron más en mis caderas. —Dos… -sus manos me elevaron un poco. —Tres. –sus manos me bajaron con fuerza hasta su cuerpo.
El inmenso dolor se propago por mi cuerpo, sentí mi entrepierna completamente herida, lastimada, deseaba separarme del cuerpo de Edward y masajear mi coño varias veces, hasta que no me doliera. Al parecer adivino mis pensamientos y me tomo por la cintura para estrecharme contra su dorso.
—Eres más estrecha de lo que pensé. –sabía que no lo decía para excitarme, ya que su voz era contenida, lo decía para ayudarme a olvidar el dolor. Sus brazos rodearon mi espalda y su cabeza se enterró en mi cuello. —Cada centímetro de mi cuerpo huele a mí, solo a mí. –mordisqueo el lóbulo de mi oreja y gemí fuertemente.
El dolor estaba dando paso a la incomodidad y la incomodidad estaba transformándose en placer.
Edward elevo un poco las caderas y sentí placer, esta vez mordí mi labio para evitar gritar de felicidad.
— ¿Te encuentras bien? –su pregunta fue solo un susurro.
—Sí.
Poco a poco su abrazo se relajo mientras sus caderas seguían moviéndose, haciendo que su miembro entrara y saliera de mi cuerpo con rapidez. Bese, lamí y mordisquee su cuello, pidiéndole a gritos por mas.
Las manos de Edward fueron a mi trasero apretándolo o dándome nalgadas. — ¿Tienes idea de cuantas veces he soñado con acariciar tu culo?
Respondí con un gemido.
En algún momento Edward había dejado de moverse y era yo quien se movía. Bajaba y subía sobre su erección con rapidez, primero lo hice con miedo, pues temía que doliera, pero después de descubrir que no pasaría, no perdí tiempo en hacerlo con rapidez.
—Sigue así puta, móntame duro.
Sus palabras me excitaron aun más. Gotas de sudor salían por todo mi cuerpo, mi interior en llamas, ardiendo…
El orgasmo comenzó a formarse en mi vientre y cada vez que el miembro de Edward se adentraba en mi se volvía más placentero.
—Edward, voy a… yo…
—Córrete, Bella. Quiero sentir como tu dulce coño se aprieta sobre mi polla… Córrete para mi, puta. –su dedo pulgar acaricio mi clítoris…
Cerré mis ojos mientras montaba a Edward, sus palabras y sus caricias me llevaron por segunda vez al borde… El orgasmo fue más intenso, aun con los ojos cerrados pude ver estrellas a mi alrededor.
—Mierda, Bella. –rugió Edward al sentir mis paredes interiores apretando su polla.
El orgasmo de él siguió al mío. Me derrumbe contra su pecho, tratando de que mi respiración volviera a la normalidad.
Poco a poco la realidad me abrumo. Y mierda, tenía tantas ganas de llorar… ¡Me acababa de acostar con Edward, patán, Cullen!
Escuche sus ronquidos y me deshice de su abrazo. Tambaleándome baje de la cama y comencé a ponerme mi ropa. Con mi ropa interior al revés y mis zapatos converse sin abrochar salí de la habitación. Al bajar las escaleras me di cuenta de que solo quedaban pocas personas en la fiesta.
Emmett me miro directamente a los ojos y no pude sostenerle la mirada. Cuando baje el último escalón el ya estaba a mi lado.
—Supongo que estabas en la habitación de Edward. –quiso confirmar su sospecha.
Asentí con la cabeza, incapaz de hablar.
— ¿Te llevo a casa?
De manera automática atravesé la casa hacia el pórtico. Subí al jeep de Emmett mientras él seguía en silencio. Sentía que le había defraudado y fallado.
En un abrir y cerrar de ojos llegue a mi casa. Suspire aliviada al darme cuenta de que las luces de la sala estaban apagadas, Charlie no me esperaba.
—Nos vemos, Emmett. Y… gracias por traerme.
El asintió e hizo algo que me dejo completamente anonadada. Me dio un pequeño beso en los labios.
—Prepárate para sufrir su furia el lunes. –me advirtió.
Trague saliva y baje de su auto. Sin saber que decir, tanto por el beso como con el asunto de Edward.
—Nos vemos, Em.
Me di la vuelta y camine decidida hacia la puerta de mi casa, pase las manos por mi cabello, tratando de no aparentar que acababa de tener fantástico sexo.
Entre a mi casa y camine directo hacia mi habitación. No me moleste ni siquiera en desvestirme o limpiar mi cara del poco maquillaje que usaba. Solo dormí, mi último pensamiento fue una maldición hacia Edward.
…………………………………
El lunes me encontraba escondida en el baño de chicas, donde llevaba más de tres horas. Escondiéndome de Edward y de su furia… el fin de semana mi móvil no paro de sonar, pero al ver que la llamada entrante era de un número privado active el modo silencioso, era obvio que se trataba de él. Gracias a Dios mi padre es el jefe de policía del pueblo y Edward no estaba informado de su fin de semana de pesca, porque si no…
Me estremecí ante la idea de Edward tocando mi puerta.
Suspire de nuevo y mire de nuevo el reloj. Hace 45 minutos habían terminado las clases, creo que ya podía irme a mi casa, la paciencia de Edward no dura tanto, aparte… tenía que admitir que él dejo claro que después de que pasara por su cama ya no me molestaría.
Mis puños se cerraron al darme cuenta de que no quería que dejara de molestarme, nunca lo admitirá en voz alta, pero en el fondo deseaba eso. Lo deseaba mucho, mi primera vez disto mucho de ser perfecta… tal como soñe que sucedería. Nada de besos tiernos, nada de palabras románticas y de amor, no velas, ni pétalos de rosas sobre la cama y por supuesto, mi príncipe azul es un patán que nunca será mi caballero andante.
Y lo estúpidamente peor de la situación es que no me arrepiento, cada vez que cerraba los ojos recuerdos de la noche del viernes inundaban mi mente, logrando excitarme, sonrojarme y entorpecerme.
— ¡Maldito seas Edward Cullen! ¡Maldita sean jodidas hormonas!
Resople y tome mi mochila del piso y camine hacia la puerta del baño, saque mi cabeza hacia afuera, mire hacia mi izquierda y hacia mi derecha, los pasillos estaban vacios. Aliviada deje de contener la respiración y salí de una vez por todas del mugroso baño. Camine por los pasillos, atenta a cualquier sonido. Si, quizás me este comportando como una paranoica, pero no estaba preparada física ni mentalmente para mi discusión con Edward. ¿Se burlaría de mí? ¿Me ignoraría? ¿Me manosearía delante de todos como lo hace con Jessica y Lauren? No estoy preparada para soportar las respuestas a esas preguntas…
El estacionamiento estaba casi vacío, solo algunos autos del personal administrativo y mi monovolumen.
Casi corriendo salí del instituto y llegue a mi auto, abrí la puerta de prisa y me senté en el asiento del copiloto…
—Te tardaste mucho, Swan. Estaba pensando en arrastrarte hasta aquí si no salías en cinco minutos…
— ¡Maldición! –grite sobresaltada y una de mis manos fue a mi corazón, que latía aceleradamente, tanto por el susto como por la presencia de Edward. ¿Qué diablos hacia dentro de mi auto? —Estas en propiedad ajena. –intente intimidarlo y retrasar lo inevitable.
El simplemente rodó los ojos. — ¿Por qué te escondes de mi?
— No me escondo de ti. –mentí. —Se me metió una basurita en el ojo y no la he podido sacar. -¡Sí! ¡Qué patético pretexto!
Resoplo. —Ridícula. –se burlo.
Nos quedamos en silencio, el miraba hacia el frente mientras yo miraba fijamente mis manos. ¿Por qué no decía nada?
—Imagino que si me has estado esperando es porque quieres hablar conmigo, así que habla.
—Y yo me imagino que si te escondías de mi es porque ocultas algo, así que habla.
Gruñí molesta, ¡Odio que sea más inteligente que yo!
—Yo hable primero… contesta.
—Necesitamos hablar, con respecto a lo que paso el viernes.
Cerré los ojos, esperando que dijera que fue un error, que le molesto mi inexperiencia, que de ahora en adelante mi dejaría en paz…
—Sigue.
—Bueno, creo que después de eso tú debes ser mi novia…
Lo interrumpí. —Edward, si crees que tienes que casarte conmigo porque me arrebataste la virginidad o algo por el estilo, te diré que esos pensamientos están muy pasados de moda…
El cerró los ojos y suspiro. — ¿Quieres callarte de una maldita vez, Swan? Déjame hablar. Mira, me gustas y mucho, por eso te lo pido.
—No me lo estas pidiendo, me lo estas ordenando.
Chasqueo la lengua y juro que por un momento deseo ahorcarme. — ¿Bella, quieres ser mi novia?
Y todo lo que pude hacer fue quedarme callada. En lo más profundo de mi ser había imaginado esta escena, y había ideado miles de respuestas, desde negativas, románticos desenlaces, discusiones, apasionados besos, etc. Pero nunca planee quedarme sin palabras.
—Di algo. –dijo entre dientes.
Su voz me saco de mi estado catatónico. —Lo siento, es lo que no puedo creer que tu…
— ¿Qué tenga sentimientos? –su voz se elevo un poco, molesto.
— ¡No! ¡No! –aclare con rapidez y pase mi mano por mi cabello. —Que tu sientas lo mismo que yo.
El frunció el ceño. —Siempre he sabido que me amas, Swan.
— ¡¿Qué?!
—Oh, vamos, Bella. ¿Crees que no siento tu mirada taladrándome cuando estamos en clase o tú miradas lujuriosas?
Trague saliva. — ¿Quién mas lo sabe? –susurre avergonzada.
—Todos en la escuela y mi familia.
Cerré los ojos, con razón Alice se intereso en mí de la nada, sin conocerme. Ahora entendía porque Emmett siempre trataba de saber cómo iba mi relación con Edward, el porqué Esme me invitaba a su casa a cenar, el porqué el Doctor Cullen siempre me atendía a mi primero en urgencias cuando había otras personas esperando. Pero…
— ¿Quién del instituto lo sabe?
—Todos, tú y yo de alguna manera estamos la mayoría del tiempo juntos.
—Pero Lauren, Jessica…
Negó con la cabeza. —No tengo nada que ver con ellas desde hace siete meses. Desde que te conocí.
—Pero tú de pronto me ignorabas, creí que era porque estabas con ellas y todavía hace unas semanas tú dijiste que Lauren pedía que la tocaras.
—Lauren es una zorra, en toda la extensión de la palabra, me tenía harto con su acoso, llego al grado de tomarse fotos desnudas y mandarlas a mi celular. No conforme con eso fue hasta los vestidores del gimnasio para pedirme que la folle, me suplicaba que la tocara. Por eso la humille en frente de todos, para que supieran como es en realidad y me dejara en paz.
Mis ojos estaban abiertos completamente. No negare que la manera de comportarse de Edward no era la mejor, pero si arranco el problema de raíz.
—Y Jessica…
—Jessica es una descerebrada, solo coqueteo con ella frente a ti. Ni siquiera se da cuenta de que lo hago para molestarte.
Mis dientes rechinaron. — ¿Molestarme?
—Sí, te vez tan sexy celosa.
Me quede en silencio, de nuevo. Recordé el beso de Emmett, tenía la sospecha de que sentía algo por mí, pero no fue hasta que me beso hasta que todo lo dejo claro. —Y… Umm… -¿Cómo le explico que su hermano está enamorado de mí?
Arqueo una ceja, sus ojos me miraban divertidos. — ¿Y Emmett?
—Sí, tú sabes que Emmett… -trague saliva.
— ¿Qué le gustas? –bufo. —Sí, se que te llevo a tu casa cuando me quede dormido y que el pendejo te beso. –sus puños se cerraron y por un momento temí que lo hubiera golpeado, pero su cara no tenía ningún rasguño o hematoma. —A él le gustas Bella, eres hermosa, educada, dulce. No te comparas con las chicas con las que trata en la universidad, pero el siempre supo lo nuestro, pero aun así no perdía la esperanza de que lo vieras como algo mas. El me confesó que el beso fue de despedida y nos deseaba lo mejor a ambos. Por supuesto, le dije que cortaría los testículos si volvía a besarte.
Hice una mueca, mi novio sería tan celoso…
—Una última cosa, ¿Por qué tantos comentarios sexistas?
—Bella, soy un adolescente con hormonas alborotadas, tengo que sacar mis frustraciones de alguna manera. Aunque el principal motivo es porque disfruto de nuestras discusiones.
— ¿Seguirás siendo un patán? –pregunte acercándome más a él.
—Mi enfermedad no tiene cura, pero tratare de comportarme.
Me mordí el labio, sinceramente no quería que se comportara. Adoraba escuchar sus palabras lascivas y las fantasías que tenia con mi cuerpo.
—Sí. –murmure mirando fijamente sus labios.
— ¿Si, qué?
—Si quiero ser tu novia.
El sonrió. —Sabía que dirías que sí. –dijo con arrogancia.
Resistí el impulso de rodar los ojos. — ¿Tan seguro estas de ti mismo?
—Soy irresistible… –me dio un pequeño beso en los labios. —Y me amas tanto como yo a ti.
Estuvimos los siguientes veinte minutos besándonos, hasta que la temperatura subió dentro del coche y terminamos haciendo el amor como dos animales salvajes. Cerca de las cinco de la tarde debíamos de separarnos, Charlie llegaría del trabajo en una hora y yo no había preparado la comida. Nos despedimos y el camino hacia el bosque, donde había escondido su Volvo, ya que él sabía que si descubría que su auto estaba en el estacionamiento seguiría escondida dentro del baño.
Volví a revisar que mi ropa estuviera bien colocada y me mire atraves del espejo retrovisor. Mejillas sonrojadas, labios hinchados, dos chupetes en mi cuello, cabello enredado, los primeros tres botones de mi camisa estaban desaparecidos… Sí, creo que puedo acostumbrarme a esto.

46 comentarios:
Me encanto tanta lascividad!!!
omg!!!! este fic es asombroso he quedado --------------- muerta!!! genial!!! Escribes genial!
OMG!!! realmente me ha encantado leer este fic
esa actitud tan despreocupada de Edward es genial asi quien no amaria a alguien.
exelente historia
ya............... por segunda vez me lo leo y me encanta esta personalidad de edward tan patan pero con un buen corazoncito y la de bella, jejej no se deja.
Patty
Ains, no he podido resistirme me la he vuelto a leer y cuantas van 5, jaja. Adoro esta historia, no se si es por la lascividad o por el final tan romantico o nose. Pero me encanta simplemente.Este junto con Mi chico malo, no me hubiese importado que tuvieran algun capitulo mas.
Besos Luriadna
holaa Meryy me puse a leer los one shots que tieness...pasa que estoy contenta de q tengo un par de dias libress asi que me voy a poner a leerr...y empeze con loss one shots este me encanto por dioss amo a este edwarddd jaja su personalidad me mataa! je!!! y bella despues de lo que paso escondiendose en el baño de ell me causo mucha gracia...me encanta como escribess!! me voy a seguir leyendoo!! besoss!!
sencillamente lo amo =) lo e leidoo unas 500 vecez i me sigue encantando
Ya la leí, ya la leí..pero voy a leerlo otra vez...adoro a ese patán...jajaja..
¿Sabes cual es la razón por la que estoy a las 23:29 releyendo este fic y no leyendo mi apunte de Freud para mi ayudantía de mañana?
Porque me tienes sinceramente mal xD
Este de uno de mis OS favoritos y como ya andaba colapsada de información pensé que la mejor manera de distraerme era leyendo algo tuyo, así que me decidí por releer un OS, que son más cortos, que sino me paso de largo xD
Y pensé que jamás te había dicho lo mucho que me gustaba, así que aquí estoy diciendote eso. Toda mi vida he tenido un problema por los chicos malos que "tratan mal", pero están enamorados, supongo que es poque me gusta leerlo en la ficción, donde esas cosas si pasan y es el úlico lugar donde puedo disfrutarlas. Honestamente, si yo hubiera tenido algo que decir acerca de Twilight, habría hecho las personalidades de Edward y Bella, como las de este fic, aunque con un Edward vampiro claro; pero como eso no sucedio no tienes idea lo mucho que te agradesco que estes tú y autoras como tú, que son capaces de escribir tan bien estás cosas que fueron imposibles de ver en otra parte. No tienes idea lo feliz que me hace.
Carla
no se ni que desir, estoy en shock la verdad escribes fantastico y a edward como lo pongas lo amoo, pero este es fenomenal tan salvaje tan patan , tan tierno lo quieroooooooooo.
Mmm... Yo tambien podría acostumbrarme a eso XD!
Me encanta que sea un patán, un pendejo y jodido niño calenturiento ToT! Oh my boy! Yo me caso con uno de esos! Son increibles!
Adoro el Shot!
Besos!
Me encatan este OS, no se porque pero es tan maldito Edward pero aun asi no puedo odiarlo, y debo de ser sincera me sorprendio mucho el giro, habia leido solo la primera parte, hasta que besa Emm a Bella pero lo demas simplemente no me lo esperaba, me encantacomo escribes, besotesXD
De los mejores one-shot k he leido!!! me encanta cuando es tan sumamente arrogante y engreido..
Uff... creo que todas nos acostumbrariamos a esto si el causante de la falta de botones fuera Edward =)
Muy buen One shot me gusto un mooonton!
Que sexy es Edward-patán ...
Siempre he tenido una pequeña inclinación por los tipos malos y trato con todas mis fuerzas que no sea así, pero es más fuerte que yo u.u jaja xD
Debe ser por eso que me gusta taanto, taaanto este OS, podría leerlo una y otra vez sin aburrirme ;)
Saludos!
Denisse.-
jjajajajaajajaj
XD ya lo habia leido y me habia encantado
y ahora q me dieron ganas de leelo de nuevo
no recordaba q tan bueno era
en serio woooowoww
laactitud de ambos
y su boca sucia
fue uff q calor ajjajaja
saludos
Este one-shot esta muy bueno, me recordo a HQEANS, con la diferencia q aqui edward lo hacia para poner celosa a Bella, me encanto!!!!!
jajaja :n
me acuerdo que cuando lo lei en ff la primera vez termino hasta cuando regresaba a casa con el beso de emmet, y el final era abierto.. luego paso el problema, y cuando lo volviste a postear aumentaste el final...
sin palabras..!!!
me encanta el chico maloooo..
asi que mery si termino en la vida real con un chico malo sera tu culpa... jejeje naaaaaa tengo una fascinacion por los chicos malos, mi mejor amigo era asi, malo, grosero, mujeriego.. uffff pero eso si leal hasta la muerte y me defendia .. U.U recuerdos... en fin..
es tan sexy solo de imaginarme...
y tambien triste cuando en su cumple se sintio solo... T.T :f
y cuando estaban haciendolo aun asi, no pierden la oportunidad de discutir, aunque no me gusta mucho cuando en pleno sexo la llama zorra... no lo se, aun asi, el fic fue estimulante jejeje
y el final, el beso de emmet... omg yo quisiera estar en el lugar de bella....
y el final agregado, ver a ese edward varonil que no anda con cursilerias y aun asi crea algo romantico es toda su pataneria..!!! lo amo..!!
edward, estupido, patan cullen... yo tb me acostumbraria a ese final de bella con un chico como edward..!!
Es la 7 vez q lo leo, y no m canso, m encanta, creo recordar (si la memoria no m falla o no m lo he inventado) q dijistes q harias un pov de edward, es asi o m lo he sacao de la manga??? d todas maneras me encanta, y lo volvere a leer muchas veces mas seguros, ciaooooo
Debo decirte Que siempre me gusto este fic desde el final del beso con Emmett hasta el otro y te apoyo al que no le guste que no lo lea!!
jajajaaja en que numero voy? asi es la decima veces que lo leo y simplemente no me aburre eso me encata de como escribes podria leer solo tus fics por el resto de mi vida y nunca nunca me aburriria y este woooaaaw que Edward definitivamente uno de mis Edwards favoritos estan rebelde, patan, estupido, idiota, mujeriego, egolatra, etc etc pero todo esto lo hace tan sexy y el final yo amo el final
aaaa... es mii favoriitaaa!! :n
no se cuantas veces lo e leído,
pero es la primera vez que
lo comento ya que en Ff
no podia dejar cometariios...
Mery exitos en todo...
Un beso y un gran abrazo desde
el otro lado del mundo...
tres one-shoot seguidos he ledo! me podran decir fisura pero es adictivo! Creo que es el one-shoot que mas veces he leido! Simplemente me encanta y es hermoso!! Sigue escribiendo asi que da mucho gusto leerte!
Sweet Bites and Vampiric Kisses
Vivian Bella Cullen ♥
quien no quiere perder su virginidad con alguien como Edward... increible esta super como siempre mery todo lo que escribis esta buenisimo
Besos y abrazos
Este es mi OS favorito!!!!
Norma A
OMG!!!.. OMG!!!.. o si wow creo q decir q ste fic e gusto es poco..al fin pude leer el tan recomendado edward ,patan,cullen..nena eres un genio..
mis respectos..esta historia esFENOMENAL...WOW..
:n
hola
este one-shot es uno delos mejores q he leido lo
lei desde q estaba en ff.
oh! no había leído el verdadero final de este shoot me quede hasta el final abierto que causo tanta controversia en FF... aunque a mi siempre me gusto! Edward sexy y patán
pero ahora que leí el final me gustó más!!
no puedo dejar de aplaudirte :n :n
Ok!!!! Lo tuve q volver a leer, en una ocacion dijiste q a mucha gente no le gusto el vocabulario de tu historia, la verdad estan pero una muy mente muy cerrada, yo no le veo nada de malo, pero como dicen no se le puede complacer a toda la gente, a mi por lo tanto me gusto y me gusto mucho, muchisimo!!!!!
:n:n:n
simplemente perfecto
no sé porqe dime masoquista o qe, pero el tipo de personalidad e le montas a edward patan, es tan arrolladora qe lo hace uff super atractivo.
y si ademas le sumamos qe lo hace mejor qe los dioses pues mas
te ha qedado super
:n :n :n :n
ahhh! me encanto, ese edward patan y chico malo me encanta, amos los chicos problema xD
Me ha encantado el fic. Creo que lo comenté el FF.net pero sinceramente no lo recuerdo XDD ~
Es un Edward tipo HQEANS pero con una Bella casi canon. Interesante comparación y además el ver como se relacionan.
Amo totalmente a este patán, después de todo bruto y prepotente igualmente fue capaz de demostrar lo que sentía por Bella. Lo e Emmett si fue medio raro xD ~ pero ya Edward lo dejó en su lugar con lo de la amenaza.
Creo que todas tenemos un pequeño problema/atracción por los chicos malos [especialmente si son Edward xD] y después nos preguntamos porque demonios los hombres nos hacen sufrir XDDD ~
En fin. Saluditos :)
HUUUOOO LA VERDAD ES KE YA PERDI LA CUENTA DE LAS VECES KE E LEIDO ESTA HISTORIA PERO SIMPLEMENTE ME FACIANNA ME FACINA LA PERSONALIDAD DE EDWAED ES TA OCC AHHAHA LO AMOOO
XAUU CUIDATE :o :o :o :o :o :o :o :o :o :o :o :O
creo que edward
al final no era
tan patan.......
o si
jajaj
:c
yo lo lei cuando lo publicaste en fanfic hace demasiado tiempo y ahora que lo volvi a leer me encanto mucho mas. nose porque pero me encanta Edward malo jaja :C
saludos
uJajajajajaja Edward es un patannn!!! jjajajajaa me encantooo!!!!
Es uno de los Pocos one Shots que no me canso de leer, simplemente grandioso
HUyayyyy!!! esa boquita de edward!!! que sucio y a la ves hot!!! me encantan tus historias...hot!hot!:n
Qe genial... que bueno es tener el honor de poder leer tus fic... Escribes muy bien!! Felicidades :a ... Seguiré leyendo :n
holaaa Meryy..pasee ottra vez por aqui para leer otro one shot que me encantoo...estee edward me fascinaa con esa actitudd jaja quien puede resistirsele!!!! bueno Mery que tengas una buena semanaa!!! besos y nos estamos leyendoo!!!!:t:t:t
Oh por dios!! me dirán loca pero ame a morir a este Edward quizás sea por mi amor obsesivo patológico por por los chicos malos, me encanto el OS ademas de que siempre he pensado que escribes genial
Siempre me escantó esta historia... volver a leerla es genial! :s
:d Jajaja qur calorcito esta haciendo jejeje hmm si uno encontrara patanes con esos sentimientos miercoles que delicia!!!!
:l eso si yo me puedo encargar de Em si udtedes quieren me ofrezco como voluntaria
Me encanta,no me canso de leerlo ....
Creo que este OS lo he leído como 5 a 7 veces jajajaja aquí de nuevo, después de años de publicado. NUNCA ME CANSARÉ DE DECIRTE... ¡¡ESCRIBES DE LA PTMR!! jajajajaajaaa x'D.
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