Twilight es propiedad de Stephanie Meyer, la trama es mía y prohibida la copia total o parcial de la historia. Att. MerySnzTreinta cartas con diferentes posturas sexuales, dos días a la semana para realizarlas. ¿Podrán jugar sin que surjan sentimientos? "Solo saciaremos nuestra hambre y curiosidad. Cuando terminemos con las posiciones el juego se acaba"
Cucharita y 69
En cámara lenta levanté mi vista.¡Oh, oh! No podía creer que él nos trajera a un lugar así.
Respire profundamente. Este era un sueño… un sueño hecho realidad.
El lugar estaba iluminado tenuemente. Un gran escenario estaba unos metros de nosotros y una voluptuosa "colegiala" se estaba desnudando sensualmente. Pegado a las paredes estaban las mesas, tapadas con elegantes cortinas, dando privacidad a los clientes. Las meseras sonreían y vestían un sexy uniforme: una putifalda con una traslúcida blusa blanca con los primeros tres botones abiertos. Resumido en una palabra: El cielo.
—Ahí viene la dueña del lugar. A ella tratémosla con respeto. –nos advirtió Emmett.
Jasper y yo asentimos con entusiasmo.
La dueña del lugar era elegante, con clase y porte. Vestía un vestido de gala negro con un profundo escote en el pecho. Aunque a simple vita parecía una mujer rubia de unos 35 años, yo calculo que tendría alrededor de 50, si… la cirugía le quitó muchos años. Quizás era cliente de Carlisle.
—Buenas noches caballeros, soy la Srta. Gianna. La dueña del lugar. ¿Y ustedes son? –habló mirándonos despectivamente.
Lo admito, los chicos y yo no vestíamos muy elegante, ni con un traje Armani como los otros hombres del lugar.
—Somos amigos de James…
Emmett siguió hablando pero yo no lo escuché. Observé como a la "Srta" se le iluminaban los ojos al decir el nombre de nuestro amigo.
Toma golfa, somos hijos de papi. Con mucho dinero. –fueron las palabras que quise gritarle. Pero en vez de eso, sonreí ampliamente.
—Los amigos de James, son bienvenidos siempre. ¿Cómo se llaman, queridos?
Me dieron ganas de vomitar cuando nos dijo queridos, pero reprimí el impulso.
—Yo soy Emmett Brandon, el rubio es Jasper Hale y Edward Cullen.
Al escuchar mi nombre la mujer se giró hacia a mí con una gran sonrisa.
— ¿Eres un Cullen? –preguntó con voz chillona. Podía imaginarla contando cuando dinero traía en mi bolsillo y la clase de tarjetas de crédito que utilizaba.
—Sí, ¿Por qué? –pregunté retándola.
—Carlisle me creó mis nenas. –dijo apretándose sus pechos alternadamente. —Pituca y Petaca nacieron de él. Un excelente cirujano, me atrevo a decir que el mejor de país…
La interrumpí abruptamente. No quería escuchar a otra admiradora de papá. — ¿Dónde podemos sentarnos? –pregunté deseando que captara la indirecta de que no deseaba escucharla.
Sonrió amigablemente. No entendió mi indirecta.
—Les daré la mejor mesa y la mejor camarera. Para que los traten como los reyes que son. –nos sonrió a los tres seductoramente y tronó los dedos.
Una modelo rubia apareció de inmediato. —Jane, encárgate de los chicos. Que nuestros clientes estén cómodos, dale todo lo que te pidan y muéstrale el menú V.I.P
—Claro que sí, Srta. –dijo Jane inclinando obedientemente la cabeza. —Por aquí caballeros.
Emmett, Jasper y yo seguimos a la mesera, subimos hasta la segunda planta y caminamos hasta llegar a un cuarto que nos daría privacidad.
—Es aquí caballeros.
Observé el lugar. En el centro había un gran sillón que rodeaba una moderna mesa y enfrente estaba un pequeño escenario, donde las chicas bailarían. No muy lejos se encontraba una barra completamente de vidrio, con sus respectivas sillas. Algunas masetas completaban la decoración.
— ¿Es de su agrado? –preguntó la camarera.
—Es per-fec-to. –dijo alargando la palabra Jasper.
—En la pequeña cantinera tenemos vino, ginebra, tequila, whiskey y brandy. Si ustedes desean que me quede a su lado para servirles las bebidas o desean que me vaya para tener mayor privacidad será su elección. O, desde luego si desean alguna otra bebida, pueden pedírmela y bajaré para pedir que la preparen.
—Que buen servicio. –dije sorprendido por el lugar.
Caminamos hacia el amplio sofá y nos sentamos. Emmett a la izquierda, Jasper en el centro y yo a la derecha. Un poco alejado de ellos.
— ¿Qué pedirán de beber los caballeros? –dijo Jane sacando un libretita de su pequeña falda.
—Cerveza. –exclamamos los tres.
—Iré por sus bebidas. –camino hacia la barra y tomó un ligero libro y regresó hacia nosotros. —Por mientras, vean el menú del día de hoy. –me entregó el "menú" y se fue.
— ¡Yupi! Hasta nos darán de comer. –dijo alegre Emmett.
Jasper me arrebató el libro. —Acérquense, veremos que tan buenas son las chicas de este lugar.
Emmett y yo nos acercamos más a Jasper. Mi amigo abrió el libro y comenzó a hojearlo. La primera hoja tenía el logo del lugar pero la segunda…
— ¡Joder! –exclamé deslumbrado.
—Latinas, europeas, occidentales, americanas… -leyó Jasper dejando salir un suspiro satisfactorio.
—Heterosexuales, lesbianas, masoquistas… -esta vez Emmett suspiró.
—Adolescentes, jóvenes o maduras. –suspiré. —Estoy enamorado. –dije.
— ¿Qué elegimos? –preguntó Jasper. —Yo sugiero una latina. Bailan mejor, son de sangre caliente…
Emmett lo interrumpió. —No, una americana, son mas desinhibidas, alegres…
—No, Jasper tiene razón. Una latina, este país está lleno de rubias. Exploremos nuevos horizontes.
Jasper pasó a la siguiente hoja. —Veamos, María, 28 años, mexicana, 1.72, 95-63-95. –los tres observamos la fotografía de la impresionante morena en traje de baño. Pasó a la siguiente página. —Verónica, 19 años, venezolana, 1.68… -seguimos observando detenidamente las fotografías. Brasileñas, argentinas, españolas, colombianas… la lista seguía y seguía.
Llegamos a un acuerdo y elegimos a María justo cuando llegó Jane con un pequeño refrigerador. Sacó tres cervezas con algunas botanas y nos las dejó en la mesa.
— ¿Los caballeros han elegido ya?
—Sí, queremos a María. –le contesté yo, hablando por los tres.
—Buena elección. En cinco minutos estará aquí. ¿Desean que me quede o prefieren mayor privacidad?
—Puedes retirarte. –le contesté otra vez yo, ya que los chicos no paraban de babear el "menú".
Bebí de mi cerveza gustoso y me recosté en el sofá. Esto sí es vida.
Exactamente en cinco minutos, nuestra elección entró por la puerta. La música que hasta el momento se escuchaba vagamente, subió de nivel. María era más alta de lo que pensé, su piel morena era lo que más llamaba la atención ya que se complementaba con su obscuro cabello y el negro de sus ojos. Vestía un pequeño atuendo de enfermera, que dejaba al descubierto casi todos sus pechos y parte de su trasero.
María caminó directamente hacia el tubo que se encontraba en el escenario. Comenzó a moverse al ritmo de la música, cuando la canción llegaba al pegajoso coro ella movía el trasero enérgicamente. Tomé la mitad de un limón y seguí viéndola bailar. De pronto, subió al tubo y dejo caer la mitad de su cuerpo al aire, entrelazando firmemente sus piernas al metal. Me senté de inmediato, impactado. La chica paso su lengua por sus labios, sabiendo que nos gustaría.
—Esto es el cielo. ¡Mira sus pezones! –gritó emocionado Jasper.
Asentí lentamente. Las chicas con las que había estado eran unas cuantas niñas, con pezones pequeños, rozados o casi traslúcidos. Pero la bailarina tenía unos enormes pezones marrones. Cierta parte de mi anatomía estaba despertando.
—Voy a sacar mi cartera. Le pondré un departamento, le compraré un coche… -escuché vagamente las palabras de Emmett pero no le presté atención. Estaba concentrado en el magnífico cuerpo que se encontraba frente a nosotros.
La chica bajó del tubo y contoneando las caderas deslizó el cierre de su ropa, en un movimiento se quitó su vestuario y me lo lanzó a mi cara. ¡Joder! ¿Eso significaba que le gustaba más que mis amigos?
Me quité la ropa de mi cara para poder ver su maravilloso cuerpo. Me acerqué más a la mesa y me recargué sobre mis codos para ver más de cerca tremendo espectáculo.
Sus pechos eran grandes, operados, desde luego. Sus piernas largas e increíblemente fuertes, se movía con gracia, pese a que sus enormes zapatillas deberían entorpecerla.
Caminó hacia nosotros y con un poco de dificultad se subió a la mesa.
Abrió sus piernas totalmente, dejándonos anonadados a mí y a los chicos.
—Y tan puritano que te las dabas Edward. –escuche a Emmett hablar entre la música pero no le preste atención.
La bailarina rió divertida por las palabras del oso.
—Cierra la boca que te entraran moscas. –se burló Jasper.
Entonces comprendí que debía estar portándome como un estúpido niño virgen y cerré con brusquedad mi boca.
María estiró su cuerpo para acercarse a mí, acarició mis mejillas ligeramente sonrojadas y sus labios bajaron a mi cuello. Deslizó su lengua por mi cuello y dejó un húmedo camino de besos, logrando excitarme.
—Me ponen al cien los adolescentes. Me encanta enseñarles el arte de amar. –susurró en mi oído.
Mi erección paso de 0 a 100 al terminar ella de hablar.
La noche siguió pasando, después de una hora elegimos otra chica del menú. Esta vez fue una pelirroja, sueca, de apenas 19 años. Que nos dejó extremadamente cachondos.
A las cuatro de la mañana, totalmente borrachos, decidimos irnos de regreso al instituto.
—Jane... tráenos... la… cuenta. –dije con dificultad.
—Aquí tiene caballeros. –dijo la camarera dejando enfrente de nosotros la nota del costo de cada cosa que pedimos.
Mis ojos se abrieron como platos al ver la cuenta. ¿Acaso creían que éramos ricos? Bueno… en teoría lo somos… pero eso era un robo.
— ¿4,212 dólares? –grité.
—Debe haber un error, un dígito está de más. –dijo Jasper parpadeando varias veces.
—Lo siento caballeros. No hay ningún error. Ese es el total, pagarán en efectivo o con tarjeta de crédito.
—Esto es un robo me quejé. –saqué mi cartera y le di mi platino a Jane.
—Cóbrate 200 dólares de propina para ti, querida. –dijo bostezando Emmett.
Iba a protestar. Ya nos habían robado mucho y para colmo dejar propina.
—No te preocupes, Edward. Yo te pagaré esos doscientos dólares. –dijo Jasper. Lo más probable era que no quería escucharnos discutiendo por dinero.
Emmett le dió las llaves a Jasper para que el condujera, ya que él y yo nos encontrábamos ahogándonos en alcohol todavía.
Lo último que recordé fue el sonido de mi cuerpo al caer en una deliciosa cama.
Me desperté al escuchar unos gritos. Abrí los ojos lentamente y traté de reconocer el lugar donde me encontraba. Estaba en el cuarto de Jasper, lo reconocí por los poster de guerra civil que él tiene pegado en las paredes.
Un poco anonadado me estiré y me dirigí hacia la cocina feliz. ¿Quién diría que la idea de Emmett sería buena?
Llegué hasta donde se encontraban mis amigos.
—Buen día, chicos. Hoy nada me pondrá de mal humor. ¡Joder Emmett! Las chicas de ayer estaban realmente buenas, ¡que trasero! Y qué decir de su delantera… -deje de hablar al ver que ellos estaban pálidos. — ¿Q- Qué… que ha pasado? –pregunté.
Jasper me aventó un pequeño espejo. Lo tome sin entender, ¿Qué significaba eso?
—Ve tu cuello. –dijo tristemente.
Tragué saliva ruidosamente. Comencé a rezar para que la idea que cruzó por mi cabeza fuera una equivocación. Temeroso me observé el cuello.
Mis gritos resonaron en el aire. — ¡NOOOOOO!
No tenía uno, ni dos… sino tres chupetes en mi cuello. ¿Qué le diría a mi novia? Y… y a Bella.
Paseé por la cocina de un lado a otro como león enjaulado. —Esto no puede ser posible. ¿Qué le diré a Tanya? Las chicas nos matarán. –jaloneé mi cabello como un psicópata.
—Tranquilo, le acabamos de llamar a James, llegará en uno minutos. El nos metió en esto, el nos sacará. –dijo Emmett.
Jasper se levantó de su silla furioso. — ¿Culpa de James? Fue tu idea de que fuéramos a ese lugar, ¿recuerdas? ¿Una visita al cielo? –le gritó.
—Tranquilo Jasper, tu no deberías estar tan molesto. Emmett y yo somos los únicos que tenemos novia, tu no. No estás en problemas.
—Estoy poniéndole mucho entusiasmo a mi relación con Alice. Para que ella me vea con otros ojos. No quiero que me vea como un adicto al sexo o algo por el estilo.
Emmett me miró directamente. Al parecer, Jasper no era consciente de la cantidad de rumores que existían sobre él.
—Jasper, ¿te has preguntado por qué las chicas de la escuela te ven como un pedazo de carne? –pregunté con cautela.
Mi amigo frunció el ceño pensativo. –Si me lo he preguntando. Pero no obtengo respuesta.
—Las porristas me preguntaron ayer si tenias novia, quería saber eso porque… -traté de encontrar las palabras adecuadas. –mmm… se está corriendo el rumor de que tú eres un maestro en la cama y las chicas quieren comprobarlo.
Emmett rió ruidosamente. —A mí… a mí me llegó el rumor de que Jasper se acostaba con las maestras de la escuela.
Yo también reí. No me pude contener. —Algo me dice que la que dejó salir ese rumor fue Bella. -me aventuré a echarle la culpa a mi hermana.
—Sí, debió ser ella. –dijo Jaz mientras se dejaba caer a la silla de nuevo. —Me dijo, que si ella fuera virgen, ella se acostaría con alguien que tuviera una reputación que le proceda. Nunca me imaginé que fuera a ser capaz de eso.
Tocaron a la puerta con efusividad. Debía de ser James.
—La puerta está abierta. –gritó Emmett.
James llegó a la cocina unos instantes después. — ¿Qué chingado es tan importante para que me haya tenido que salir de mis clases? –preguntó enojado.
Camino directo hacia el refrigerador. —No tengo cervezas. –le informó Jasper.
James bufó. Se giró hacia nosotros y nos miró con detenimiento. — ¡Pendejos! –gritó antes de ponerse a reír como loco.
—Si sigues riendo, te madrearemos los tres hasta cansarnos. –dije molesto. Se supone que nos ayudaría, no que se reiría de nosotros.
—Perdón, perdón chicos. Es solo… -no terminó de hablar porque volvió a reír como loco.
Golpeé el suelo con mi pie, tratando de ser paciente. Una vez que James recuperó la compostura caminó hacia la alacena y sacó tres cucharas. Nos dió una a cada uno de nosotros.
— ¿Para qué quiero una cuchara? –preguntó Emmett.
—Frótate con fuerza con la cuchara, en donde tienes el chupete y desaparecerá. Quedará una pequeña marca, no visible desde la distancia. De cerca, solo será una ligera mancha rojiza. Fin del problema. –dijo checando su reloj. —Me tengo que ir, tengo entrenamiento en 15 minutos. Emmett, te dije que cuidaras tu cuello de María. Eres estúpido. Ya me voy. –dijo negando con la cabeza.
Jasper y yo volteamos a ver a Emmett enojados. — ¿Lo sabías? Porque diablos no nos dijiste. –preguntó enojado Jaz.
—Lo siento, no me acordé de nada.
Tomé el espejo mientras con la cuchara me frotaba. Poco a poco el color iba desapareciendo. Los tres chupetes desaparecieron en menos de cinco minutos. Le pasé el espejo a Jasper.
Ese día no fuimos a ninguna clase. Teníamos una ligera cruda y no podíamos arriesgarnos a que las chicas pensaran que salimos a una fiesta.
En la noche, regresé a mi dormitorio y darme un baño y a dormirme. Bella y las chicas no se encontraban en ninguna parte.
El viernes todo volvió a la normalidad. Rosalie estaba un poco sarcástica con nosotros, pero a mí no me importó. Bella y yo no habíamos vuelto a tocar el tema del beso, cosa que agradecí eternamente.
Era sábado al medio día. Estaba recostado en mi cama, viendo los Caballeros del Zodiaco cuando mi hermana entró en ropa interior.
—Edward, tenemos que tener sexo de una vez. –dijo sin rodeos.
—Sé que soy irresistible Bella, ¿pero no puede ser mas noche?
—No, las chicas y yo tendremos otra pijamada.
— ¿Otra? Si apenas el miércoles durmieron aquí. ¿Qué será lo próximo? ¿Irán al baño las tres juntas? –pregunté sin despegar mi vista de la televisión.
Ella ignoró mis palabras. —Tengo esta pijamada, porque estoy tratando de convencer a Alice de que tenga sexo con Jasper. Tengo una apuesta que ganar… aparte, hoy es el partido del real Madrid contra Inter de Milán. Lo más probable es vayas a ver el partido con Emmett y los chicos.
—Sí, tienes razón, desnúdate. –le dije viendo todavía la televisión y pensando en apostar contra los chicos.
Bella lanzó sus bragas y su sostén en mi cara. —Préstame atención. –me gruñó.
Deje de ver la televisión me gire para verla. Ella se encontraba totalmente desnuda, pidiéndome que la hiciera mía. Me excité. Recorrí su cuerpo con mi mirada, sus pies, sus largas piernas, su caliente y húmeda cavidad, su pequeña cintura, sus perfectos y firmes pechos excitados, hasta que llegué a su cara. Varios mechones de su coleta caían en su cara. Adornando sus finas facciones.
—Date la vuelta. –pedí con voz ronca.
Ella no se quejó, obedeció. De inmediato mi mirada se dirigió a su firme trasero. Mi miembro ya se encontraba en todo su esplendor. —Ven a mí. –le pedí mientras me quitaba mi ropa.
Bella se recostó a mi lado. Nerviosa.
—Has… -tome una bocanada de aire para darme valor. No estaba seguro de lo que le pediría, ni como lo tomaría. — ¿Has hecho alguna vez el 69? –le pregunté esperando a que me contestara que no.
—No, pero siempre me ha dado curiosidad. –respondió.
—Te gustaría… Quisiera hacerlo ahorita. ¿Qué te parece? –pregunté, deseando que digiera que sí.
—Me parece bien. –dijo con voz un poco ronca. Ella también estaba excitada.
Se levanto y comenzó a acomodarse sobre mí. Sus rodillas estuvieron a los costados de mi cabeza, mi cara estuvo pronto entre sus piernas, sus pechos rozaban mi abdomen y su aliento golpeaba directamente mi miembro. Excitándome más.
—Relaja un poco más tus piernas. –le pedí al darme cuenta que estaba muy tensa.
Su centro bajo hasta mi nariz, dejándome oler su gran humedad. Soplé contra su clítoris, deseando darle placer. Y lo logré, sus caderas se movieron ligeramente, reaccionando.
—Estas muy húmeda… -dejé de hablar, en ese momento ella había adentrado mi miembro en su boca y estaba succionándolo con fuerza. Gemí audiblemente.
Decidí devolverse el favor y con esfuerzo y concentración me dediqué que devorar con mi boca su lubricante. Adentré mi lengua entre sus labios íntimos, primero lento, demorándome en sentir la textura y el sabor propio de Bella. Sus jugos tenían un sabor dulce pero a la vez amargo. Mis manos se dirigieron hacia su trasero, masajeándolo mientras yo la devoraba. Los gemidos de ella fueron me alentaron a seguir. Reforcé el agarre de su trasero, ya que Bella comenzó a moverse, dificultándome el trabajo.
Sentí la lengua de ella deslizarse por toda la extensión de mi erección. Esta vez yo me moví inquieto. Pasé delicadamente mis dientes por su clítoris, ganándome sus dulces gemidos. Al ver que eso le gustaba, repetí la acción. Me cansé de jugar, yo pronto exploraría en su boca y deseaba que lo hiciéramos al mismo tiempo. Con dificultad deje de masajear su trasero y lleve mis manos a sus caderas, aumentaría el ritmo de mi lengua y no deseaba que ella se moviera constantemente.
Adentré mi lengua entre sus pliegues, hasta encontrar la entrada de su cavidad, mi lengua entró y salió de ella con rapidez. Pronto sentí sus espasmos, demostrando que pronto llegaría al clímax. Sus jugos se desbordan sobre mi cara y yo trataba de beber cada gota de ella. Yo también estaba cerca, el sabor de Bella, la manera en que chupaba mi erección y sus constantes gemidos, me estaban llevando al borde.
— ¡Diablos! –gritó Bella al llegar a su orgasmo y volver a succionar mi miembro de nuevo.
Esa fue la señal que necesité para poder llegar a la cima de placer. Ella volvió a beber mi semen.
Poco a poco nuestras respiraciones fueron ralentizándose.
— ¿Lo habías hecho ya? –preguntó después de un largo silencio.
—Quizás. –respondí evadiendo su pregunta. No le diría que Tanya y yo lo habíamos hecho a una edad muy temprana. Pero esto era mejor, mi novia lo hacía solo para tenerme satisfecho, nunca porque ella lo deseara.
Sacudí la cabeza, tratando de alejar mis pensamientos de Tanya.
—mnnm. –fue todo lo que Bella dijo por mi respuesta anterior.
—Ven aquí. La posición es cucharita. Acomodémonos. –le recordé al ver que se recostaba a ver la televisión.
Me hice a un lado para que se acostara a mi lado.
Su espalda tocó mi pecho y su trasero se restregó contra mi flácido miembro, logrando excitarme de nuevo. Guié mi mano hacia sus pliegues, quería asegurarme de que estuviera húmeda para recibirme. Ella estaba lista.
Elevé una de sus piernas para tener mayor libertad, ella entendió de inmediato y cooperó. Tomé mi miembro y lo froté contra sus labios íntimos, tratando de calentarla más.
— ¡Edward! ¡Fóllame ya! -gruñó molesta.
Rudamente me introduje en ella, logrando que ella gritara fuertemente. — ¿Te hice daño? –pregunté preocupado.
—No, no. Al contrario, me encantó. –respondió agitadamente.
Comencé a adentrarme en ella, un poco precavido. Pero ella notó mi precaución.
—No me voy a quebrar Edward. –dijo con voz entrecortada.
Mandé a volar mi precaución y la embestí con fuerza. Una y otra vez. Sin darle tregua a su cuerpo. Con mi mano izquierda acaricié un pezón suyo, quería volverla loca del placer.
— ¡Sigue así, Edward! ¡Casi me corro! –gritó.
Seguí con mi ritmo, llenándola por completo, haciendo que gritara y se estremeciera entre mis brazos.
Con demasiada rapidez llego a su orgasmo. Sus paredes internas apretaron dolorosamente mi pene, enviándome a un abismo de placer de donde no deseaba salir.
Después de terminar de tener sexo, mi hermana recogió su ropa interior y se fue. Diciendo que tenía que comprar la nueva temporada de Smallville, ya que a ella y a las chicas les encantaba babear frente al televisor por Tom Welling.
A las seis de la tarde me encontraba en el dormitorio de Jasper. Ansiosos por ver el partido de fútbol.
Alguien tocó a la puerta.
—Abre Edward. Debe ser la pizza que ordene. –me dijo Jasper.
Fui hacia la puerta y me llevé una sorpresa. Erik Yonkie era el repartidor de pizza. Esto le agradaría a Emmett.
— ¡Emmett, ven a ver a quien tenemos aquí! –grité.
En menos de un parpadeo mi amigo estuvo a mi lado. —Erik, que alegría de verte. –dijo con fingida alegría.
El chico pasó su mano por su sudorosa frente. Nervioso.
—No me golpees Emmett… la pizza será gratis. –balbuceo Erik.
Emmett fingió pensarlo. —Un zape y la pizza, así estaremos a mano. –regateó mi amigo.
El chico dejo salir un suspiro de alivio, me dió la pizza y se quitó su gorra. —Adelante. –dijo agachando la cabeza.
Tomé la pizza y regresé a la sala. Dejando atrás a Emmett.
— ¿Y Emmett? –preguntó curioso Jasper.
—Erik era el repartidor. Emmett fue a darle su calentadita. –dije riendo entre dientes, recordando como Emmett le robaba su lunch al pobre chico.
Abrí la caja de pizza y tome una rebanada. Cuando iba a comer, Emmett me golpeó la espalda con fuerza. —Así se obtienen pizzas gratis. No como las chicas que conducen hasta la pizzería. –dijo, ajeno al hecho de que hizo que la pizza cayera en mi camisa.
—Maldición Emmett, mi camisa esta manchada… -cuando me disponía a abalanzarme sobre el Jasper me agarró de los brazos.
—Tranquilo, vamos a mi cuarto. Te prestaré una camisa y ya. –dijo mientras me llevaba a su habitación.
—No es tan sencillo, esta camisa me la regalo Bella. Ahora, tendré que lavarla yo mismo para que ella no se dé cuenta de que la manché. Y… -respire profundamente. —No sé usar la lavadora. –admití de mala gana, con vergüenza.
Emmett rió ruidosamente. —No te preocupes, yo te enseñaré.
—No Emmett. Rosalie se quejó durante días por el hecho de que lavaste una camisa roja junto a su ropa interior. No quiero que mi camisa sea rosa. –le aclare. No dejaría que tocaría mi Calvin Klein por nada del mundo.
—No te preocupes. Yo lo haré. -se ofreció Jasper.
Llegamos los tres al cuarto de Jasper. El buscó entre su closet una camisa decente y después me la dió. —Toma mi Abercrombie.
Me quité mi camisa con rapidez y la aventé a la canasta de ropa sucia que estaba cerca. Cuando me termine de poner la camisa de Jasper me gire hacia mis amigos, ambos tenían los ojos abiertos junto con sus bocas.
—Cierren la boca o creeré que me desean. –le dije pasando a su lado para ir a ver el partido.
—¡¡EDWARD!! –gritaron al unísono mis amigos.
— ¿Qué? –pregunte confundido por sus gritos.
— ¿Con quién te estás acostando? –preguntó directamente Emmett.
—Con nadie, Tanya aún quiere llegar virgen al matrimonio. ¿Por qué? –pregunté haciéndome el inocente.
—No mientas Edward. Acabamos de ver los rasguños de tu espalda.
¡Maldición! ¿Y ahora qué haré?

19 comentarios:
:)) El rasguño en la espalda..mmm, quisiera..tomar otra cosa de él y quedármelo...esta historia está en verdad genial....
Mmmm que rico, jaja, yo quiero un hermanastro así, que pretexto se inventará ahora Edward?? Espero que en algún momento rompan el trato y lo hagan más de una vez en el dia, hasta ahorita se los ve muy frios, solo sexo y nada más, seguiré leyendo, muy buen capítulo
Lindo xD!
Me encanto lo del 69! Ademas de que me divierte mucho ver Emm como un maldito bravucon con los chicos ñoños xD!
Mi pobre Ed quiere fingir ser inocente, pero bueee... ni como hacerle cuando hay pruebas contundentes.
Besos!
=)) jaajajajaja
me lo esoty pasando genial releeyendo la historia la verdad es que es una de mis favoritas.... sigo leyendo
Como me he reído con Gianna y su "pituca y petaca" xD no recordaba esa parte ...
Meryyyyyyyyyy estos doss se ponen cada vez mas hot y calientess suss encuentrossss..por favor me encanto!! je!!! y ahora que les va a decir que con quien se aacuestaa??!!! este edwardd que tontitoo!! y lo de los chupetes je menos mal que james le dio la solucion por que sino se iba a enfrentar a la ira de belaaaa...bella a toda costa quiere ganar la apuestaaaa...estaban los tres como loquitos con las chicas que le bailaron mas con mariaa je!! son terribles estos tres!! bueno Mery hoy leo hasta aquii..te mando un besoo y un abrazo adios!!! esta historia esta super genial!! me gusta muchisimo este edwardddddd...je!!1 besoss!!
jajaja lo de no saber usar la lavadora me recordo a mi esposo jajaja esa salidita les va a costar, como se van a un sitio asi y se les olvidan sus viejas y de la posicion ni hablar las dos son muy... jeje digamos que uno puede hacer que se cumplan muchos de sus deseos con allas
jajaj recordar es vivir me encanta este capitulo sobre todo cuando descubren los chicos a Edward, :-o oye lo de la cuchara si funciona para los chupones? nunca habia escuchado esa solucion tendre que probarlo en un futuro.
Saludos..... :((
Hay vcs que se intentan cosas nuevas y sobretodo on personas bastante cercanas como Edy.. Mmmm me encanta tu edy pervertido.. ¡Quiero uno asi! Me encanta Merý
mmm...cucharita, me encanta este capitulo, pero espero que lleguen a hacerlo con mas amor
que buena historia
muy bueno! jaja q hombre no ha ido a uno de esos sitios... uhmm mi novio jura q el nunca ! pero no le creo jaja
bye..
la sigo leyendo y no me canso de verdad ,,,
:c
jajajajajaajajajaja... Edward cayo en la mentira
opssss
jajajajajajajaja... Dios. ^^ Me ha gustado mucho el fic, gracias Mery =)
Dato curioso: lo de la cuchara... raro, nunca había escuchado que servía para aminorizar chupones. jijijijiji
Un abrazo desde Colombia. Con cariño Kathy :t
:c jajaja.. descubrieron a Edward..!! imagino q no le dira a sus amigos que lo araño un gato.. eso no se lo creeria ni la persona mas inocente del mundo..!! y mujer de donde sacas tanta imaginacion ps se te ocurren cosas buenisimas.. las posiciones de este capi estaban super exitantess jejeje...!!! y yo creo q las chicas se van a enterar de su escapadita de la noche.. espero q castiguen a los chicos.. estoy ansiosa por leer el proximo, tanto q ni tengo sueño..
jajajaja pobre ed lo descubrieron x los rasguños... lo q no me gusto es hallan ido a ese club pero q hombre curioso no lo hacer?
WOW!!!!
Hahahaha!!!
Ya quiero leer el capítulo de María hahahaha!!!! (:
Annelice K.
jajajajaja esta historia cada vez se pone mas interesante!!! I LOVE IT!!!
Recordar lo placentero que es ese número me pone como decirlo decentemente.............algo acalorada jajajaja,bueno muy calie..... es la expresión verdadera,a seguir leyendo.
hoooooooo me gusta :a
isabella123456
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