
Twilight es propiedad de Stephanie Meyer, la trama es mía y prohibida la copia total o parcial de la historia. Att. MerySnz
Treinta cartas con diferentes posturas sexuales, dos días a la semana para realizarlas. ¿Podrán jugar sin que surjan sentimientos? "Solo saciaremos nuestra hambre y curiosidad. Cuando terminemos con las posiciones el juego se acaba"
Piernas Al Hombro y Reconquistando a Alice
.
—Si te pido que dejes a Tanya, ¿lo harías? –preguntó tímidamente.
—Ella y yo ya terminamos. –dije con cansancio.
—Pero, si no hubieran terminado y yo te lo pidiera…
Me lo pensé un momento. ¿Quién era más importante para mí?
¿Tanya o Bella?
No tuve que pensarlo demasiado tiempo, la respuesta era obvia. Mi hermana estaba muy encima de Tanya.
Pensé adecuadamente cada palabra que salía de mi boca. —Creo que sí, no estoy seguro. Te pediría que me explicaras el porqué quieres que haga eso, si es una buena razón, no dudaría en hacer lo que me pides.
Bella hizo una extraña mueca. Al parecer mi respuesta no le gusto.
Extendí mi respuesta. —Tú eres mi hermana, mi familia. –dije entrelazando mi mano entre la suya. Baje la mirada, un poco avergonzando por lo que estaba a punto de decir. Normalmente ella decía que amaba a Jacob y yo decía que quería a mi novia, pero nunca nos extendíamos a más explicaciones o más sentimientos hacia nuestras parejas. —No te mentiré, siento algo por Tanya, la familia Denali no es tan apegada a nosotros como los son los Hale y los Brandon, pero siento un gran respeto y cariño por cada integrante que conforma esa familia. Siempre he sido consciente de lo que Tanya siente por mí, no soy tonto, desde que éramos muy pequeños ella se sonrojaba, bajaba la mirada, tartamudeaba, su timidez siempre me ha parecido adorable. –admití. El cuerpo de Bella se tenso de inmediato. —La quiero, tanto como aprecio a Alice y Rosalie. Y por el gran cariño que le tengo no quiero que me odie o que me guarde rencor. No quiero lastimarla. Me siento culpable de no tener el valor de decirle que le he sido infiel y que no me arrepiento. No sé cómo explicarme… Hay una gran diferencia entre querer y amar. A ella la quiero, pero a mi familia la amo. Tú eres parte de mi familia, estas sobre Tanya y sobre cualquier otra chica. –afirme.
Ella no conteste nada. Lo único que se escuchaba era nuestras respiraciones.
Con lentitud levante la vista.
Gruñí. ¡La maldita se había dormido!
Resople. De inmediato me deshice del agarre de nuestras manos pero Bella de inmediato paso su pierna sobre la mía y me jalo hacia ella.
¡Diablos! ¡Soy un hombre! Porque tiene que dormirse en neglillé. Solo tentaba mi suerte, el cansancio que sentía había desaparecido y estaba siendo reemplazado por excitación, su esbelta pierna se frotaba contra la mía, buscando calor. Sus pechos estaban más apretados y firmes debido a la posición en la que dormían, me incline un poco, deleitándome de que su lencería fuera transparente y podía ver con claridad sus pezones.
Sacudí mi cabeza con rapidez, alejando mis pensamientos. Tendría que esperar unos días hasta que llegara mi turno.
Gire mi vista hacia mi reloj digital que tenía en la cajonera de un lado de la cama. Eran las tres de mañana… era miércoles. No rompimos las reglas, me había equivocado.
Poco a poco se fue disipando mi enojo. Cerré mis ojos tratando de relajarme para que mis sueños llegaran de inmediato.
Vagamente sentía una deliciosa fricción contra mi miembro, no me sorprendió, algunas veces sentía sueños húmedos, tan reales. Sentí como tomaban una de mis manos y mis dedos rozaban la humedad de una mujer. Un fuerte gemido me hizo saber que no estaba soñando.
Abrí mis ojos con rapidez. —Bella. –trate que mi voz sonara como un regaño pero sonó ronca, ansiosa, excitada…
Ella no contesto. Fingía estar dormida, su irregular respiración no engañaba a nadie.
Su trasero volvió a restregarse contra mí, mi duro miembro quedo entre sus nalgas, logrando llevarme hasta la locura. Su piel era tersa, delicada y femenina.
Gemí fuertemente, escuche su débil risa. Disfrutando de su poder sobre mí.
Dejo de fingir y se giro. Ambos quedamos de frente.
La mire fríamente, tratando de que ella se sintiera arrepentida, pero al contrario, Bella sonrió con inocencia. —Creí que era un mito el hecho de que un hombre se despierta con una erección. –dijo mirando alternadamente entre mis ojos y mi miembro.
—No es un mito. A veces… a veces me pasa. –admití, sentí como me sonrojaba un poco. La situación era un poco humillante.
Ella rio fuertemente. Su mano acaricio la longitud de mi pene, lentamente. —Sería muy mala si te dejo con tremenda erección, ¿verdad?
—Quedamos que solo lo haríamos una vez. –dije confundido, aunque no me molestaba tener sexo con ella.
De hecho lo deseaba, la manera en que nos complementábamos era asombrosa, nunca había sentido esa gran compatibilidad con alguien más.
—Cambiaremos esa regla, lo haremos las veces que queramos mientras sea miércoles o sábado. Pero solo serán posiciones que ya hemos utilizado. –dijo acercando sus labios a mí.
Quería quejarme, decirle que esa decisión sería muy arriesgada e incluso peligrosa. El juego estaba abarcando gran parte nuestro tiempo, estaba creado grandes problemas, bueno, en lo que a mí respecta. Ya tenía demasiado con mi culpabilidad, con las mentiras que salían con naturalidad de mis labios y las marcas que estaban en mi cuerpo. Tenía el ligero presentimiento de que los problemas apenas comenzaban.
Su mano se deslizo otra vez sobre mi erección, logrando que perdiera el hilo de mis pensamientos.
— ¿Sí o no? –preguntó arqueando una de sus cejas.
Con un gemido me rendí y mande al diablo los contras de aceptar esta nueva regla.
No perdimos el tiempo y comenzamos a besarnos frenéticamente. Mis manos fueron a su trasero, atrayéndola hacia a mí, quería que sintiera lo que provocaban sus infantiles juegos. Las manos de Bella fueron directamente a mi cabello y una de sus piernas subió hasta mi cintura. Sin dejar de besarnos, ella nos hizo girar, quedando sobre mí. Mi miembro tocaba directamente su creciente humedad. Dejamos de besarnos, mis labios se dirigieron directamente a su cuello, repartiendo pequeños besos.
—Tócame, Edward. Siente como me pones. –dijo tomando una de mis manos y guiándola a su núcleo.
Deslice lentamente mi dedo en su interior, concentrándome en sentí su calidez y su humedad. Curve un poco mi dedo, buscando el punto que la llevaría a la locura. Me tomos solo unos segundo encontrar el punto de mayor placer. Bella gimió fuertemente y se restregó contra mi mano.
Bella se tenso de repente y puso su mano en mi boca.
Mis dedos de inmediato se detuvieron.
Entonces yo también escuche. — ¡Edward! –era la voz de Jasper. Sonaba desesperado. — ¡Edward, por favor abre!
Mire a Bella angustiado, ella todavía vestía su neglillé y yo estaba completamente desnudo. Los espejos estaban rodeando la cama. Sentí como sudaba fríamente.
Jasper siguió tocando desesperadamente la puerta.
—Debe de estar en clases. –murmuro en voz baja.
Bella y yo nos quedamos en silencio unos momentos y hasta que escuchamos el sonido de la puerta azotar nos permitimos soltar el aire que reteníamos.
—Eso estuvo cerca… -deje de hablar porque tenía una almohada en mi cara.
—Te dije que sería una mala idea si teníamos sexo en estos momentos, te dije que alguien podía llegar…
Resople. — ¿Disculpa? –pregunté sarcástico. —No te quejaste cuando estabas restregándote contra mí. "siente como me pones" ¿no te resulta familiar? –pregunté entre dientes.
Mas que enojado esta aterrado, Jasper pudo haber averiguado la clase de relación que mantengo con Bella. Me estremecí con solo pensarlo. Nadie debía de saberlo.
—Como sea, cámbiate y ve a clases. Yo me quedare aquí y regresare los espejos. Ordenare todo. Si las chicas te preguntan por mi les dices que estoy en mis días. ¿Ok? –dijo aventándome unos jeans que estaban tirados en el piso.
En menos de 10 minutos estaba saliendo del edificio de los dormitorios y caminaba hacia mis clases. Cheque la hora, en cinco minutos empezaría mi clase de historia con los chicos. Me moría por curiosidad por saber que había pasado, que fue tan importante para que Jasper casi tumbara mi puerta.
Desde lejos logre visualizar a Tanya, mis pies se movieron hacia ella.
Una fuerte mano me retuvo del hombro. — ¿A dónde diablos vas? –preguntó Emmett.
Me gire hacia él, un poco molesto. —Quería alcanzar a Tanya. –dije mientras apuntaba con la mano donde ella estaba.
—Estás loco, Jasper nos necesita. Llevo toda la mañana buscándote. No es momento para tus problemas de faldas. –dijo arrastrándome contra mi voluntad de regreso a los dormitorios.
Después de arrastrarme cinco metros comprendí que por mi bien debía cooperar con mi agresor.
—Está bien, está bien, Emmett. Se caminar desde los 11 meses. –dije tratando de que soltara mi camiseta.
A unos metros del dormitorio de Jasper observe que Alice salía llorando y las chicas iban detrás de ella. Murmurando "perdón" "lo siento" en muchas ocasiones.
Eso me inquieto. Algo olía mal y no era mi ropa sucia.
Emmett me dio una rápida mirada, dándome a entender que estuviera alerta.
Entre al dormitorio con cuidado, mirando detenidamente a mí alrededor. La habitación olía fuertemente a cigarro. Entonces visualice a Jasper, estaba sentado en el sillón, sus manos tapaban su cara y su cuerpo estaba completamente tenso.
Nos sentamos a su lado. Emmett no rompería el silencio así que tome una gran bocanada de aire para darme valor. — ¿Qué es lo que está pasando? –musite mientras revisaba mis bolsillos traseros algún cigarrillo. No encontré nada.
—Me acosté con Alice. –susurro.
Todo comenzó a tener sentido, lo más probable es que estuviera confundida con su sexualidad, quizás este arrepentida de haber perdido su virginidad con Jasper o algo así.
— ¿Y por eso tanto escándalo? Eso era lo que querías, ¿Por qué estas triste? –preguntó preocupado Emmett.
—La apuesta. –dijo Jasper levantando un poco la cabeza.
Pude observar la tristeza en su rostro, sus ojos rojizos tratando de reprimir las lágrimas.
—Bueno, ganaste la apuesta. Es decir, Bella y tu. Nosotros te pagaremos. –dije encogiéndome de hombros.
—No entiende, de que me sirvió ganar la apuesta si la perdí. –afirmo a la vez que se levantaba del sillón y recogía del cenicero su cigarro.
— ¿Que tratas de decir con que ganaste la apuesta, pero perdiste a Alice? –preguntó Emmett confundido.
Jasper caminaba de un lado a otro, aspirando fuertemente su cigarro. —Ella sabe sobre la apuesta.
Alice lo sabía. Una y otra vez esa frase se repitió en mi cabeza. Desde un punto de vista objetivo el apostar la virginidad de una chica seria cínico, vulgar, cruel, inhumano…
— ¿Cómo? –pregunté sin poder evitarlo.
—Salí del baño, ella estaba en mi habitación para pedirme su libreta de matemáticas y de un momento a otro estábamos en la cama. –se sonrojo un poco. —Después de… -hizo un ademan con las manos, dándonos a entender que tuvieron sexo. —nos dormimos, pero cuando desperté, ella no estaba en mi cama. –se golpee con la palma de su mano la frente. —Creí, yo creí, de verdad. –suspiro.
—Tranquilo. –dijo Emmett.
—Pensé que después de lo que acabábamos de compartir ella sería mi novia, le pediría matrimonio a los dos años de noviazgo, tendríamos hijos y todo eso.
Entendí de inmediato su tristeza. —Ella se acostó contigo por curiosidad, te dejo claro que es lesbiana. ¿Verdad?
Jasper cerró los ojos, recordando ese momento.
— ¿Pero como supo lo de la apuesta? –preguntó pensativo Emmett.
—Me enoje, le dije que me había acostado con ella solo por nuestra apuesta, que habíamos apostado un simple beso pero que Bella aposto que en quince días yo podía quitarle su virginidad. Me burle de ella sin remordimientos, como lo hizo Alice conmigo. Ella me dijo que ni siquiera era virgen, ella misma se había desflorado con un vibrador, que no era tan tonta como para darle algo tan valioso a un hombre. Ahora ya no regresara al dormitorio, se quedara con Charlotte. No quiere respirar el mismo aire que yo. –dijo con melancolía.
Suspire, no sabía que decir. No encontraba las palabras para animarlo, el no debió de haber dicho el asunto de la apuesta, no, me equivoco, nunca debimos aportar.
— ¡Joder! ¡Ahora si nos llevo la chingada! –dijo Emmett.
—Alice no quiere saber nada de nosotros, en especial de mí. Bella fue quien me ofreció la virginidad de Alice como si estuviera a la venta, Emmett en vez de defenderla aprobaste esta locura, asegura que Rose también está al tanto de todo, ya que junto con Bells estuvieron hablando de sexo y lo agradable que es sentir un pene dentro del cuerpo y esas cosas de sus pijamadas.
— ¿Y de mi? –pregunté al ver que no me nombraba en la lista negra de Alice.
—Dijo que tú besas el piso donde camina Bella, era obvio que no rechazarías la apuesta. Pero ella sabe que tú apostaste que no soportaría tenerla un mes en este dormitorio.
— ¡Dios! ¿En que nos hemos metido? –pregunté elevando las manos.
—Tengo una idea. Nos ganaremos su perdón. –dijo con firmeza Emmett.
— ¿Cómo? –preguntó con interés Jasper.
—Podríamos hacer una piñata idéntica a ti y se la regalaremos. Dejaremos que la golpee hasta que se le pase el coraje.
Rodé los ojos. Esas estupideces eran típicas de Emmett.
—Tengo una idea. Ustedes me ayudaran. –dijo Jasper, retándonos con la mirada a no contradecirlo.
Jueves.
¡Mierda! Esto era lo más cursi, de lo cursi del mundo.
Mis manos a un me dolían de tanto escribir.
— ¡Apresúrate Edward! ¡Tú también Emmett!
Em gruño graciosamente, logrando que me carcajeara. Toda la semana había sido muy tensa y todavía no terminaba, no recordaba cuando había sido la última vez que había reído.
— ¿De qué te ríes? –preguntó entre dientes Emmett.
—Es que gruñiste como el monstro comegalletas. –dije mientras seguía pegando papeles morados.
— ¡Apresúrense! –dijo Jasper pegando los papeles como si fuera un pulpo.
Resople. —Estoy sudando azúcar Jaz. –dije imitando una voz de mujer.
Emmett de inmediato lanzo besos tronados. — ¡Perdóname chaparrita! –dijo tratando de imitar también la voz de una mujer.
Jasper frunció el ceño. —Se supone que todos los papeles dicen perdóname.
De inmediato Emmett carraspeo. — ¿Solo debían de decir perdóname?
—Sí. –afirmo Jaz entre dientes.
—Bueno, yo le puse a mis trescientos papelitos perdóname chaparrita. –dijo nervioso Em.
Suspire. —Yo le puse, perdóname cariño, perdóname melocotón, perdóname cielo, perdo…. –deje de hablar al sentir el zape de Jasper en mi cabeza.
—Son unos buenos para nada. –dijo brincando como niño pequeño Jasper, haciendo su berrinche.
—Tu dijiste que pusiéramos perdóname tiernamente. –me queje.
—Me refería a que le pusieran corazones arriba de la "i" dibujaran solecitos, arcoíris o nubes. –explico.
— ¡Ups! –dijimos Emmett y yo a la vez.
Escuchamos el sonido del timbre de la escuela. Alice iría de compras toda la semana, tratando de sacar su coraje con su mejor amiga american express y para eso tendría que llegar al estacionamiento y ¡Taraaan! Vería su Porsche lleno de pequeñas notas color violeta donde Jasper le pide perdón con letras blancas.
— ¿Tenía que ser papel violeta? –pregunté curioso.
—No, pero era el único color que le pude robar a Rose. –me contesto.
— ¿Estás seguro que nos perdonara? –preguntó Emmett al ver de lejos a Alice.
—Claro, lo vi en una película. –dijo seguro de sí mismo Jasper.
Traque saliva. La duende venia directo hacia nosotros y por su cara, solo desea descuartizarnos.
— ¿De quién fue esta brillante idea? –preguntó Alice.
—Mía. –dijo Jasper, caminando hacia ella.
—Y nosotros le ayudamos. –dijo Emmett con orgullo.
¿Acaso era yo el único que notaba que estaba encabronadísima?
— ¡Estúpido! ¡Pendejo! ¡Como ponen notas moradas en mi auto! ¿Con el permiso de quien? Mi hermoso porsche parece el Barney móvil. –le grito la duende a Jaz a la vez que le daba una patada en las partes más nobles de un hombre.
Jasper de inmediato cayó al suelo en posición fetal, con rapidez me acerque con él. — ¿Estás bien? –pregunté tontamente, ¡claro que no estaba bien!
Escuche el sonido del porsche al arrancar. Entre Em y yo cargamos a Jasper hacia la banqueta antes de que Alice nos atropellara.
Viernes
Estábamos en la sala, en el dormitorio de Jasper, tratando de reanimarlo.
—Escondí las galletas de animalito, no quiero que se corte las venas. –susurro Emmett en voz baja para que no lo oyera Jasper.
Rodé los ojos. —Sí, yo también escondí el maquillaje de Alice.
— ¿Para qué?
—No quiero que se quiera pintar los ojos de negro. –me burle.
Pasaron los segundos, Emmett siguió pensando mis palabras. Después de dos minutos comenzó a reírse como loco. — ¡Ya te entendí! –dijo entre risas.
Le quite la envoltura a la barra de chocolate que traía en la mano. — ¿Quieres? –le ofrecí a Jasper, la había comprado solo porque el chocolate ayuda a las personas deprimidas.
— ¡El chocolate le encanta a Alice! –dijo recostándose a lo largo del sofá, hundiéndose en su miseria.
— ¡Tengo una gran, pero gran idea! –dijo Emmett emocionado.
— ¿Es de piñatas? –quise asegurarme.
—No, esta idea no es tan buena como la de la piñata, pero el probable que mi hermana nos perdone. –me contesto Emmett.
—Te escuchamos. –dijo Jasper.
—Cuando a Alice se le quebraba una uña mama le preparaba pastel de chocolate y con eso siempre se alegraba. Una vez pise una de sus barbies y no dijo nada, pues estaba feliz comiendo pastel.
—No es mala idea. Solo por un problema.
— ¿Cuál? –preguntó Jasper.
—No sabemos preparar pasteles. –les recordé.
Emmett se levanto del sofá y fue hacia la cocina, regreso con las manos llenas de huevos, leche, mantequilla, haría y algunos recipientes. De inmediato me pare y le quite los moldes de aluminio, Jasper también se levanto y le quito la harina y los huevos.
—La harina y los huevos son peligrosos para ti Emmett. –se mofo. — ¿pero porque sacas todo de la cocina?
—Iremos al dormitorio de Edward, prepararemos el pastel con el libro de recetas de Bella, aparte, ella tiene de esos hornos modernos, que solo presionas un botón.
Jasper sonrió ampliamente. — ¡Vamos! –grito.
Caminamos hacia la puerta, detrás de él. Cuando Jasper abrió la puerta dejo de caminar, mis pies también se detuvieron al ver a Alice.
—Camina Edward. –dijo Emmett empujándome fuertemente hacia el frente.
No pude evitarlo, mi cuerpo empujo a Jasper, los huevos y la harina cayeron sobre el pelo y la ropa de Alice.
¡Joder! ¡Dios nos odia!
Con fuerza Alice empujo a Jasper y se lo quito de encima. Resoplo y gruño.
— ¡Pendejos! –dijo apretando los puños. —Solo venia por ropa y ustedes… ¡Ah! –grito. Se dio media vuelta y se fue.
—Me doy por vencido. Esperare a que se le pase el coraje para pedirle perdón. –dijo tristemente Jasper.
Sábado
Estaba preparándome un sándwich, cuando Bella entro a la cocina.
—Creí que te habías vuelto gay. –fruncí el ceño confundido por sus palabras. —Estoy días te la pasas con Emmett y Jasper, solo te bañas y regresas con ellos. –se quejo.
—Perdón, estuvimos tratando que Alice nos perdonara.
Bella rio fuertemente. —Mire en youtube como Alice le pega a Jasper, ¿Cómo se les ocurrió meterse con su automóvil?
Rodé los ojos. —Fue idea de Jasper.
—Mire ayer a Alice salir del edificio con harina en la ropa. ¿Qué paso? –preguntó curiosa.
—Chismosa. –me burle. —No te contare.
—Edward. –refunfuño haciendo un adorable puchero.
—Está bien, está bien. Íbamos a prepararle un pastel de chocolate y de pronto ella aparece, el resto es historia.
Para ese entonces ella estaba agarrándose fuertemente su estomago.
Termine de comerme el sándwich y ella todavía no paraba de reír.
Poco a poco se recupero. —Ustedes son tan… tiernos.
No le preste atención, no me agradaba que se riera de lo que nos pasaba. Ella tenía gran parte de culpa, ella introdujo la palabra virginidad a la apuesta.
Pase a un lado de ella para dirigirme al baño, pensaba ir a hablar con Alice, explicarle detalladamente la situación. No podíamos seguir así. Jasper estaba destrozado, Emmett estaba un poco más confiado, pues sabía que era su hermana y no duraría mucho tiempo enojado con él. No sabía nada de Rosalie, ni de Bella, era probable que no perdonara a Bella y en cuanto a Rose, ella siempre hizo comentarios sobre que necesitaba un pene que le enseñara a gozar, por más que niegue que no tenía nada que ver con la apuesta Alice no le creerá.
Camine hacia mi habitación, me desvestí, deje la ropa en la cesta y entre en la ducha.
Necesitaba pensar muy bien mis palabras para que la duende no malinterpretara nuestras intensiones.
Tome el jabón y comencé a enjabonarme el cuerpo.
— ¿Puedo unirme a la ducha? –preguntó Bella detrás de mí.
Me gire para verla entrar desnuda.
¡Maldición! ¡Ni siquiera recordaba que era sábado! Estaba tan sumergido en el asunto de la apuesta.
Bella se acerco al chorro de agua, poco a poco su cuerpo se fue humedeciendo. Observe con detenimiento como un gota de agua se deslizaba entre sus excitados pechos, pasaba por su vientre plano, hasta llegar a sus pliegues.
— ¿Qué pasa? –preguntó al no obtener mi respuesta.
—N-nada. –tartamudee, aun con mi vista todavía fija en su intimidad.
Sonrió ampliamente, se dio la vuelta y salió de la ducha, dejándome con una tremenda erección.
Entendí su objetivo. Gruñí.
— ¡Isabella! –exclame.
Escuche su risa.
Cerré la regadera y salí del baño. Bella estaba a un lado de la cama, secándose.
—Prendes el boiler y no te metes a bañar. –dije entre dientes.
Ella se rio sin remordimientos.
Me acerque a ella con rapidez, no te la confusión en su mirada. Con rudeza la avente a la cama.
— ¡Edward! –se quejo.
Bella cayó sobre la cama, humedeciendo las sabanas al instante. Me puse de cuclillas y la tome de las caderas para acercar su intimidad a mí.
—Esto era lo que querías, ¿verdad? –dije mientras soplaba aire caliente sobre su clítoris.
—No. –dijo con firmeza.
Pase lentamente la yema de mis dedos sobre sus pliegues, de inmediato de humedecieron. —Mentirosa.
Su respiración se acelero. —No miento.
Introduje un dedo en su interior, me mordí el labio con fuerza para no gemir al sentir lo estrecha que estaba. — ¿Por qué querías calentarme? –pregunté mientras agregaba un segundo dedo y bombeaba rápidamente su intimidad.
—Por… porque… -pase mi legua por su clítoris, formando el número ocho. — ¡Mierda! ¿Qué fregados me preguntaste? –dijo con rapidez.
— ¿Por qué querías calentarme? –repetí.
Saque mis dedos de cálida hendidura. Bella gimió en protesta. —Contesta.
Separe sus labios íntimos y pase mi lengua, saboreando su particular olor. Las manos de Bella se aferraron a mi cabellera, urgiéndome a que aumentara el ritmo. Sentí mi miembro palpitar, ella estaba tan caliente.
—Te quería castigar por ignorarme en la cocina. Ahora, apresúrate. Estoy caliente. –gruño.
Reí fuertemente. Me gustaba hacerla enojar.
Me aleje un poco de ella, le saque infantilmente la lengua.
— ¿Cuál es la posición? –preguntó retorciéndose.
Moví mis cejas juguetonamente. — ¿Adivina?
—Edward. –se quejo.
Me levante y pase sus piernas sobre mis hombros, la tome de las caderas para acercarla hacia a mí. Nuestros sexos se tocaron y no pudimos evitar gemir al mismo tiempo. Esta posición es mi favorita, ella debió de percibir algo en mi mirada.
—Creí que la vaquera o de perrito era la posición favorita de los hombres.
—En gustos se rompen géneros. –dije mientras humedecía mi miembro con sus jugos vaginales.
Poco a poco me adentre en su cuerpo, disfrutando la estrechez de sus paredes apretar dolorosamente mi erección. Una vez que estuve totalmente dentro no pude evitar quedarme quieto y cerrar los ojos con fuerza, disfrutando las oleadas de placer que recorría cada una de mis terminaciones nerviosas.
Salí lentamente y luego la embestí con fuerza, después repetí la acción, entrar con rapidez y salir lentamente.
—Le pondré un altar a Eddy. –dijo entre embestidas.
— ¿Por qué? –pregunté jadeando.
—Tu monstruosidad parece no tener fin. –dijo mientras yo salía lentamente de su interior.
Si no estuviera teniendo sexo con ella me hubiera reído, pero estaba tan concentrado en sentir que no pude reírme.
Comencé a embestirla con mayor rapidez, adentrándome en su interior, la posición hacia que sus pareces apretaran fuertemente mi miembro, rozaba en cada entrada su punto de mayor placer y cuando ella estuviera transitando su orgasmo me llevaría consigo, sería imposible no correrme.
— ¡Dios! ¡Entiendo porque es tu posición favorita! –grito mientras jugueteaba con sus pezones.
No le preste atención a sus palabras, estaba concentrado en no llegar antes de ella. Al parecer ella lo intuía por que habla. —Córrete, Edward, quiero sentirte explotar dentro de mí. –con un gruñido me rendí y comencé a embestirla con mayor fuerza. Unas cuantas estocadas y la vista se me nublo del fuerte orgasmo que sentía. Inmediatamente ella me siguió.
— ¡Whoa! Eso fue…
—Increíble. –dijo Bella.
Recordé sus últimas palabras. Jadeando hable. — ¿Nunca habías hecho esta posición? –pregunté mientras me dejaba caer a un lado de ella, esperando que mi respiración regresara a la normalidad.
—No, normalmente me gusta de perrito.
No sé qué paso, pero su respuesta me molesto. Aun cansado me levante de la cama y camine hacia el closet.
Mientras me decidía por una camisa la mano de Bella detuvo mis movimientos. — ¿Qué te molesto? –preguntó pensativa.
—No estoy molesto. –dije un poco cortante.
Ella rodo los ojos. — ¿Qué harás? –preguntó mientras iba hacia el baño por su ropa.
—Iré con Jasper, creo. –no quise decirle que iría con Alice, si la duende decidía no hablar conmigo regresaría como si nada, si le decía la verdad, Bella se ilusionaría y no quería que tuviera falsas esperanzas.
—Necesito un favor.
Aun molesto, me trague las ganas de responderle rotundamente que no. — ¿Cuál?
—Ve a platicar con Alice, platícale como se dieron las cosas. Dile que yo creía que el hacerlo con Jasper cambiaria de sexualidad. –paso la mano por su pelo angustiada. Se mordió el labio, nerviosa. — ¿Si?
Suspire. —Solo con una condición.
—La que sea -respondió de inmediato.
Sonreí maliciosamente. Seria pan comido.
—Ah, no. No Edward Cullen. Si quieres sacar las dos posiciones tu solo para la siguiente semana te digo desde ahora que NO.
La mire con inocencia. —No tiene nada que ver con las posiciones. Solo usaras un regalo mío durante una noche.
Entrecerró los ojos. — ¿Qué clase de regalo?
—Unas simples bragas. –trate que mi voz no sonara emocionada.
—De acuerdo, pero tienes que hacer que Alice me perdone. ¿Ok? –dijo extendiendo su mano para cerrar el trato.
—De acuerdo. –dije dándole un apretón a tu mano.
—Si te pido que dejes a Tanya, ¿lo harías? –preguntó tímidamente.
—Ella y yo ya terminamos. –dije con cansancio.
—Pero, si no hubieran terminado y yo te lo pidiera…
Me lo pensé un momento. ¿Quién era más importante para mí?
¿Tanya o Bella?
No tuve que pensarlo demasiado tiempo, la respuesta era obvia. Mi hermana estaba muy encima de Tanya.
Pensé adecuadamente cada palabra que salía de mi boca. —Creo que sí, no estoy seguro. Te pediría que me explicaras el porqué quieres que haga eso, si es una buena razón, no dudaría en hacer lo que me pides.
Bella hizo una extraña mueca. Al parecer mi respuesta no le gusto.
Extendí mi respuesta. —Tú eres mi hermana, mi familia. –dije entrelazando mi mano entre la suya. Baje la mirada, un poco avergonzando por lo que estaba a punto de decir. Normalmente ella decía que amaba a Jacob y yo decía que quería a mi novia, pero nunca nos extendíamos a más explicaciones o más sentimientos hacia nuestras parejas. —No te mentiré, siento algo por Tanya, la familia Denali no es tan apegada a nosotros como los son los Hale y los Brandon, pero siento un gran respeto y cariño por cada integrante que conforma esa familia. Siempre he sido consciente de lo que Tanya siente por mí, no soy tonto, desde que éramos muy pequeños ella se sonrojaba, bajaba la mirada, tartamudeaba, su timidez siempre me ha parecido adorable. –admití. El cuerpo de Bella se tenso de inmediato. —La quiero, tanto como aprecio a Alice y Rosalie. Y por el gran cariño que le tengo no quiero que me odie o que me guarde rencor. No quiero lastimarla. Me siento culpable de no tener el valor de decirle que le he sido infiel y que no me arrepiento. No sé cómo explicarme… Hay una gran diferencia entre querer y amar. A ella la quiero, pero a mi familia la amo. Tú eres parte de mi familia, estas sobre Tanya y sobre cualquier otra chica. –afirme.
Ella no conteste nada. Lo único que se escuchaba era nuestras respiraciones.
Con lentitud levante la vista.
Gruñí. ¡La maldita se había dormido!
Resople. De inmediato me deshice del agarre de nuestras manos pero Bella de inmediato paso su pierna sobre la mía y me jalo hacia ella.
¡Diablos! ¡Soy un hombre! Porque tiene que dormirse en neglillé. Solo tentaba mi suerte, el cansancio que sentía había desaparecido y estaba siendo reemplazado por excitación, su esbelta pierna se frotaba contra la mía, buscando calor. Sus pechos estaban más apretados y firmes debido a la posición en la que dormían, me incline un poco, deleitándome de que su lencería fuera transparente y podía ver con claridad sus pezones.
Sacudí mi cabeza con rapidez, alejando mis pensamientos. Tendría que esperar unos días hasta que llegara mi turno.
Gire mi vista hacia mi reloj digital que tenía en la cajonera de un lado de la cama. Eran las tres de mañana… era miércoles. No rompimos las reglas, me había equivocado.
Poco a poco se fue disipando mi enojo. Cerré mis ojos tratando de relajarme para que mis sueños llegaran de inmediato.
Vagamente sentía una deliciosa fricción contra mi miembro, no me sorprendió, algunas veces sentía sueños húmedos, tan reales. Sentí como tomaban una de mis manos y mis dedos rozaban la humedad de una mujer. Un fuerte gemido me hizo saber que no estaba soñando.
Abrí mis ojos con rapidez. —Bella. –trate que mi voz sonara como un regaño pero sonó ronca, ansiosa, excitada…
Ella no contesto. Fingía estar dormida, su irregular respiración no engañaba a nadie.
Su trasero volvió a restregarse contra mí, mi duro miembro quedo entre sus nalgas, logrando llevarme hasta la locura. Su piel era tersa, delicada y femenina.
Gemí fuertemente, escuche su débil risa. Disfrutando de su poder sobre mí.
Dejo de fingir y se giro. Ambos quedamos de frente.
La mire fríamente, tratando de que ella se sintiera arrepentida, pero al contrario, Bella sonrió con inocencia. —Creí que era un mito el hecho de que un hombre se despierta con una erección. –dijo mirando alternadamente entre mis ojos y mi miembro.
—No es un mito. A veces… a veces me pasa. –admití, sentí como me sonrojaba un poco. La situación era un poco humillante.
Ella rio fuertemente. Su mano acaricio la longitud de mi pene, lentamente. —Sería muy mala si te dejo con tremenda erección, ¿verdad?
—Quedamos que solo lo haríamos una vez. –dije confundido, aunque no me molestaba tener sexo con ella.
De hecho lo deseaba, la manera en que nos complementábamos era asombrosa, nunca había sentido esa gran compatibilidad con alguien más.
—Cambiaremos esa regla, lo haremos las veces que queramos mientras sea miércoles o sábado. Pero solo serán posiciones que ya hemos utilizado. –dijo acercando sus labios a mí.
Quería quejarme, decirle que esa decisión sería muy arriesgada e incluso peligrosa. El juego estaba abarcando gran parte nuestro tiempo, estaba creado grandes problemas, bueno, en lo que a mí respecta. Ya tenía demasiado con mi culpabilidad, con las mentiras que salían con naturalidad de mis labios y las marcas que estaban en mi cuerpo. Tenía el ligero presentimiento de que los problemas apenas comenzaban.
Su mano se deslizo otra vez sobre mi erección, logrando que perdiera el hilo de mis pensamientos.
— ¿Sí o no? –preguntó arqueando una de sus cejas.
Con un gemido me rendí y mande al diablo los contras de aceptar esta nueva regla.
No perdimos el tiempo y comenzamos a besarnos frenéticamente. Mis manos fueron a su trasero, atrayéndola hacia a mí, quería que sintiera lo que provocaban sus infantiles juegos. Las manos de Bella fueron directamente a mi cabello y una de sus piernas subió hasta mi cintura. Sin dejar de besarnos, ella nos hizo girar, quedando sobre mí. Mi miembro tocaba directamente su creciente humedad. Dejamos de besarnos, mis labios se dirigieron directamente a su cuello, repartiendo pequeños besos.
—Tócame, Edward. Siente como me pones. –dijo tomando una de mis manos y guiándola a su núcleo.
Deslice lentamente mi dedo en su interior, concentrándome en sentí su calidez y su humedad. Curve un poco mi dedo, buscando el punto que la llevaría a la locura. Me tomos solo unos segundo encontrar el punto de mayor placer. Bella gimió fuertemente y se restregó contra mi mano.
Bella se tenso de repente y puso su mano en mi boca.
Mis dedos de inmediato se detuvieron.
Entonces yo también escuche. — ¡Edward! –era la voz de Jasper. Sonaba desesperado. — ¡Edward, por favor abre!
Mire a Bella angustiado, ella todavía vestía su neglillé y yo estaba completamente desnudo. Los espejos estaban rodeando la cama. Sentí como sudaba fríamente.
Jasper siguió tocando desesperadamente la puerta.
—Debe de estar en clases. –murmuro en voz baja.
Bella y yo nos quedamos en silencio unos momentos y hasta que escuchamos el sonido de la puerta azotar nos permitimos soltar el aire que reteníamos.
—Eso estuvo cerca… -deje de hablar porque tenía una almohada en mi cara.
—Te dije que sería una mala idea si teníamos sexo en estos momentos, te dije que alguien podía llegar…
Resople. — ¿Disculpa? –pregunté sarcástico. —No te quejaste cuando estabas restregándote contra mí. "siente como me pones" ¿no te resulta familiar? –pregunté entre dientes.
Mas que enojado esta aterrado, Jasper pudo haber averiguado la clase de relación que mantengo con Bella. Me estremecí con solo pensarlo. Nadie debía de saberlo.
—Como sea, cámbiate y ve a clases. Yo me quedare aquí y regresare los espejos. Ordenare todo. Si las chicas te preguntan por mi les dices que estoy en mis días. ¿Ok? –dijo aventándome unos jeans que estaban tirados en el piso.
En menos de 10 minutos estaba saliendo del edificio de los dormitorios y caminaba hacia mis clases. Cheque la hora, en cinco minutos empezaría mi clase de historia con los chicos. Me moría por curiosidad por saber que había pasado, que fue tan importante para que Jasper casi tumbara mi puerta.
Desde lejos logre visualizar a Tanya, mis pies se movieron hacia ella.
Una fuerte mano me retuvo del hombro. — ¿A dónde diablos vas? –preguntó Emmett.
Me gire hacia él, un poco molesto. —Quería alcanzar a Tanya. –dije mientras apuntaba con la mano donde ella estaba.
—Estás loco, Jasper nos necesita. Llevo toda la mañana buscándote. No es momento para tus problemas de faldas. –dijo arrastrándome contra mi voluntad de regreso a los dormitorios.
Después de arrastrarme cinco metros comprendí que por mi bien debía cooperar con mi agresor.
—Está bien, está bien, Emmett. Se caminar desde los 11 meses. –dije tratando de que soltara mi camiseta.
A unos metros del dormitorio de Jasper observe que Alice salía llorando y las chicas iban detrás de ella. Murmurando "perdón" "lo siento" en muchas ocasiones.
Eso me inquieto. Algo olía mal y no era mi ropa sucia.
Emmett me dio una rápida mirada, dándome a entender que estuviera alerta.
Entre al dormitorio con cuidado, mirando detenidamente a mí alrededor. La habitación olía fuertemente a cigarro. Entonces visualice a Jasper, estaba sentado en el sillón, sus manos tapaban su cara y su cuerpo estaba completamente tenso.
Nos sentamos a su lado. Emmett no rompería el silencio así que tome una gran bocanada de aire para darme valor. — ¿Qué es lo que está pasando? –musite mientras revisaba mis bolsillos traseros algún cigarrillo. No encontré nada.
—Me acosté con Alice. –susurro.
Todo comenzó a tener sentido, lo más probable es que estuviera confundida con su sexualidad, quizás este arrepentida de haber perdido su virginidad con Jasper o algo así.
— ¿Y por eso tanto escándalo? Eso era lo que querías, ¿Por qué estas triste? –preguntó preocupado Emmett.
—La apuesta. –dijo Jasper levantando un poco la cabeza.
Pude observar la tristeza en su rostro, sus ojos rojizos tratando de reprimir las lágrimas.
—Bueno, ganaste la apuesta. Es decir, Bella y tu. Nosotros te pagaremos. –dije encogiéndome de hombros.
—No entiende, de que me sirvió ganar la apuesta si la perdí. –afirmo a la vez que se levantaba del sillón y recogía del cenicero su cigarro.
— ¿Que tratas de decir con que ganaste la apuesta, pero perdiste a Alice? –preguntó Emmett confundido.
Jasper caminaba de un lado a otro, aspirando fuertemente su cigarro. —Ella sabe sobre la apuesta.
Alice lo sabía. Una y otra vez esa frase se repitió en mi cabeza. Desde un punto de vista objetivo el apostar la virginidad de una chica seria cínico, vulgar, cruel, inhumano…
— ¿Cómo? –pregunté sin poder evitarlo.
—Salí del baño, ella estaba en mi habitación para pedirme su libreta de matemáticas y de un momento a otro estábamos en la cama. –se sonrojo un poco. —Después de… -hizo un ademan con las manos, dándonos a entender que tuvieron sexo. —nos dormimos, pero cuando desperté, ella no estaba en mi cama. –se golpee con la palma de su mano la frente. —Creí, yo creí, de verdad. –suspiro.
—Tranquilo. –dijo Emmett.
—Pensé que después de lo que acabábamos de compartir ella sería mi novia, le pediría matrimonio a los dos años de noviazgo, tendríamos hijos y todo eso.
Entendí de inmediato su tristeza. —Ella se acostó contigo por curiosidad, te dejo claro que es lesbiana. ¿Verdad?
Jasper cerró los ojos, recordando ese momento.
— ¿Pero como supo lo de la apuesta? –preguntó pensativo Emmett.
—Me enoje, le dije que me había acostado con ella solo por nuestra apuesta, que habíamos apostado un simple beso pero que Bella aposto que en quince días yo podía quitarle su virginidad. Me burle de ella sin remordimientos, como lo hizo Alice conmigo. Ella me dijo que ni siquiera era virgen, ella misma se había desflorado con un vibrador, que no era tan tonta como para darle algo tan valioso a un hombre. Ahora ya no regresara al dormitorio, se quedara con Charlotte. No quiere respirar el mismo aire que yo. –dijo con melancolía.
Suspire, no sabía que decir. No encontraba las palabras para animarlo, el no debió de haber dicho el asunto de la apuesta, no, me equivoco, nunca debimos aportar.
— ¡Joder! ¡Ahora si nos llevo la chingada! –dijo Emmett.
—Alice no quiere saber nada de nosotros, en especial de mí. Bella fue quien me ofreció la virginidad de Alice como si estuviera a la venta, Emmett en vez de defenderla aprobaste esta locura, asegura que Rose también está al tanto de todo, ya que junto con Bells estuvieron hablando de sexo y lo agradable que es sentir un pene dentro del cuerpo y esas cosas de sus pijamadas.
— ¿Y de mi? –pregunté al ver que no me nombraba en la lista negra de Alice.
—Dijo que tú besas el piso donde camina Bella, era obvio que no rechazarías la apuesta. Pero ella sabe que tú apostaste que no soportaría tenerla un mes en este dormitorio.
— ¡Dios! ¿En que nos hemos metido? –pregunté elevando las manos.
—Tengo una idea. Nos ganaremos su perdón. –dijo con firmeza Emmett.
— ¿Cómo? –preguntó con interés Jasper.
—Podríamos hacer una piñata idéntica a ti y se la regalaremos. Dejaremos que la golpee hasta que se le pase el coraje.
Rodé los ojos. Esas estupideces eran típicas de Emmett.
—Tengo una idea. Ustedes me ayudaran. –dijo Jasper, retándonos con la mirada a no contradecirlo.
Jueves.
¡Mierda! Esto era lo más cursi, de lo cursi del mundo.
Mis manos a un me dolían de tanto escribir.
— ¡Apresúrate Edward! ¡Tú también Emmett!
Em gruño graciosamente, logrando que me carcajeara. Toda la semana había sido muy tensa y todavía no terminaba, no recordaba cuando había sido la última vez que había reído.
— ¿De qué te ríes? –preguntó entre dientes Emmett.
—Es que gruñiste como el monstro comegalletas. –dije mientras seguía pegando papeles morados.
— ¡Apresúrense! –dijo Jasper pegando los papeles como si fuera un pulpo.
Resople. —Estoy sudando azúcar Jaz. –dije imitando una voz de mujer.
Emmett de inmediato lanzo besos tronados. — ¡Perdóname chaparrita! –dijo tratando de imitar también la voz de una mujer.
Jasper frunció el ceño. —Se supone que todos los papeles dicen perdóname.
De inmediato Emmett carraspeo. — ¿Solo debían de decir perdóname?
—Sí. –afirmo Jaz entre dientes.
—Bueno, yo le puse a mis trescientos papelitos perdóname chaparrita. –dijo nervioso Em.
Suspire. —Yo le puse, perdóname cariño, perdóname melocotón, perdóname cielo, perdo…. –deje de hablar al sentir el zape de Jasper en mi cabeza.
—Son unos buenos para nada. –dijo brincando como niño pequeño Jasper, haciendo su berrinche.
—Tu dijiste que pusiéramos perdóname tiernamente. –me queje.
—Me refería a que le pusieran corazones arriba de la "i" dibujaran solecitos, arcoíris o nubes. –explico.
— ¡Ups! –dijimos Emmett y yo a la vez.
Escuchamos el sonido del timbre de la escuela. Alice iría de compras toda la semana, tratando de sacar su coraje con su mejor amiga american express y para eso tendría que llegar al estacionamiento y ¡Taraaan! Vería su Porsche lleno de pequeñas notas color violeta donde Jasper le pide perdón con letras blancas.
— ¿Tenía que ser papel violeta? –pregunté curioso.
—No, pero era el único color que le pude robar a Rose. –me contesto.
— ¿Estás seguro que nos perdonara? –preguntó Emmett al ver de lejos a Alice.
—Claro, lo vi en una película. –dijo seguro de sí mismo Jasper.
Traque saliva. La duende venia directo hacia nosotros y por su cara, solo desea descuartizarnos.
— ¿De quién fue esta brillante idea? –preguntó Alice.
—Mía. –dijo Jasper, caminando hacia ella.
—Y nosotros le ayudamos. –dijo Emmett con orgullo.
¿Acaso era yo el único que notaba que estaba encabronadísima?
— ¡Estúpido! ¡Pendejo! ¡Como ponen notas moradas en mi auto! ¿Con el permiso de quien? Mi hermoso porsche parece el Barney móvil. –le grito la duende a Jaz a la vez que le daba una patada en las partes más nobles de un hombre.
Jasper de inmediato cayó al suelo en posición fetal, con rapidez me acerque con él. — ¿Estás bien? –pregunté tontamente, ¡claro que no estaba bien!
Escuche el sonido del porsche al arrancar. Entre Em y yo cargamos a Jasper hacia la banqueta antes de que Alice nos atropellara.
Viernes
Estábamos en la sala, en el dormitorio de Jasper, tratando de reanimarlo.
—Escondí las galletas de animalito, no quiero que se corte las venas. –susurro Emmett en voz baja para que no lo oyera Jasper.
Rodé los ojos. —Sí, yo también escondí el maquillaje de Alice.
— ¿Para qué?
—No quiero que se quiera pintar los ojos de negro. –me burle.
Pasaron los segundos, Emmett siguió pensando mis palabras. Después de dos minutos comenzó a reírse como loco. — ¡Ya te entendí! –dijo entre risas.
Le quite la envoltura a la barra de chocolate que traía en la mano. — ¿Quieres? –le ofrecí a Jasper, la había comprado solo porque el chocolate ayuda a las personas deprimidas.
— ¡El chocolate le encanta a Alice! –dijo recostándose a lo largo del sofá, hundiéndose en su miseria.
— ¡Tengo una gran, pero gran idea! –dijo Emmett emocionado.
— ¿Es de piñatas? –quise asegurarme.
—No, esta idea no es tan buena como la de la piñata, pero el probable que mi hermana nos perdone. –me contesto Emmett.
—Te escuchamos. –dijo Jasper.
—Cuando a Alice se le quebraba una uña mama le preparaba pastel de chocolate y con eso siempre se alegraba. Una vez pise una de sus barbies y no dijo nada, pues estaba feliz comiendo pastel.
—No es mala idea. Solo por un problema.
— ¿Cuál? –preguntó Jasper.
—No sabemos preparar pasteles. –les recordé.
Emmett se levanto del sofá y fue hacia la cocina, regreso con las manos llenas de huevos, leche, mantequilla, haría y algunos recipientes. De inmediato me pare y le quite los moldes de aluminio, Jasper también se levanto y le quito la harina y los huevos.
—La harina y los huevos son peligrosos para ti Emmett. –se mofo. — ¿pero porque sacas todo de la cocina?
—Iremos al dormitorio de Edward, prepararemos el pastel con el libro de recetas de Bella, aparte, ella tiene de esos hornos modernos, que solo presionas un botón.
Jasper sonrió ampliamente. — ¡Vamos! –grito.
Caminamos hacia la puerta, detrás de él. Cuando Jasper abrió la puerta dejo de caminar, mis pies también se detuvieron al ver a Alice.
—Camina Edward. –dijo Emmett empujándome fuertemente hacia el frente.
No pude evitarlo, mi cuerpo empujo a Jasper, los huevos y la harina cayeron sobre el pelo y la ropa de Alice.
¡Joder! ¡Dios nos odia!
Con fuerza Alice empujo a Jasper y se lo quito de encima. Resoplo y gruño.
— ¡Pendejos! –dijo apretando los puños. —Solo venia por ropa y ustedes… ¡Ah! –grito. Se dio media vuelta y se fue.
—Me doy por vencido. Esperare a que se le pase el coraje para pedirle perdón. –dijo tristemente Jasper.
Sábado
Estaba preparándome un sándwich, cuando Bella entro a la cocina.
—Creí que te habías vuelto gay. –fruncí el ceño confundido por sus palabras. —Estoy días te la pasas con Emmett y Jasper, solo te bañas y regresas con ellos. –se quejo.
—Perdón, estuvimos tratando que Alice nos perdonara.
Bella rio fuertemente. —Mire en youtube como Alice le pega a Jasper, ¿Cómo se les ocurrió meterse con su automóvil?
Rodé los ojos. —Fue idea de Jasper.
—Mire ayer a Alice salir del edificio con harina en la ropa. ¿Qué paso? –preguntó curiosa.
—Chismosa. –me burle. —No te contare.
—Edward. –refunfuño haciendo un adorable puchero.
—Está bien, está bien. Íbamos a prepararle un pastel de chocolate y de pronto ella aparece, el resto es historia.
Para ese entonces ella estaba agarrándose fuertemente su estomago.
Termine de comerme el sándwich y ella todavía no paraba de reír.
Poco a poco se recupero. —Ustedes son tan… tiernos.
No le preste atención, no me agradaba que se riera de lo que nos pasaba. Ella tenía gran parte de culpa, ella introdujo la palabra virginidad a la apuesta.
Pase a un lado de ella para dirigirme al baño, pensaba ir a hablar con Alice, explicarle detalladamente la situación. No podíamos seguir así. Jasper estaba destrozado, Emmett estaba un poco más confiado, pues sabía que era su hermana y no duraría mucho tiempo enojado con él. No sabía nada de Rosalie, ni de Bella, era probable que no perdonara a Bella y en cuanto a Rose, ella siempre hizo comentarios sobre que necesitaba un pene que le enseñara a gozar, por más que niegue que no tenía nada que ver con la apuesta Alice no le creerá.
Camine hacia mi habitación, me desvestí, deje la ropa en la cesta y entre en la ducha.
Necesitaba pensar muy bien mis palabras para que la duende no malinterpretara nuestras intensiones.
Tome el jabón y comencé a enjabonarme el cuerpo.
— ¿Puedo unirme a la ducha? –preguntó Bella detrás de mí.
Me gire para verla entrar desnuda.
¡Maldición! ¡Ni siquiera recordaba que era sábado! Estaba tan sumergido en el asunto de la apuesta.
Bella se acerco al chorro de agua, poco a poco su cuerpo se fue humedeciendo. Observe con detenimiento como un gota de agua se deslizaba entre sus excitados pechos, pasaba por su vientre plano, hasta llegar a sus pliegues.
— ¿Qué pasa? –preguntó al no obtener mi respuesta.
—N-nada. –tartamudee, aun con mi vista todavía fija en su intimidad.
Sonrió ampliamente, se dio la vuelta y salió de la ducha, dejándome con una tremenda erección.
Entendí su objetivo. Gruñí.
— ¡Isabella! –exclame.
Escuche su risa.
Cerré la regadera y salí del baño. Bella estaba a un lado de la cama, secándose.
—Prendes el boiler y no te metes a bañar. –dije entre dientes.
Ella se rio sin remordimientos.
Me acerque a ella con rapidez, no te la confusión en su mirada. Con rudeza la avente a la cama.
— ¡Edward! –se quejo.
Bella cayó sobre la cama, humedeciendo las sabanas al instante. Me puse de cuclillas y la tome de las caderas para acercar su intimidad a mí.
—Esto era lo que querías, ¿verdad? –dije mientras soplaba aire caliente sobre su clítoris.
—No. –dijo con firmeza.
Pase lentamente la yema de mis dedos sobre sus pliegues, de inmediato de humedecieron. —Mentirosa.
Su respiración se acelero. —No miento.
Introduje un dedo en su interior, me mordí el labio con fuerza para no gemir al sentir lo estrecha que estaba. — ¿Por qué querías calentarme? –pregunté mientras agregaba un segundo dedo y bombeaba rápidamente su intimidad.
—Por… porque… -pase mi legua por su clítoris, formando el número ocho. — ¡Mierda! ¿Qué fregados me preguntaste? –dijo con rapidez.
— ¿Por qué querías calentarme? –repetí.
Saque mis dedos de cálida hendidura. Bella gimió en protesta. —Contesta.
Separe sus labios íntimos y pase mi lengua, saboreando su particular olor. Las manos de Bella se aferraron a mi cabellera, urgiéndome a que aumentara el ritmo. Sentí mi miembro palpitar, ella estaba tan caliente.
—Te quería castigar por ignorarme en la cocina. Ahora, apresúrate. Estoy caliente. –gruño.
Reí fuertemente. Me gustaba hacerla enojar.
Me aleje un poco de ella, le saque infantilmente la lengua.
— ¿Cuál es la posición? –preguntó retorciéndose.
Moví mis cejas juguetonamente. — ¿Adivina?
—Edward. –se quejo.
Me levante y pase sus piernas sobre mis hombros, la tome de las caderas para acercarla hacia a mí. Nuestros sexos se tocaron y no pudimos evitar gemir al mismo tiempo. Esta posición es mi favorita, ella debió de percibir algo en mi mirada.
—Creí que la vaquera o de perrito era la posición favorita de los hombres.
—En gustos se rompen géneros. –dije mientras humedecía mi miembro con sus jugos vaginales.
Poco a poco me adentre en su cuerpo, disfrutando la estrechez de sus paredes apretar dolorosamente mi erección. Una vez que estuve totalmente dentro no pude evitar quedarme quieto y cerrar los ojos con fuerza, disfrutando las oleadas de placer que recorría cada una de mis terminaciones nerviosas.
Salí lentamente y luego la embestí con fuerza, después repetí la acción, entrar con rapidez y salir lentamente.
—Le pondré un altar a Eddy. –dijo entre embestidas.
— ¿Por qué? –pregunté jadeando.
—Tu monstruosidad parece no tener fin. –dijo mientras yo salía lentamente de su interior.
Si no estuviera teniendo sexo con ella me hubiera reído, pero estaba tan concentrado en sentir que no pude reírme.
Comencé a embestirla con mayor rapidez, adentrándome en su interior, la posición hacia que sus pareces apretaran fuertemente mi miembro, rozaba en cada entrada su punto de mayor placer y cuando ella estuviera transitando su orgasmo me llevaría consigo, sería imposible no correrme.
— ¡Dios! ¡Entiendo porque es tu posición favorita! –grito mientras jugueteaba con sus pezones.
No le preste atención a sus palabras, estaba concentrado en no llegar antes de ella. Al parecer ella lo intuía por que habla. —Córrete, Edward, quiero sentirte explotar dentro de mí. –con un gruñido me rendí y comencé a embestirla con mayor fuerza. Unas cuantas estocadas y la vista se me nublo del fuerte orgasmo que sentía. Inmediatamente ella me siguió.
— ¡Whoa! Eso fue…
—Increíble. –dijo Bella.
Recordé sus últimas palabras. Jadeando hable. — ¿Nunca habías hecho esta posición? –pregunté mientras me dejaba caer a un lado de ella, esperando que mi respiración regresara a la normalidad.
—No, normalmente me gusta de perrito.
No sé qué paso, pero su respuesta me molesto. Aun cansado me levante de la cama y camine hacia el closet.
Mientras me decidía por una camisa la mano de Bella detuvo mis movimientos. — ¿Qué te molesto? –preguntó pensativa.
—No estoy molesto. –dije un poco cortante.
Ella rodo los ojos. — ¿Qué harás? –preguntó mientras iba hacia el baño por su ropa.
—Iré con Jasper, creo. –no quise decirle que iría con Alice, si la duende decidía no hablar conmigo regresaría como si nada, si le decía la verdad, Bella se ilusionaría y no quería que tuviera falsas esperanzas.
—Necesito un favor.
Aun molesto, me trague las ganas de responderle rotundamente que no. — ¿Cuál?
—Ve a platicar con Alice, platícale como se dieron las cosas. Dile que yo creía que el hacerlo con Jasper cambiaria de sexualidad. –paso la mano por su pelo angustiada. Se mordió el labio, nerviosa. — ¿Si?
Suspire. —Solo con una condición.
—La que sea -respondió de inmediato.
Sonreí maliciosamente. Seria pan comido.
—Ah, no. No Edward Cullen. Si quieres sacar las dos posiciones tu solo para la siguiente semana te digo desde ahora que NO.
La mire con inocencia. —No tiene nada que ver con las posiciones. Solo usaras un regalo mío durante una noche.
Entrecerró los ojos. — ¿Qué clase de regalo?
—Unas simples bragas. –trate que mi voz no sonara emocionada.
—De acuerdo, pero tienes que hacer que Alice me perdone. ¿Ok? –dijo extendiendo su mano para cerrar el trato.
—De acuerdo. –dije dándole un apretón a tu mano.


16 comentarios:
Me gustó la parte dominante.., Dios..que trama..me gusta..en serio..es fantástico..de verdad
Uyy estuvieron a punto de romper las reglas, bueno más bien ya la cambiaron, cada vez se tienen más ganas. Ojalá Alice los perdone, pero si estuvo feo lo que hicieron
Edward no sabe por se molestó? Celos ! Aunque aquí aun no lo sabe :O
Yo entiendo la molestia de Alice, lo que hicieron, a pesar de tener "buenas intenciones" fue bien feo ;)
Alice cabreada es algo q da mucho miedo... Prefiero tenerla de amiga que de enemiga jajaja
ohhhh pobree jasperrr alice no lo quiere ver ni en figuritaa encima cuando quiere hacer algo paraque lo perdone metennn la pataa jaaja!! y la bromas de emmett o las cosas que dicennn me causa mucha graciaaaa!!!! y la posicionnn de hoyy me encantoo estoss capiss cada vez mas hottt...yy edwardd si logra que alice la perdone a bellaa quiere q ella use unas bragass que el le va a regalarr mmm que raroo estee edwardd es medioo picarooo vaya a saber con que se va a salirr...escribesss maravillosamente biennnn!!!!
Lo de los papelitos en el carro me encanto jajaja esos si son unos tontos, pobre Jasper no creo que obtenga el perdon así de facil, exelente cap Mery
esos chicos no hacen una bien para que alice los perdone, podre jazz, si el auto de alice es lo mas quiere como se les ocurre que haci los va a perdonar. =))
Ehhh quedado en shock ahahaha Edward es un dios del sexo :$ Me encanta Merý
Me encanto...!!!
ohh..pobres pobres...pero en realidad yo tambien me molestaria...hahah este hombre toma maca o ke??? nunca se cansa!!! hahahaha
pobre A y J me encanto el capi
Rayos pobre Jasper casi queda sin decendencia con ese golpe bajo de Alice... y Alice esta loca eso d seguir siendo lesbiana despues de estar con un hombre y q hombre... mandenla pa un psicologo urgentemente..!! y eso de que Jasper saco la idea de los papelitos de una peli es cierto?? q peli es? debe ser super cursi... y me fascina este Edward tan insaciable..!!! estupendo el cap....
los celos de edward en cada cap se nota mas y mas! pobre q todavia no se de cuenta de lo q siente, y jasper no pega una con alice!
Además de las razones obvias por las que me encanta esta historia, amo los comentario s de los chicos!!! jajaja Emmett me hace reir demasiado!!! jajajaajajajajajjajaajajaja!!!!
Quiero esos mismos hombros para practicar lo mismo que hizo con Bella sería excitante,sigo mi camino.
que risa este capitulo :c
isabella123456
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